Lo subhumano. A propósito de la "disculpa" de El Nacional

La deshonestidad más abyecta y depravada, es la deshonestidad intelectual. Especialmente si quien la practica está dotado de poder real. A través de un proceso mental de férrea lógica y manipulación de los valores, se puede perfectamente llegar a concluir que podemos prescindir del adversario, anulándolo como persona, destruyendo su conciencia y autoestima, hasta lograr reducirlo a la categoría de subhumano.

Al igualarlo a los animales y a la bazofia, el intelectual manipulador, consigue algo más que humillar y ofender: expone a la víctima, en forma directa, a la violencia de sus otros congéneres, al haberla despojado (o al haber ayudado a otros) de su condición humana. Los insultos, los abusos, los excesos, constituyen la fase inicial; luego de la cual, los golpes, la violación, e inclusive el asesinato, representan la consecuencia inevitable de una estrategia (consciente o no) de intolerancia y fijación viciosa, hacia el contrario y los valores que él representa.

Por medio de un mecanismo de falso pudor, debido a la vivencia continua del fracaso, que conduce invariablemente a la frustración, al no lograr la trascendencia que aspira; el intelectual manipulador, se dota y acoraza de una visible incapacidad de rectificación, autoestudio y análisis desprejuiciado de la realidad. Esa incapacidad de enmendar, de humildad intelectual, conduce una vez más, y con mayor ahínco, en una espiral sin fin, a una mayor violencia de las ideas y de las palabras; que indefectiblemente afectarán e influirán en masas a las cuales se les ha sembrado odio y resentimiento, cuyo objeto del deseo son ciertos estratos y grupos sociales marginados. Ese es el verdadero fascismo.

Señor Miguel Henrique Otero, Director-Editor del Diario "El Nacional": luego de analizar sus palabras y de su accionar, que se reflejan claramente en los Editoriales de los últimos tiempos del Diario que dirige, especialmente de aquel del día lunes 14 de octubre del presente año, en donde nos llamó lumpen, siento verdadero temor por mi vida, por mi mujer, por mis hijos pequeños, y por mi entorno. La carga de desprecio y odio, fruto de una intelectualidad estéril, donde un morbo culpable sustituyó a la imaginación fecunda; incitan en forma directa, abierta, explícita, despiadada, implacable, inmisericorde, a violar, matar, destruir, aniquilar y asesinar a los míos, como subhumanos en los cuales nos ha convertido, a través de la pontificación de una verdad, que al parecer sólo un grupo elite tiene el privilegio de acceder. Como no puedo apelar a su conciencia, al menos dejo constancia, ante el futuro y ante la historia, de su responsabilidad moral en la destrucción de éste país.

Su “rectificación” cuatro días después, no logran convencerme. ¿Puedo acaso olvidar el Editorial insurreccional del 13 de abril, y de los días anteriores y posteriores, donde nos expuso a la violencia y al oprobio por parte de grupos extremistas opositores, llamando, por ejemplo, al Presidente “truhán”, asociando a sus seguidores, sin prueba alguna, con los homicidios del 11-A?. Un cinismo atroz emerge lamentablemente de sus palabras.

Juan Carlos Villegas Febres, PhD Profesor de la Universidad de Los Andes


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Juan Carlos Villegas Febres, PhD


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