Cuando la Moral Médica se Aburguesa

De entrada, observemos que en los centros hospitalarios venezolanos, tanto privados como “públicos”, resulta una verdadera extrañeza encontrarnos con, pongamos por caso, carteleras que sirvan de enseñanza profiláctica dirigida a los numerosos pacientes que por ellos deambulan y pululan diaria y nocturnalmente. Hablo de las clínicas que me ha tocado visitar.

En ninguna parte de aquellas tropezamos con “insalivarlos”, ni con dispensadores de toallas desechables ni gratis ni onerosas para que esos pacientes y acompañantes literalmente eviten escupirles en las caras a otros de ellos mismos. A lo sumo ofrecen revistas publicitarias “gratis” de la farmacopea contratante, además de volantes propagandísticos de seguros de vida y afines, y una que otra publicidad de medicamentos en promoción comercial o de muy baja demanda.

Le buscamos y hallamos una causa netamente mercantil capitalista a esa contradicción médica. Trataríase de un personal médico mayoritariamente metido a empresario de la Medicina, de médicos metidos a exquisitos artesanos. Dejamos a salvo las rarísimas excepciones del caso.

Es el servicio médico íntegramente asimilado a una mercancía más dentro del efluvio de ellas que llenan y rellenan los inventarios invendibles de la sobreoferta que no obstante no provocan bajas en sus precios.

Trataríase de una administración fría y calculista que obviamente aplica la norma de oro del régimen burgués. Este principio pregona y aboga por: “vender al mejor (más elevado) precio, y comprar al más bajo precio (salario más menguado).

Trátase de una búsqueda de riqueza de pronta concretación, carente de límite superior para su acumulación. Trátase de un profesional y empresariados de la mercancía medicoasistencial contaminados con el “espíritu” del billete burgués. Ellos, empresarios y médicos contratados, practican este mercadeo como única manera, y no carente de cierta dosis de aparente racionalidad, para así salir de ese “hueco de la pobreza” de donde posiblemente provienen o dentro del cual temen caer si no se aburguesan.

En los centros medicoasistenciales llamados “públicos”, a los cuales debemos acudir sólo si allí contamos con amigos, con paisanos o sobornamos a Fulanos y a Zutanos, se da la misma y paradójica conducta séptica de unos hospitales a los que pareciera interesarles más las epidemias que una ciudad sana, puesto que en esto último obviamente les iría la ruina profesional de sus trabajadores en su rol de tales cuando operen en aquellos centros privados ya aburguesados.

De poco peso resultan los pecaminosos e hipócritas juramentos hipocráticos, por cierto ya bastante desfasados. Poco importa la fulana ética profesional, la cual también se ha mercadeado en esos libérrimos centros de salud de empresarios y en los de un Estado que responde a los mismos e inevitables intereses mercantiles burgueses.

marmac@cantv.net


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Manuel C. Martínez M.


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