Alerta del frente de damas indignadas con todo lo que haga el gobierno

Black is black

Hoy mi inmaculada piel de porcelana, aquella que despertaba admiración y envidias, esa piel genéticamente pura, heredera de la más altiva nobleza, mi piel blanca perlada presenta hoy los síntomas ineludibles de la más profunda indignación: ¡Arrugas!

Es que no hay botox ni cirugía posible para combatir los estragos de la amargura. Yo, que siempre lo tuve todo, y si no lo tenía lo arrebataba. Yo, con esta clase que ni se compra ni se vende. Yo, que al perder el poder en este paisito bananero me refugié en mi green card y desde allí, con mi NED, mi USAID, con mi Georgy y mis halcones, dediqué mis mejores años a la lucha por recuperar aquello que nos fue arrebatado.

Yo, ahora frente a ti, espejito de la pared, me pregunto: ¿Cómo es posible que haya ganado el negro? ¿Por qué se equivocaron los que votaron por él? o pero aún ¿Tendrá algo que ver con este desastre el satélite narco-castro-maletín-comunista-chino lanzado, convenientemente, escasos días antes de la elección?

Satélite o no, las consecuencias de los errores de otros las termina pagando mi cutis y el cirujano lo termino pagando yo.

Yo, que apoyé a McCain y a la Palin. Yo, que recurriendo a mis mejores recursos defendí lo indefendible: el copete anacrónico y petrificado de laca de esa campuruza traída del fin del mundo. Yo, que imité su peinado y su estilo para que todas creyeran que aquello era chic. Yo, que arrastré mi glamour por el suelo para que estos votantes vengan ahora y hagan lo que les da la gana.

¡Que muera el voto popular!

Y es que está probado y comprobado que el voto solo sirve para que la gente decente tenga que asumir los errores del pueblo. Primero fue en mi propio patio: 10 años de errores indignantes llevo sobre mi delicada espalda. Luego en aquel país que poco me importaba hasta que llegó el indio ese. Después Correa, Chicago boy de pacotilla, que por muy clarito que tenga los ojos, se le nota lo autóctono. Y Cristina, tan chic, tan botox y tan traidora a su clase, prefirió besar el suelo que pisa el zambo a tomar el té en Nariño.

Como una gangrena se propagan esta serie de errores populares hasta llegar al mismísimo corazón de mi corazón: La Casa Blanca, que desde enero se llamará La Casa Negra, supongo.

Mis ojos de esmeralda se ensombrecieron al ver cómo en Chicago una multitud impúdicamente multirracial celebraba la debacle del orden y la decencia. La elegancia de McCain quedó en un segundo plano gracias al vestido rojo y negro, véase bien los colores. ¡RO-JO Y NE-GRO! que escogió, con pésimo gusto y toda la mala intensión, la nueva primera dama, que por cierto, seguramente pasará todo el periodo presidencial luchando por no ser confundida con la servidumbre. Ese será su justo castigo.

Y a las niñas bien que lloraban de felicidad en Chicago, a todos aquellos que, traicionando la moral y las buenas costumbres, cedieron el poder a un negro llamado Hussein, a ellos debemos agradecerles, desde este oprimido pedacito de su patio trasero, la postergación, al menos por cuatro años más, de la tan anhelada llegada de la IV Flota, y recuperación de la dignidad de esta tierra por la que hemos estado trabajando con ahínco la gente decente de este país.

Mi único consuelo en estos días desconsolados, es que sé, porque ya lo viví, que su alegría se tornará en angustia, que su esperanza en indignación, tal como sucedió con todos aquellos que hace diez años, ignorando el sentido común, votaron por un zambo y ya saben lo que les pasó.

Sus arrugas serán mi mayor venganza.

Atentamente,

Marifer Popof

Presidenta del frente de damas indignadas con todo lo que haga el gobierno.


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Carola Chávez

Periodista y escritora. Autora del libro "Qué pena con ese señor" y co-editora del suplemento comico-politico "El Especulador Precóz". carolachavez.wordpress.com

 tongorocho@gmail.com      @tongorocho

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