Los zancos de Vivanco

El expulsado de la patria de Bolívar, José Miguel Vivanco, director de la organización paraimperial Human Right Watch, forma parte de la gran maquinaria cosmética del imperio. Pero su rol no se queda en el maquillaje. También hace la cama propagandística a las conspiraciones contra los gobiernos progresistas del planeta.

No es casual que este sujeto justificara la acción conspirativa de los medios venezolanos en el nefasto año 2002. Entonces declaró que “los medios de comunicación en Venezuela no tienen obligación jurídica de ser imparciales. Si los medios desean asumir el papel de la oposición en Venezuela lo pueden hacer perfectamente”.

Habían pasado apenas tres meses del golpe del 11-A cuando Vivanco lanzó ese apoyo a la conspiración mediática. Y lo hacía justo cuando se estaba preparando el criminal sabotaje petrolero que estallaría en diciembre de 2002. El caballero estaba al tanto del zarpazo que se tramaba contra el pueblo venezolano.

La organización de Vivanco fue fundada en 1978. Recibe financiamiento del Departamento de Estado a través de la NED, una fachada de la CIA lanzada bajo el gobierno de Reagan en 1982; al igual que de la USAID, la agencia conspirativa de EEUU que acaba de ser expulsada de Bolivia por Evo Morales, antes de que la misma expulsara a Evo.

Otro de los tantos financista de HRW y Vivanco es el multimillonario Soros, un ultraderechista cuyos medios de comunicación (entre éstos la cadena Fox) mantienen una campaña permanente contra Venezuela y el presidente Chávez. La muerte de nuestro jefe de Estado se pide en sus noticieros con la tranquilidad de una nota de farándula o sucesos.

Vivanco se inicia en la vida pública sirviendo a la dictadura de Pinochet. Con ese funesto antecedente en su prontuario, no tiene empacho para hablar de derechos humanos. Luego trabajaría en el programa “Choque de Opiniones”, de CNN, otra cadena paraimperial que mantiene una sostenida campaña contra Venezuela y su gobierno. Su compañero en ese programa era el furibundo anticastrista Otto Reich, hombre del Departamento de Estado, lobbista, conspirador y director de la NED, agencia que financia al Human Rigths Watch de Vivanco. O sea, estos angelitos se despachan y se dan el vuelto.

Vivanco y su organización paraimperialista están perfectamente sincronizados con la contra criolla. El personaje siempre visita Venezuela en momentos oportunos: los días próximos a unas elecciones o cuando se teje una conspiración contra la revolución bolivariana. Los gringos ni se preocupan en disimular.

Las últimas semanas (en estos últimos meses de Bush) la campaña contra Venezuela ha sido descarada y abierta: Venezuela no colabora en la lucha antidrogas. Venezuela es el país de mayor tránsito de estupefacientes. Altos funcionarios venezolanos son contactos de la FARC y el narcotráfico. Venezuela no combate la trata de blancas. Venezuela en la lista de países que impiden la libertad religiosa. Venezuela... etcétera.

Más acá del etcétera, agregue la reciclada computadora de Reyes y el inagotable maletín de Antonini. En este contexto de apabullante agresión mediática, aparece el Chapulín Colorado de Human Rigths Watch, chillando que no contaban con su astucia. Tampoco contaba él con que la paciencia de los venezolanos había llegado a su límite. Lo vino a saber cuando, a miles de pies de altura, volaba rumbo a Sao Paulo, un viaje para el que había acumulado suficientes méritos con calculada tenacidad...


Esta nota ha sido leída aproximadamente 2394 veces.



Earle Herrera

Profesor de Comunicación Social en la UCV y diputado a la Asamblea Nacional por el PSUV. Destacado como cuentista y poeta. Galardonado en cuatro ocasiones con el Premio Nacional de Periodismo, así como el Premio Municipal de Literatura del Distrito Federal (mención Poesía) y el Premio Conac de Narrativa. Conductor del programa de TV "El Kisoco Veráz".

 earlejh@hotmail.com

Visite el perfil de Earle Herrera para ver el listado de todos sus artículos en Aporrea.


Noticias Recientes:

Comparte en las redes sociales


Síguenos en Facebook y Twitter



Earle Herrera

Earle Herrera

Más artículos de este autor