¿Nazi fascismo en nombre de la Revolución Bolivariana?

Decía el Che Guevara en 1960 que “la revolución no es como pretenden algunos, una estandarizadora de la voluntad colectiva de la iniciativa colectiva, sino todo lo contrario, es una liberadora de la capacidad individual del hombre”. Esto pasa por comprender qué significa exactamente la unidad en la diversidad y no como algunos chavistas (unos en el poder y otros trepando por alcanzarlo) lo interpretan a su modo: un sometimiento total, sin que existan argumentos racionales y, menos, revolucionarios para aceptarlo convincentemente. Tal cosa no es nada nuevo en el desarrollo del proceso revolucionario bolivariano, pero tiende a agudizarse en la fase actual con la conformación del PSUV y las fustigaciones públicas hechas por Hugo Chávez en contra de quienes desacatan su llamado a desintegrar sus organizaciones políticas e integrarse en uno bajo su autoridad. Esto ha supuesto también una confrontación política que –hasta ahora- no trasciende el plano ideológico, lo cual resultaría interesante si estimamos que el debate en este sentido se mantiene ausente y/o marginado en las filas chavistas, limitado mayormente a individualidades y grupos revolucionarios con una escasa o focalizada resonancia en el ámbito nacional.

Sin embargo, la reacción de algunos ex militantes del PSUV, denunciando a veces públicamente los mecanismos y comportamientos antidemocráticos y contrarrevolucionarios observados en este partido político (muchos, provenientes del extinto Movimiento V República, el cual, por cierto, jamás se caracterizó por su amplitud ni por su ideología aparentemente socialista y sí por su marcado sectarismo y hegemonismo), demuestra a las claras que existe en marcha una especie de corriente afín al nazi-fascismo, la cual pretende ahogar todo intento por hacer de la democracia participativa y protagónica una realidad cotidiana entre el pueblo venezolano, azuzada inconscientemente o no por el mismo Chávez; cuestión que lo deja muy mal parado ante sus seguidores y alimenta la propaganda tendenciosa opositora que lo presenta como autoritario, personalista y dictador.

Esto recuerda mucho el planteamiento “ideológico post-democrático” del argentino Norberto Ceresole, relacionado con Chávez en un primer momento, para quien debía establecerse una relación caudillo-masas única, sin intermediarios, diferenciado del «modelo democrático» (tanto liberal como neo-liberal) y del «socialismo real», en donde ni la «ideología» ni el «partido» juegan roles dogmáticos, ni siquiera significativos. Para Ceresole, “liberales (y neoliberales) y marxistas de todo tipo buscarán atacar al modelo venezolano -simultánea o alternativamente”, siendo ambos bandos calificados de contrarrevolucionarios, algo que podría iluminar parte de lo que acontece en el caso del PSUV y su confrontación actual con los demás factores políticos aliados del proceso revolucionario bolivariano a propósito de las elecciones regionales de noviembre próximo. Si ello es así, hay -evidentemente- una situación que generará, a la larga, conflictos durante los cuales la correlación de fuerzas pudiera acendrar o disminuir el alcance de este novedoso proceso político en nombre del socialismo del siglo XXI.

Hasta ahora el zigzag ideológico del proceso revolucionario bolivariano ha derivado en una autosuficiencia personalista y reformista que abortaría cualquier avance realmente revolucionario, incompatible con lo que pudiéramos conceptuar como socialismo, a pesar de los progresos protagonizados por el pueblo en materia de participación política. No obstante, el predominio del Estado conspira enormemente contra esa misma participación y protagonismo popular, haciendo de ello un mero formalismo y una consigna inaplicable. Esto hace que el proceso bolivariano se mantenga indefinible, oscilando entre reforma y revolución por un tiempo que se antoja demasiado largo. De ahí que les corresponda a los revolucionarios definir esta transición decididamente, favoreciendo todas las opciones participativas y socialistas populares en contraposición a la que pudiera oponérseles con un tinte abiertamente fascista.-


mandingacaribe@yahoo.es


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Homar Garcés


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