Después de la expulsion, a constuir un partido socialista y clasista en Brasil

Ayer domingo, recluídos en un hotel de Brasilia, lejos de Sao Paulo, la ciudad obrera que vio nacer al Partido de los Trabajadores, el Directorio Nacional del partido de Lula expulsó a los cuatro parlamentarios de la izquierda del PT. El sector mayoritario de la dirección de la organización -Articulacao- se desembarazó de los "radicales". La senadora Heloisa Helena, y los diputados Babá, Luciana Genro y Joao Fontes, fueron defenestrados al mejor estilo stalinista por ser fieles al programa y a la historia del PT. Partido que nació en la década de los ochenta en el seno del movimiento obrero metalúrgico, al calor de las grandes huelgas que sacudieron a la dictadura militar. De lo que fuera una herramienta clasista de lucha de los trabajadores brasileños en la perspectiva de la construcción del socialismo, ya no queda ni la sombra. Como dijera en una frase lamentable, José Dirceu, encumbrado dirigente nacional del PT: "Si la izquierda no modera sus críticas, va a terminar empujando al gobierno a la derecha". Más bien será a la extrema porque en la derecha hace ya rato que se encuentra. Y esto no es una simple frase, sino un hecho que se consuma cada día con la política neoliberal de Lula, el cual pareciera un tercer gobierno de Fernando Henrique Cardoso.

Un día después de la expulsión de los "radicales", como si fuera un premio al buen comportamiento de su nuevo lacayo, el FMI anunciaba una extensión por 15 meses más y un incremento de 6.600 millones de dólares del crédito de 30.400 millones de dólares aprobado para Brasil en septiembre del pasado año. Y previamente, el pasado sábado, el Banco Mundial aprobaba una "ayuda estratégica" de 7.500 millones de dólares como "respaldo a las propuestas innovadoras" Lula. Así premia el capital financiero los buenos oficios del gobierno frentepopulista de Lula. Desde que asumió el poder, el otrora dirigente metalúrgico ha lanzado un despiadado plan económico neoliberal recibido con beneplácito por los mercados internacionales y la burguesía brasileña, y con rechazo por los trabajadores brasileños, particularmente los empleados públicos que ya fueron a la huelga.

El gobierno de Lula privatizó la Previdencia (Previsión Social), aumentó el porcentaje del PBI para cumplir con los compromisos de la deuda, bajando el presupuesto social en un 30%. En lugar de los 10 millones de nuevos empleos prometidos, este año hay 500.000 nuevos desempleados; los salarios pierden participación en el PIB y tuvieron una caída real de 16%, mientras tanto, se preparan nuevas reformas como la sindical y del trabajo, la universitaria y la autonomía del Banco Central, todas exigencias del FMI y el Banco Mundial.

El curso del gobierno de Lula, recibido con entusiasmo y gran expectativa por los trabajadores y el pueblo carioca, así como por los pueblos de América Latina, hace ya tiempo era previsible. Progresivamente, en la medida en que el PT se institucionalizaba convirtiéndose en gobierno en muchos Estados y alcaldías, los métodos democráticos y clasistas comenzaron a ceder su espacio a las negociaciones y acuerdos con partidos y dirigentes burgueses a espaldas de las bases. Las artimañas electoreras y la rutina pragmática del parlamentarismo se encumbraron por sobre la lucha consecuente al lado de los trabajadores. La oposición frontal al pago de la deuda y contra el ALCA dio paso a una política más "realista" acorde con los intereses de la burguesía y el imperialismo.

La expulsión de los "radicales" no se queda allí. Miles de activistas petistas comienzan a romper con el partido y en su afán de lucha comienzan a plantearse la necesidad de construir un nuevo partido de izquierda socialista y clasista. En Brasil está abierta la posibilidad de que se produzcan grandes luchas obreras, campesinas y populares. En la medida que el gobierno Lula profundice su viraje a la derecha, los trabajadores y el pueblo brasileño harán su experiencia con este gobierno y progresivamente irán sacando sus conclusiones. Las posibilidades de construir un gran partido de masas socialista y revolucionario están a la hora del día.

Desde Opción de Izquierda Revolucionaria (OIR) le damos todo nuestro respaldo y apoyo internacionalista a los dirigentes petistas expulsados, y los aupamos en la tarea de construir una herramienta política de lucha y de independencia de clase para los trabajadores brasileños.

miguelaha2003@yahoo.com


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Miguel Angel Hernández Arvelo. Opción de Izquierda Revolucionaria (OIR)

Profesor de Historia en la UCV y miembro del comité impulsor del Partido Revolución y Socialismo. Como marxista, Hernández aboga por el definitivo rompimiento con el capitalismo en Venezuela y por la construcción del socialismo.


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