El Discreto “Encanto” de la Oligarquía Cultural (Parte III)


“Paciencia, paciencia
si te tiras al abismo,
no pidas clemencia”
Rap: Grupo Manicomio


Asesores neoliberales y Gente de la Cultura

Desde aquella llamada moribunda constitución de
1961, que colocaba una camisa de fuerza a la acción cultural, que jamás
recibió cuestionamientos por la elite intelectual, para entonces ya
atornillada y mediatizada, primero en el INCIBA y luego en el CONAC, hasta
la Constitución de la República Bolivariana de 1999, que proporcionó, desde
el punto de vista ético-político, el salto cualitativo, al considerar a la
cultura como un bien irrenunciable, sin duda hay un largo trecho, un cambio
de concepción del mundo, un abismo.

Sin embargo, los intelectuales de la oligarquía
cultural, pecaron de miopes, ocultaron y siguen en su “comedia de las
equivocaciones”, para solapar la verdad sistemáticamente. Aparecen en las
páginas dominicales alimentando el pozo sin fondo de la maquinaria de las
falacias mediaticas. Son los nuevos sofistas, en el sentido de Conford,
recordemos La Filosofía no escrita.

Ayer asesores del paradigma del puntofijismo,
anclados en las comisiones del extinto Congreso Nacional, consultores de
organismos multilaterales, apologistas e ideólogos, escritores convertidos
en publicistas, creadores que postergaron sus preocupaciones existenciales
por el dudoso prestigio del aparato del mecenazgo, profesores ahogados en el
mar de estadísticas del consumo cultural, intelectuales aterrorizados por el
paisaje marginal de la exclusión social, renegando su pasado comunista, amen
de articulistas y prologistas a destajo, mercenarios de las letras,
traficantes de apellidos otros subgéneros y karmas, algunos derivados de los
clanes y pactos de sangre, surgidos de los sórdidos concursos de las
Universidades.

Toda esa fauna variopinta, autodenominada Gente de
la Cultura, ve dispersarse su carácter Inn, que descubrió la calle al son
de las bailoterapias televisadas, hoy avergonzada en secreto, entre close Up
de cuñas truculentas que revelan su propio desarraigo, el descubrimiento de
un corazón vacío, sin pueblo, una hibridación cultural jamás aceptada, elite
anclada en el neofascismo de los medios, la producción simbólica, y la
gerencia neoliberal. La oligarquía cultural brindó con Whisky 18 años el
interinato golpista, y ahora como “les cambiaron la tónica quieren cantar en
falsete” -como dice el amigo Marco Aurelio-.

La Gente Cultura, tienen como visión una única
premisa: restarle importancia a ese cambio de paradigma que generó la carta
magna de 1999, menospreciar la movilización sin precedentes que devino, en
el pueblo soberano, con el verdadero nacimiento de la democracia
participativa y protagónica, hasta también el ignorar y opacar, esa
elevación de status internacional, que incorporó a Venezuela, con el
gobierno de Hugo Chavez Frías, a lo que García Pelayo categorizó como las
Culturas del Libro y a lo que en Alemania, en el Foro Internacional del Club
de Roma (Dialogo Global-Expo 2000 Hannover) al referirse, a la Constitución
de la República Bolivariana de Venezuela, a los Derechos de los Pueblos
Indígenas, lo caracterizaron como un nuevo capítulo de la Declaración de los
Derechos Universales del Hombre.

Por otra parte, mas que asombro, es la perplejidad que deviene
cuando leemos algunas posiciones de investigadores de la comunicación como
Carlos Guzmán Cárdenas,(¿El fin del paradigma cultural dominante o una nueva
pero agotada política cultural? Primeras Ideas: 2002) en sus reflexiones
retrospectivas del proceso cultural de Venezuela, desde 1960 hasta el
presente insiste en descatar: “cambios”, “innovaciones organizacionales”,”
reformulaciones”,” retrocesos” y hasta “asimetrías”.

Sostenemos que no se puede hablar de desarrollo cultural, sino
de crecimiento, en el período del puntofijismo, y en que en la actualidad,
todo cambio o re-ingenieria, pasa por conectar a la cultura con el cambio de
estructura general y el universo de transformaciones generadas por la
sociedad en su conjunto, por otra parte, considerando como parte del proceso
revolucionario, conglomerado que tiene como ethos o destino, en el contexto
actual, en lo político, económico, social, territorial e internacional, la
superación de la crisis socio-política, mediante el equilibrio y la
participación.

Este análisis, de Guzmán Cárdenas, donde con sospechosa
inocencia, se peca de excesivo relativismo y funcionalismo, se cae en la
trampa o se construye una entelequia justificadora, para obviar las causas
profundas, que jamás han cambiado como móviles en el panorama cultural: la
inequidad en la distribución del presupuesto cultural, la polarización y
concentración en la generación de producción cultural en áreas de las Bellas
Artes, la escasa participación contralora de las comunidades, la ausencia de
una valoración de la apropiación social de lo público, como praxis de los
ciudadanos.

El escritor Antonio López Ortega, (La Oferta Cultural.
Arte al Dia-News Venezuela: Septiembre 2003 ) separa la oferta pública de la
demanda social, dejando caer el peso del esfuerzo creativo en el aparato
institucional occidental, lo que denomina "criaturas institucionales", sin
percatarse, que es también tarea del Estado, fomentar desde la base social,
la contraloría social, al mismo tiempo proporcionar las condiciones
objetivas para el desarrollo de la red de circulación social, que tiene
muchos años de resistencia ajena a los esfuerzo de ese “dispositivo
institucional cultural”, amen de los aparatos de la oligarquía cultural
amparados bajo la figura, post-Espinoza y temblorosa del mecenazgo.

Las tesis de Tulio Hernández, (Industrias Culturales y
Globalización: Conferencia, Abril 2003) que al plantearse la relación
inevitable entre cultura y mercado, en el contexto de la globalización
avasallante, asume las industrias culturales y su momento histórico como un
dato fijo, considera erróneamente como extemporáneas e inconvenientes
aquellas posiciones de la UNESCO, a nuestra manera de ver significativas que
protegen las redes originarias del patrimonio inmemorial, la diversidad
cultural, las manifestaciones de lo tradicional y popular, sin percatarse
Hernández que justifica y obvia, la creciente colonización del imaginario
mundial, el neocolonialismo ideológico y el terrorismo mediatico.

Una desventura, y descrédito intelectual, resultan
esas posiciones, de estos asesores neoliberales, que al insistir en ocultar
el paisaje del quehacer espiritual nacional, se refugian mediante el uso de
tecnicismos sociológicos, carentes de toda posición ética, donde pareciera
que el apego a la jerga de una gerencia estratégica desactualizada, impide
el acercamiento al objeto, así sea de manera parcial, recordando a Michel
Lowy. Un discurso vacío, que no da cuenta de las causas de esa inequidad que
aun persiste en esta esfera de la sociedad venezolana y en el contexto de
las sociedades altamente desarrolladas.

Algunas soluciones

Finalmente, se trata de entender que la solución comienza por
una parte, desde la toma de conciencia social, al comprender que el proceso
cultural venezolano, describe un problema que históricamente ha sido
caracterizado por fuertes desequilibrios en la producción, circulación,
consumo de bienes, servicios y con ausencia en la creación de valores,
considerado como capital social, tiene un ciclo completo, su reproducción
ampliada de valores culturales.

Históricamente, ha quedado demostrado, que con el
puntofijismo, se acentúo estructural y funcionalmente, el protagonismo de la
oligarquía cultural, se eternizó un modelo político institucional, un
sistema de valores, creencias y aptitudes, un paradigma cultural, que se
reprodujo en condiciones de escasa cobertura y el detrimento del acceso a la
cultura por parte de las mayorias.

Las estrategias para el cambio de rumbo del campo cultural,
no son de orden financiero solamente, si de diseño de un programa
estratégico integral, cuyas líneas se buscaría alcanzar: la justicia social,
la eliminación progresiva de la exclusión, la disminución de las inequidades
en lo cultural, el mejoramiento de la calidad de vida, la estabilización de
las fuentes de ingreso parafiscal, la elaboración de una legislación, la
concepción ministerio con un fondo autónomo que brinde derechos y garantías
a ese espacio social, tan fundamental para alcanzar el verdadero desarrollo
integral del país.

La solución pasa, entonces por fortalecer, mas allá de
la masificación, profundizar la participación y la democracia, mediante la
articulación de un proceso constituyente, basado en el desarrollo de redes
sociales, promoción de organizaciones de base y estímulo de una comunidad
contralora, para fomentar una corresponsabilidad ciudadana, a todos los
niveles de la vida nacional.


(*) Filosofo y Músico
j.lopezmujica@laposte.net
jlmven@hotmail.com






























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Joaquín López Mujica (*)

Filósofo, escritor y diplomático

 j.lopezmujica@laposte.net

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