Altagracia de Orituco

"Vamos para el pueblo más famoso de Venezuela", dijo mi hija entre orgullosa y burlona el sábado pasado cuando nos dirigíamos a Altagracia de Orituco. Maria victoria, que así se llama mi hija, le tiene otro remoquete al llamarlo "el pueblito abandonado". Altagracia pues, pueblo de excesos incluyendo el talento de sus hijos, exhibe una ristra de problemas. Altagracia, dice mi hermana, es como una mujer que se arruga sin echarse una cremita, una pinturita. Sobrevive a la desidia como puede: los espacios en los que funcionaban sus cines dieron paso a fruterías y peluquerías, sus calles son un rosario de huecos. Los árboles de su plaza Bolívar y el Bolívar "mesmo" son carcomidos por la indiferencia. La actividad cultural no se observa ni se siente. El hospital tiene la misma inexistencia de insumos de siempre, a los que se le agrega ahora la escasez de médicos especialistas que ya no quieren trabajar en Venezuela.

Y es que a las noticias de desabastecimiento, al triunfo de los tigres de Aragua, a la liberación de secuestrados en manos e las FARC, al frío en Caracas, a la inflación, al triunfo de lo muchachos y muchachas en voleibol y a la puja de Santana con los Mets se le agregó el espectacular atraco a un banco con toma de rehenes en Altagracia de Orituco.

Altagracia de Orituco, está ubicada en Guárico, en los límites con el estado Miranda. Ciento cincuenta y seis kilómetros lo separan de Caracas, donde hemos venido a parar buena parte de sus habitantes, pues el valle gracitano no se caracteriza precisamente por producir empleos.

No produce empleos pero si beatas y el año pasado, como fue público y notorio, el Papa le dio ese título a la Madre Candelaria, monja que se le coló por los palos a José Gregorio Hernández.

Pero la "gracia" concedida por El Vaticano no fue suficiente para que Altagracia traspasara fronteras nacionales. Un atraco a un banco que devino en el secuestro de una cincuentena de personas puso al pueblo en los noticiarios del planeta. "Vaya forma de saber que aun puede llover sobre mojado".

El "suceso" inmediatamente detonó las granadas del sensacionalismo, y por varias horas los medios de comunicación se dieron banquete. El periodismo serio brilló por su ausencia. Lo que los gracitanos esperamos es que detonen otras ideas y nuevos bríos en los valles del Orituco.

*Periodista

mechacin@gmail.com


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Mercedes Chacín*


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