Castillo Lara en el Juicio Final

Claro, tenía que llegarle su día. A todos nos llegará, y tendremos que entregar nuestras cuentas, algunas muy gordas o ligeras según lo que nos ha tocado cumplir. Esta cúpula eclesiástica va formando una cola de inocentes pecadores, algunos de los cuales violentando las afirmaciones de Juan Pablo II, ya no tienen por qué estremecerse ante la quinta paila. Hasta la última hora, al igual que el cardenal Ignacio Velasco estuvo Castillo Lara dándole a la lengua contra el pueblo venezolano, de la manera más politizada, más burda y violenta. Unido a los acusados de asesinar al Fiscal Danilo Anderson, no le importaba reunirse con ellos y desafiar las normas más sagradas de su propio oficio. Participó en el golpe del 11 de abril de 2002 y le pareció de maravilla lo que hicieron los cuatro canales del Apocalipsis, y la condición de hombre casa y de su casa de Pedro Carmonoa Estanca le pareció perfecta para que ocupar la primera magistratura.

Durante el paro fue un delirante incitador a la violencia. Había que resistir hasta que algún cuartel se rebelara. Purpurado se paseaba por todos los medios de comunicación llamando a derrocar al Presidente Chávez. Pero él estaba supremamente convencido, digo, de lo que el Papa Juan Pablo II sostuvo: “El Infierno no existe”, y como no existe, pues adelante con los faroles y no nos detengamos en ninguna clase de pruritos morales o espirituales para intentar acabar con este gobierno. Y así lo hizo hasta pocas semanas antes de morir.

En su caso, sí fue cierto lo de que el hábito hace al monje. No se despojó nunca de su hábito para hacer política de partidos. Hoy El Nacional habla en su mancheta de “Un Castillo de fortaleza”, Globovisión le llora y pasa con frecuencia un micro sobre su ejemplar vida, un dechado de virtudes; RCTV lo considera uno más de su casa, y todo un bastión en su desgarrada batalla para no salir del aire; CNN lo coloca por las nubes como un hombre sereno y justo. Es decir, todo un personaje mediático clave en toda esta lucha que se ha venido escenificando desde 1998. Se desgarró su garganta don Rosalio invocando el artículo 350 de la Constitución, que llama a la desobediencia civil. Cuando encontraron a los paramilitares en la finca Daktari, el alto prelado lo consideró un burdo jueguito del gobierno.

Hoy la reseña que sobre su muerte trae El Nacional, nos recuerda: “El presidente Chávez tuvo la desdicha de que el cardenal Castillo Lara se retirara de la Gobernación del Vaticano y regresara al país, justo cuando él llegaba a la vida política como candidato presidencial, porque desde siempre fue crítico de su gestión. Hasta hace apenas seis meses, durante una de sus últimas intervenciones públicas, en la misa en conmemoración de los caídos el 11 de abril de 2002, calificó al gobierno como un "mal que hay que combatir". Ayer falleció, a los 85 años de edad, luego de varias semanas de convalecencia, el cardenal que alzó la voz de la Iglesia Católica en los momentos políticos más conflictivos del país. En las marchas del Comando Nacional de la Resistencia hubo militantes de la oposición que, con pitos y banderas, también blandieron pancartas en defensa del cardenal que recibía la revancha de insultos del Presidente.

Castillo Lara en la vida se rió de muchas cosas, sobre todo de las acusaciones que hizo Geovanni Vásquez, el testigo clave del Ministerio Público en el caso de Danilo Anderson, quien aseguró haber visto a un "anciano, de aproximadamente 70 años de edad, quizás de apellido Lara, a quien le colgaba en el pecho un crucifijo", en la supuesta reunión en Panamá donde se planificó el asesinato del fiscal.

Agrega en su información El Nacional: “Hace casi dos años, al final de la misa de la Divina Pastora, las palabras de Castillo Lara hicieron levantar al alcalde de Iribarren, Héctor Falcón, y a su tren ejecutivo, cuando pidió a Dios y a la Virgen que salvaran a Venezuela de una persona que ejerce el poder de forma "arbitraria y despóticamente, no para procurar el mayor bien de la nación sino para un torcido y anacrónico proyecto político: el de implementar en Venezuela un régimen desastroso, anacrónico como el que han aplicado en Cuba".

Se ha ido pues, don Rosalio, luego de ocho años de intensísima lucha por su parte por tratar de que volviéramos al pasado. Para él la vida que aquí llevábamos, fuese con Betancourt, Leoni, Caldera, Lusinchi, CAP o Luis Herrera era sublime, grandiosa, plena de libertades y de justicia republicana. Don Rosalio no creía en elecciones populares, no creía en las misiones, no creyó jamás en la Constitución Bolivariana. El tenía la fórmula de la perfecta salvación de todos nosotros, y se ha ido, llevándosela para siempre. Ahora se encuentra ante el tribunal de la historia, ya que el Infierno no existe. Así es, señores.

jrodri@ula.ve


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José Sant Roz

Director de Ensartaos.com.ve. Profesor de matemáticas en la Universidad de Los Andes (ULA). autor de más de veinte libros sobre política e historia.

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