Cuentos que matan

Sala de Emergencia

Ernesto trabaja para una empresa de repuestos importados. La vaina no está buena, según declara a vox populi su patrón y no hay dólares para traer repuestos del norte. Ernesto se arrecha por dentro. Sabe que los dólares de la cuenta patronal, enriquecen su cuenta en bolívares para comprar otros dólares y revenderlos nuevamente. ¿Así, cómo coño van a comprar repuestos? Pero, esto se queda en el alma de Ernesto. No habla, no discute, prefiere hacerse el pendejo y no perder el empleo. Tiene un buen sueldo, aunque las comisiones por venta le afectaron los ingresos. Un seguro de hospitalización para su familia, asegurado el carro, apartamento por pagar ¿Para que arriesgar su tranquilidad? Chávez encarna lo que él soñó alguna vez, pero su patrón no acepta chavistas en la empresa y es una guevonada declarar sus emociones…

Ayer su hijo se enfermó. Si le preguntan por que, le echaría la culpa a esa mariquera de ser condescendiente con el muchacho. Cinco maltas, tres helados de pistacho, cuatro Doritos, tres tortas tres leches y cuatro Cocacolas le fulminaron el estómago y la vaina que comenzó con un vómito matutino, pasó a ser una diarrea fétida que inundó el apartamento, el carro, el vecindario y la Clínica Avila, cuando no quedó más remedio que llevarlo a emergencia… El seguro cubriría este peo, además ¿Para que carajo le descontaban esa vaina del sueldo?...

300.000 Bolívares es la fianza por entrar en emergencia pediátrica… ¡Coño, si ni siquiera lo han revisado! – fue su respuesta. Pero, que más quedaba. El seguro pagaba. Liliana, su esposa, entró con el carajito en un pequeño cubículo con cunas que parecen unas jaulas miniaturas. Ernesto, afuera, enseñando tarjeta, papeles, sellos y cabronerías del seguro. La señora de la caja desmenuzando la información y apurando el ingreso con llamadas oportunas. Espere un momento… Puede sentarse y esperar – sonrisa estereotipada y halagadora promesa de tener todo controlado… Ernesto, en la sala de espera, trató de calmarse viendo el televisor que sintonizaba Globovisión… Noticias, propaganda para la marcha del 20 (¡ahora si se va, nojoda!); comienza Aló Ciudadano y de vaina no aplaudieron los presentes. Ernesto odia a este Leopoldo Castillo; odia su peinado engominado; odia su lenguaje enrevesado, sus gritos histéricos y el insulto cotidiano. Pero, hay que callarse… y hasta sonreír cuando el cabrón echa uno de sus chistecitos contra Chávez. Ernesto dejó de fumar hace tres meses, pero la enfermedad del carajito, los trescientos mil bolos y Leopoldo Castillo, le obligan a salir y buscar una panadería para comprar cigarrillos… (Y pensar que ese coño e’ madre va a hablar paja durante tres horas… Ahora si la cagué) Piensa Ernesto cuando abre la cajetilla y se lleva el cigarrillo a los labios. Tiene que elegir entre el calor del estacionamiento y el frío de la sala de espera. Prefiere fumarse otro cigarrillo afuera y no calarse al mata cura en el frío. Liliana sale de emergencia y lo ve afuera fumando… Papi ¿No habías dejado de fumar? – pregunta indecente que provoca respuestas inciertas… ¡No me jodas, Lily! ¿Quién no va a fumar con el guevón ese hablando mierda? – Liliana, comprensiva, prefiere el vómito y el olor a mierda del carajito que discutirle el vicio a Ernesto. Se va de nuevo y deja a Ernesto prendiendo su tercer cigarrillo. Ernesto tiene calor y regresa a la sala de espera. Leopoldo Castillo lo taladra con sus grititos orgásmicos. Ernesto no soporta la vaina y la mano regresa al bolsillo de la camisa para sacar otro cigarrillo. Que arrechera… ¿A quien se le ocurre poner Globovisión en una sala de emergencia? – le sale en voz alta y el vigilante sonríe. Una vieja con un collar de perlas se asombra por su comentario y de inmediato lo atraviesa con una mirada asesina. Ernesto sale nuevamente para encender el cigarrillo. Mientras aspira el cigarrillo, siente el mareo que proporcionan estar tres meses sin fumar… Animal Planet, Cartoon Network, vainas así es que deberían poner en esta mierda – sigue hablando en voz alta y el vigilante que se aleja para no verse comprometido en esa conversación. ¡Coño! Si no quieren poner Venezolana de Televisión, esta bien… Pero busquen una vaina relajante… El séptimo cigarrillo lo toma desprevenido y Liliana sale de nuevo a decirle que el carajito está en observación; que hay que esperar cuatro horas más o menos… ¡Verga Lily! ¿Y me tengo que calar al vergajo ese completico? – Liliana le pide que se tranquilice; que se quede afuera… ¡No me jodas, Lily! – de nuevo su respuesta y Liliana que prefiere otra vez las inmundicias de una diarrea por exceso de comprensión.

Se despide Leopoldo Castillo y Ernesto cree en milagros (¡Por fin, coño!). Se acomoda en una de esas sillas incómodas que están hechas para que duela el culo, se paren y cedan el puesto a otro preocupado por la salud de alguien. Pero, los milagros son escasos y Globovisión no los regala en estos tiempos de guerra. Ahora es Grado 33… ¡Verga, otra mierda más! – Ernesto sale seguido por veinte miradas asesinas y un comentario que no logró definir. Cigarrillo número quince y las ganas de comprar otra cajetilla. Liliana, ni siquiera llegó a salir. Se devuelve con solo ver la cara descompuesta de Ernesto. El olor a mierda ya no envuelve al carajito y prefiere hablar de cualquier cosa con la enfermera.

Ernesto lleva dos viajes a la panadería, cuatro marroncitos oscuros, caja y media de cigarrillos, la noche que se hace extensa y las ganas de llegar a casa a dormir. Hay que madrugar y la única forma de no encontrar al patrón hablando paja del gobierno, es recogiendo los pedidos temprano para salir a visitar los clientes. Hoy ya ha tenido una sobredosis de estupidez y… ¡coño e’ la madre! Volvi a fumar como un guevón… Sale Liliana, todo está listo y Ernesto va a la caja pidiéndole a Dios que lo entretenga con otra vaina que no sea Globovisión… Un frasco de Pedialyte, un envase de suero, pediatra, enfermera y cinco horas en una jaula de monos: 680.000 Bolívares… ¡Coño! ¿Estamos en el Hilton? – veintitres miradas asesinas y un comentario pendejo “Por que no te vas pa’l Vargas, chavista”, no lo sacan de su apuro. Firme aquí, firme acá, firme allá… dame mi recibo y ¡Lily, agarra el carajito, que nos vamos pa’l coño!...

¿Sabes como es la vaina, carajito? Desde mañana olvídate de las maltas, los helados, las tortas, las cocacolas y todo el mierdero que te la pasas comiendo, ¿me escuchaste? – Liliana aprieta a su hijo y solo replica – Papi, que lo puedes traumatizar…

¿Traumatizar?... ¡No me jodas, Lily!




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Mario Silva García

Comunicador social. Ex-miembro y caricaturista de Aporrea.org. Revolucionó el periodismo de opinión y denuncia contra la derecha con la publicación de su columna "La Hojilla" en Aporrea a partir de 2004, para luego llevarla a mayores audiencias y con nuevo empuje, a través de VTV con "La Hojilla en TV".

 mariosilvagarcia1959@gmail.com      @LaHojillaenTV

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