Aquella Invasión de 1492

Si en esas sentencias de verdad, como la de Humberto Eco que decía que la Historia solo sirve para entender porque somos como somos hoy, tiene algún sentido práctico, es en esta ocasión de 500 y pico de años del viaje de aquel genovés y de aquellas carabelas con nombres de querubín, Niña, Pinta y Santa María.

Sin ánimo de ejercicio de academicismo ocioso, es ocasión de reiterar una opinión y actitud frente al tema del llamado 12 de Octubre. No somos de aquellos que gustan magnificar la llamada Leyenda Negra del proceso de conquista y colonización pero tampoco estamos de lado de quienes prefieren la Leyenda Dorada, a veces rosa, de ese proceso de expoliación y violencia que significó la llegada europea a lo que hoy es América. La historia es verdad y a ellos nos apegamos.

En primer lugar, se debe indicar que aquel día, 12 de Octubre de 1492, no se inicia el simple Encuentro de dos mundos o de dos culturas como algunos insisten. Antes bien, comenzó una terrible confrontación, un choque violento, un impacto tremendo, tanto para europeos, como para nuestros hermanos habitantes de Tierra Firme.

Aquello fue un coñazo para los españoles, como a ellos les gusta decir. La simple visión de la geografía del Nuevo Mundo, la sencilla mirada al entorno físico de estas regiones, impactó y subyugó al español acostumbrado al territorio casi yermo de la Península Ibérica. El verdor de nuestra tierra, la amplitud de estos espacios, su multifacetica presencia en montañas, playas, ríos, selvas, islas, llanuras, etc., chocaba en su perspectiva espacial.

El calor, este "picante" sol nuestro, atormentaba a aquellos europeos cargados con armadura y arcabuz. Los mosquitos, los insectos y la plaga les hacían la vida terrible y mucho tiempo pasó para que su agreste paladar se acostumbrara a nuestros sabores y olores. Era como si la misma naturaleza del Nuevo Mundo se rebelara contra la presencia del europeo.

Quizá el choque mayor fue la visión de los cuerpos cobrizos de nuestras mujeres indígenas casi desnudos. Imaginémonos el impacto, en aquellas mentalidades educadas para la restricción carnal por la Santa Madre Iglesia y la no menos Santa Inquisición, de la vista de nuestras mujeres descubiertas y al aire libre.

Luego, la resistencia militar de nuestros hermanos significó el choque de hecho, la confrontación material. No fue sencillo someter a los nuestros. En el caso de lo que hoy es Venezuela, por ejemplo, el asiento definitivo del proceso de conquista llevó casi un siglo.

Para los habitantes del Nuevo Mundo el Impacto fue más brutal aún. Primero, el Espacio Físico fue ocupado pacifica o violentamente por el invasor y a medida que fue transcurriendo el tiempo, la cruel tenaza del ocupante europeo fue imponiendo por la fuerza un idioma desconocido, una religión ajena y una cultura extraña.

Conquistando territorio, derrumbando resistencias con la fuerza de las armas, con la presión de la espada; Conquistando almas con la fuerza de la Cruz, la venia del Papa y la Iglesia, ¡Curas y Adelantados en Santa Cruzada!.

Pero no fue suficiente la perturbación inicial. A los objetivos económicos, de obtener riquezas, planteados por los españoles no bastaba la mano de obra indígena. Bien pronto otras víctimas de la rapacidad pusieron pié obligado en esta tierra, arrancados por la fuerza de sus zonas de origen ubicadas al otro lado del mar: nuestros hermanos negros que fueron traídos para el trabajo, para la explotación.

Si se profundiza en los bemoles de estas particularidades que reseñamos acá, resulta bien difícil entender el proceso de conquista sólo como un Encuentro. Toda dinámica de conquista y colonización tiene que ser violenta, la Historia Universal no conoce ocupaciones e invasiones territoriales idílicas y pacificas. Porque además, ningún pueblo se deja oprimir impunemente y nuestros hermanos mayores, los pobladores iniciales de estas tierras, lucharon y lucharon duro.

II


Por otro lado, no se trata de negar el espíritu aventurero y emprendedor de aquellos navegantes. Tampoco negamos que ese factor fue significativo para la llegada europea al Nuevo Mundo, se trata de señalar que son otras razones las que explican no solo dicha llegada a estas tierras sino la dinámica Económica, Política y Social implantada por los españoles.

Fueron exigencias y necesidades de expansión mercantilista del incipiente Capitalismo del Siglo XVI, lo que permite comprender todo el itinerario histórico del proceso que involucra el choque e impacto inicial, la conquista y sometimiento y posterior colonización.

Aquel naciente capitalismo ya requería de nuevos mercados, de nuevas rutas de expansión y de noveles zonas proveedoras de materia prima. En nuestro territorio consiguió aquel capitalismo insumos apreciadísimos: Metales preciosos, Oro en el Perú y Plata en México, un botín realmente exquisito que desató un agresivo y desenfrenado frenesí por la extracción mineral en cada vez mayor cantidad al costo que fuese.

Earl Hamilton, historiador norteamericano, reseña un dato asombroso, entre 1503 y 1660, llegaron al Puerto de San Lúcar de Barrameda, España 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata. Señala Hamilton que la plata transportada a España en poco más de un siglo y medio, excedía el total de las reservas europeas [i] . Podemos imaginarnos hoy la magnitud del saqueo.

Semejante cantidad de mineral exigía de una ingente cantidad de mano de obra. Para 1525 en la región que hoy comprende México y Guatemala habitaban alrededor de 25 millones de indígenas y para 1605 la cantidad había bajado a apenas 1 millón. El genocidio es claro

Aquellos inmensos volúmenes de oro y plata llevan la impronta del trabajo esclavo de indios y negros. Sudor, sangre, sufrimiento y metales preciosos de las colonias americanas fueron el combustible que permitió el funcionamiento de aquella enorme maquinaria que era la economía europea.

Fue de esa manera como nuestras riquezas y nuestra fuerza de trabajo no solo estimularon el desarrollo económico del Viejo Mundo, sino que incluso, lo hicieron posible.

De suyo, los conquistadores que blandían la espada, la acción militar como forma para someter y afianzar el dominio español en el Nuevo Mundo, no vinieron a culturizar ni a asentarse. No fueron agentes de intercambio, "de Encuentro", sino elementos de expoliación vinieron a oprimir y a saquear.

Y para la Historia, los hechos son implacables, el desarrollo del capitalismo, que siempre ha sido salvaje, no conoce otra vía para avanzar sino la de la explotación, esa es una ley histórica ineluctable.

Aquella economía europea, compleja y contradictoria, con el germen del capitalismo en su seno, estaba obligada a propiciar el funcionamiento de nuevas rutas de intercambio mercantil en el continente, a promover su expansión y la reciprocidad comercial interna, a aupar el auge de la circulación de dinero y de las nuevas actividades industriales a pequeña escala, a iniciar los viajes de ultramar en busca de materias primas y metales preciosos y finalmente a propiciar la guerra y el auge de la burocracia, de la nobleza y del clero...

Todo ese incesante e impresionante movimiento fue financiado e impulsado por las fuentes de oro y plata de las colonias españolas del Nuevo Mundo: España, endeudada tremendamente pagó toda su vieja deuda de Cruzadas religiosas, de elevados gastos en burocracia y guerras perdidas con nuestros minerales, con el trabajo forzado de la Encomienda, de los Pueblos de Misión, de la la Mita y el Yanaconazgo, formas utilizadas por los Españoles para explotar el trabajo de los naturales de estas tierras.

Pero no todo el territorio del Nuevo Mundo gozaba de las bondades de la naturaleza. Lo que hoy es Venezuela no contaba con explotaciones de oro ni de plata. En consecuencia, de esas zonas el español utilizó la mano de obra indígena para largas jornadas de explotación agrícola. En nuestro caso, primero transitamos la explotación perlífera de Cubagua y, agotadas éstas, fue la explotación de la tierra el elemento central de la actividad económica colonial.

De esa manera quedaba integrado el Nuevo Mundo al orden económico de aquel capitalismo primigenio, en toda una dinámica donde nos correspondía ser proveedores de insumos y materia prima y consumidores de algunos productos de la Metrópoli.

Es entonces en este momento donde nos corresponde la última observación de rigor para entender porqué somos como somos hoy.

III

¡Cosas que tiene la Historia! 500 y pico años después seguimos siendo por un lado, simples proveedores de materia prima para la economía de los imperios modernos, de los países industrializados, y por el otro, consumidores de las migajas que nuestras atrasadas y endeudadas economías pueden comprar. El oro, la plata y los productos agropecuarios del Nuevo Mundo que ayer alimentaban la economía del capitalismo europeo, se han cambiado por nuestro petróleo, por el cobre chileno, los productos agrícolas de Centroamérica y la mano de obra barata de nuestra gente.

Nuestro trabajo y nuestros minerales edificaron las riquezas del mundo industrializado de hoy ¡y todavía seguimos pagándoles ¡

Hoy, el capitalismo globalizador y neoliberal, es el mismo capitalismo expoliador y saqueador de aquellos días. Hoy, al menos en América Latina y por ahora, ya no son las carabelas y los soldados de a caballo y arcabuz los mecanismos para expoliar muestras riquezas. Hoy, esquilman a nuestros países y a sus golpeadas economías y a nuestros pueblos con el peso de Deudas interminables, ilegales e ilegitimas; hasta no hace tanto en nuestros países se acataron las políticas neoliberales que impiden cualquier atisbo de desarrollo económico autónomo y sostenido. Hoy, la espada y la cruz tienen otra cara, otra faceta.

La razón científica que explica que luego de 5 siglos aún continuemos siendo sociedades y economías de trastienda, es que aún seguimos atados a un sistema político, social y económico hoy globalizador, hoy neoliberal, en el marco del cual es histórica y objetivamente imposible que nuestros países cambien su situación de atraso y abandono.

A 515 años de aquella invasión de 1492, toda posibilidad de mundo nuevo, de sociedad justa y etcétera, etcétera, exige ser antineoliberal, tiene que romper con las ataduras que traen hambre, miseria, desempleo y todas la viejas rémoras que el capitalismo con todo su poderío y tecnologías no ha podido ni podrá desterrar del mundo.

Cualquier posibilidad de nueva sociedad, de mundo mejor esta obligada, si quiere sostenerse y si seriamente se plantea la redención social, a ser anticapitalista porque un sistema que mantiene a millones de seres humanos entre el hambre y la miseria no puede sostenerse por más tiempo, un sistema que en su furor por la máxima ganancia no le importa destruir al planeta, no puede sostenerse por mucho más, este sistema que nos mantiene en vilo con el fantasma de la guerra no puede mantenerse más.

De manera pues, que toda esta reseña puede llevarnos a colegir que el socialismo y la revolución no son cosa de empeño ocioso de nadie, ni de porfiado afán neolítico de algún sector, es, a nuestro modo de ver, casi una necesidad vital y hasta un requerimiento ecológico como alguien expresara alguna vez, quizá paseándose por la reflexión sobre aquella invasión de 1492.-


1 Earl. J. Hamilton. American Treasure and The Price Revolution in Spain (1501-1650). Massachusetts, 1934. Citado por Eduardo Galeano en Las Venas Abiertas de América Latina. Colombia, Siglo XXI editores, 1977 p.35.


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Pedro Figueroa Guerrero


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