Existe desde hace algunos años la Fundación Excelsior, una institución no
gubernamental dirigida a promover el desarrollo de la educación en
Venezuela. Al final de cada curso escolar, se reconoce el esfuerzo de los
mejores estudiantes de algunos municipios. El objetivo es estimularlos y
motivarlos a seguir adelante.
Hoy en día, la fundación recibe apoyo de organismos como la UNICEF, posee
diferentes patrocinantes a nivel nacional, y tiene una alianza especial con
la Fundación Cisneros, a través del programa AME.
Carlos Ciordia, Concejal Metropolitano por Primero Justicia, presidente de
la Comisión de Educación del Cabildo Metropolitano es uno de sus principales
creadores. Es editor de la Voz de Cabildo en Línea, y un acérrimo crítico
del gobierno actual. Además de la mala prosa, y de los continuos errores de
edición, en sus editoriales, es frecuente el uso de epítetos y calificativos
propios de una buena literatura fascista.
Carlos Ciordia, conduce, junto a Liliana Hernández un programa de opinión
por los 590 AM de Radio Continente. Es la misma Liliana, de Primero
Justicia, que junto a su compañero de partido, Gerardo Blyde, conspiraron y
eran candidatos a cargos públicos en el gobierno de facto de Carmona.
También reúne esta fundación, algunos miembros de la coordinadora educativa
-la cual está conformada por los gremios de docentes, padres y
representantes, colegios, institutos y universidades privadas- , los mismos
que acordaron en Enero de este año, que estaría en manos de la Coordinadora
Democrática, la negociación de condiciones para hacer el llamado a clases.
Paralelamente, y como una iniciativa totalmente contraria e independiente,
UNICEF organizaba una suerte de mesa de diálogo en el tema educativo por
petición de las organizaciones de derechos humanos preocupadas por el futuro
de las escuelas, para negociar la posibilidad del regreso a clases.
La Fundación Excelsior está ubicada en la Av. Caurimare, CC Caroní, Módulo
A, Colinas de Bello Monte, Caracas y es el mismo lugar, donde funciona
también la Comisión de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología, del cabildo
metropolitano, cuyo presidente es Alfredo Peña.
Primero Justicia, a través de esta fundación, ofrece becas financiadas por
organismos privados a pesar de su vocación claramente elitista. Este partido
político, cuyas obsesiones, al igual que el Opus, están regidas por el
secretismo, seguramente han visto a través de estos premios a la
excelencia educativa, la captación de nuevos seguidores, o quizás, un nuevo
juego político.
Es importante alertar a la comunidad en general, y a instituciones como
UNICEF, que la Fundación Excelsior, es una institución con seres de doble
cara, y extrañas buenas intenciones. Todos sus miembros, fueron los que en
Diciembre y Enero del 2003, formaron parte, o apoyaron el paro educativo
que aconteció a nivel nacional, sobretodo en los institutos privados. Ahora
se rasgan las vestiduras, otorgando premios y becas. Son los mismos
miserables: empresarios de algunos colegios privados, grupos de
representantes, clérigos y activistas políticos de grupos de ultra derecha
como Primero Justicia, Queremos Elegir, que están en contra del nuevo
proyecto de ley orgánica de educación.
Son los mismos personajes, los mismos que vienen actuando con agresividad y
odio, quienes alguna vez, tomaron de pretexto el Decreto 1011 para su
movilización.
A los de la Fundación Excelsior les molesta el control, por parte de Estado,
de las cuotas, mensualidades e inscripciones en las instituciones privadas;
el corte de los inadmisibles privilegios con que contaban -y aún cuentan-
las instituciones privadas quienes reciben jugosos subsidios por parte del
mismo Estado que atacan.
Los miembros de esta fundación han estado utilizando un lenguaje hipócrita y
cínico, se han apoyado en una Constitución en la que no creen y a la cual
desprecian profundamente, han satanizado el Decreto 1011 y han cubanizado
los proyectos educativos del Gobierno, de manera desnaturalizar la
venezolanidad de las propuestas educativas.
No nos debemos dejar deslumbrar nunca por estas expresiones de impulsos
generosos, de becas y premios, cuando ellas proceden de personas,
instituciones y empresas, de exclusivos y rancios sectores de nuestra
sociedad.
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