La consumación del salto de talanquera

Trump visitará Venezuela: la lápida del chavismo

La anunciada visita de Donald Trump a Venezuela no es un simple hecho diplomático: es la consagración pública del saqueo político de la cúpula chavista, que luego de la muerte del comandante Chávez vació la revolución de su contenido histórico. La apertura de la industria petrolera a las multinacionales, la negociación con Washington y la proclamación de "buenas relaciones" con la dirección chavista son la evidencia material de que la boliburguesía está completando su mutación política.

La visita de Trump consuma el salto de talanquera que la cúpula había iniciado años atrás. El petróleo deja de ser un instrumento estratégico de la nación y se convierte en una mercancía controlada por corporaciones internacionales. La cúpula, que alguna vez se presentó como antiimperialista, actúa ahora como intermediaria del imperialismo estadounidense, asegurando su reproducción burocrática mientras la fuerza obrera y popular es relegada a un papel simbólico.

El acto de Trump no inicia esta traición, sino que la consagra ante el mundo, certificando la subordinación política y económica de la dirección chavista y evidenciando la ruptura histórica entre la cúpula y las masas que hicieron la revolución.

El viraje de la cúpula no es un accidente: es la materialización de años de políticas que neutralizaron la fuerza obrera y popular. Los comités de base, las organizaciones obreras y los órganos de poder popular fueron desarticulados o cooptados. La cúpula negocia con el imperialismo y las multinacionales, priorizando su estabilidad sobre la transformación social.

La visita de Trump es la confirmación pública de este proceso, la lápida simbólica que marca el fin de la etapa en que el chavismo podría presentarse como alternativa antiimperialista.

La cúpula no construyó independencia económica, no consolidó órganos de poder obrero duraderos y abandonó cualquier proyecto antiimperialista que tuviera base material. Su camino fue la subordinación al capital, negociando con corporaciones y potencias extranjeras, mientras vaciaba de contenido la revolución y aseguraba la reproducción de su burocracia.

Esta traición no es simbólica: es histórica y material. La visita de Trump sólo evidencia lo que ya era un hecho: el fin de la Revolución Bolivariana y la transformación de la dirección política en colaboradora del capital.

La visita de Trump consuma el proceso que la cúpula chavista había iniciado. Venezuela sigue siendo capitalista, pero la irrupción histórica de las masas que impulsó la Revolución Bolivariana ha sido desde hace rato liquidada y la élite gobernante se ha subordinado abiertamente al capital global. Este acto se convierte en la lápida simbólica de todo un ciclo, marcando el paso de la dirección política de antagonista del imperialismo a agente colaborador del orden mundial capitalista.

En términos marxistas, la Revolución Bolivariana fue real, pero la cúpula la vació de poder obrero y popular. La visita de Trump solo certifica lo que ya era materialmente un hecho: la traición histórica de la dirección y la consumación del salto de talanquera.



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