Western adeco de la decadencia criminal

Búfalo Bill huye de Catia City

Tostados por el sol del desierto político que los azota, fruto de siete derrotas consecutivas, los forajidos de la banda adeca se dejaron descolgar por el desfiladero del Avila para caer con alevosía sobre Catia City. Bautizaron así la populosa parroquia desde que se les pegó el pitiyanquismo de tanto reunirse con el cow-boy mayor, un tal Shapiro, quien se cree dueño de todas las tierra extendidas desde el río Bravo hasta el Río Grande do Sul y más allá.

El fanfarrón llamado Henry Colt 45 Ramos, confundió una boína blanca con su sombrero de vaquero y llamó al asalto de la diligencia del Oeste. Cuando le dijeron que parecía el panadero del condado, la cambió por una negra que habría matado de risa al mismo caballo de Bill Harrigan, mejor conocido entre las áridas e insufribles tierras de Arizona y Nuevo México, como Billy The Kid, matón precoz que no tuvo la suerte de conocer una plaza Altamira, un CEN del partido o una Coordinadora Democrática donde toda impunidad tiene su asiento. Este Billy “El Niño” no disimulaba sus crímenes con una Bandera Roja. Habría de morir en su ley, de dos pistoletazos, como vivió y mató, bajo el estremecimiento crepuscular de la única calle de Fort Sumner.

La víspera, los cuatro jinetes del Apocalipsis tocaron a muerte. Un tal Urdaneta llevó a su programa a un tal Bravo. Estos dos son de esos tipos de vaqueros que muerden los mediodías recostados del zaguán del “Saloom Katy” o de la caballeriza, regando chismes y chistes malos entre parroquianos y forasteros. Luego de burlarse de la banda adeca (Globovisión, 23-05-03, busquen el video) el tal Urdaneta Kid, con ese rictus de la supremacía sin sustento y la estupidez sustentada, le espetó textualmente al tal Bravo: “seguro que el lunes estamos contando los…mmmuer…heridos” (Busquen el video).

También en el Fast West se daban las profecías autocumplidas. Convertida la parroquia Catia en Catia City, lo demás era esperar que llegaran los bandoleros. Búfalo Bill mataba pieles rojas –hombres, mujeres y niños- en nombre de la libertad y del futuro de los Estados Unidos de América. Aquí, cuando el pueblo es mediáticamente degradado a chusma, lumpen y hordas, todo asesinato se “ennoblece” en nombre de la “sociedad civil”. Y hasta se puede preanunciar impunemente por televisión, con fondo de música tejana.

Sólo que esa gente de a pie, gente del oeste caraqueño, no está dispuesta a que la confinen como apaches o sioux a las reservaciones en que la mantuvieron durante 40 años. Por eso los truhanes y cow-boys de AD y la Coordinadora, a pesar de pregonar un iluso “éxito”, sin mayor concurrencia tuvieron que abandonar el condado en menos de una hora. Atrás, como en todas sus avanzadas, quedaron los heridos y un muerto. Los coyotes mediáticos antes citado, ya habían adelantado que el lunes estarían contando los…mmmuer…heridos (busquen el video). Este es el problema de los fanfarrones, que se van a la cantina y pregonan a los cuatro vientos (o por los cuatro medios) lo que va a ocurrir. Y generalmente ocurre, con lo que se demuestra que más que fanfarronada, se trataba de un plan. Nada es “pura coincidencia”, como aclaraba con sedienta ética la ingenua literatura del western.

En el Fast West, la palabra se sostenía y, quien se desdecía, terminaba mordiendo el polvo. En la Venezuela mediáticamente asaltada como las viejas diligencias de la Wells Fargo, los fanfarrones anuncian un crimen y luego se ocultan tras el cortinaje de la libertad de expresión y bajo el mostrador de la impunidad. Por eso es un irrespeto a la memoria de Bill Harrigan comparar a estos bribones con Billy The Kid, quien siempre dio la cara y murió en su ley.

La conquista adeca del oeste fue una barata comedia publicitaria que sus actores convirtieron en tragedia. Una tragedia anunciada, alevosa y premeditada. Los medios escriben estos guiones con cobarde frialdad. Más gallardos eran los cow-boys que invadían las fantasiosas praderas cerebrales de Keigh Lugger y Marcial Lafuente Estefanía. Por eso, a pesar de que Catia puso en fuga al Búfalo Bill del CEN adeco, luego de cada macabra marcha opositora con sus muertos incluidos, a Venezuela le queda en la boca ese amargo sabor a plomo y cobre que dejan las cobardes balas de la impunidad.

¿The End? No, lamentablemente. Los bandidos volverán y los medios, hasta nuevo aviso, seguirán vendiendo como héroes a los villanos que avergüenzan a las mismas cascabeles del desierto.


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Earle Herrera

Profesor de Comunicación Social en la UCV y diputado a la Asamblea Nacional por el PSUV. Destacado como cuentista y poeta. Galardonado en cuatro ocasiones con el Premio Nacional de Periodismo, así como el Premio Municipal de Literatura del Distrito Federal (mención Poesía) y el Premio Conac de Narrativa. Conductor del programa de TV "El Kisoco Veráz".

 earlejh@hotmail.com

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