Siguiendo alternativas

Se habló en artículo anterior del problema del globalismo y la necesidad de romper sus reglas basadas en en la creación de burbujas financieras utilizando los países que les convenga geopolíticamente y los recursos que contienen, nos referimos a la recuperación territorial de pelear hasta el límite de las soberanías que se han perdido estos años, soberanías territoriales, alimentarias, cognitivas, tecnológicas. Se trata de establecer una condición primera que es la salida de la mafia en el gobierno, del establecimiento no solo de nuevos gobernantes sino que se reinventen nuevas instituciones que reconstruyan el Estado lo cual supone el reabrir del proceso popular constituyente, se trata también de una economía concreta sustentada en el autogobierno de los pueblos donde pedazo a pedazo podamos lograr franjas de producción que se ordenan bajo la autovalorización del trabajo, de la necesidad de un diálogo negociante con los capitales que hoy sufren los propios embates de las grandes maquinarias del capital financiero global, perdiendo sus capitales y siendo sustituidos por una economía perversa de puerto importador, contrabandista y un sistema bancario que necesita que esta tierra convierta en un paraíso fiscal tal y como lo ha permitido el gobierno. Por supuesto del restablecimiento de un salario justo moldeado por su indexación permanente. El salario seguirá existiendo bajo las premisas del propio capitalismo, pero la posibilidad de un salario y precios justos que eviten la repetición constante de los fenómenos hiperinflacionarios que nos han descompuesto por entero es perfectamente factible si las riquezas que podemos obtener de suelo y subsuelo se convierten en fondos públicos que no solo rescaten nuestros servicios públicos ya sea en servicios médicos, electricidad, agua y todos las interminables ausencias de derechos laborales y demás derechos constitucionales que han sido conculcados a la población, sino en fondos para el subsidio de la productividad autogobernante que nace desde todos los niveles de la fuerza de trabajo, de la productividad que se sitúa alrededor del pequeño y mediano capital en estos momentos al límite de la desaparición. Y hablamos finalmente de la autenticidad y la ancestralidad, que en este caso remiten a la recuperación de la cultura misma. A ello queremos referirnos en este caso.

Las mas de siete millones de personas que han abandonado este país no es solo la evidencia de una debacle nacional es la pérdida de un capital cognitivo y cultural que nos empobrece quizás mucho más que la pobreza material que crece y vuelve a restituir la marginalidad de millones. Ese capital del conocimiento es la garantía de nuestra soberanía cognitiva. La autenticidad, es decir lo auténtico nuestro recorre el mundo de la invención, el descubrimiento y la posibilidad de la plena soberanía. El trabajo productivo es imposible sin el acompañamiento de ese conocimiento no solo científico en el sentido moderno (lo que no se prueba no supone ciencia) sino de los saberes ancestrales que en nuestro caso son básicamente selváticos en manos de los pueblos indígenas y de quienes han tenido el coraje de expanderlos. Esto es fundamental para la cultura y la ciencia de un país como el nuestro donde perduran pueblos y culturas que podrían tener hasta miles de años. Por supuesto nada ha hecho el gobierno, todo lo contrario, ha dejado en manos libres los desastres ecológicos y de pueblos que se han sucedido desde hace al menos diez años. Este es un punto indispensable si queremos referirnos a alternativas de un país situado en un continente no solo lleno de una biodiversidad de la cual en puntos ni conocemos sino de una sabiduría extraordinaria que se concentra entre ritos y una medicina propia que nos es indispensable. La recuperación de la ancestralidad se convierte en un hito fundamental para recuperarnos de este "paisidio" ( neologismo que acabo de inventar) que la casta impostora gobernante nos ha impuesto.

Hegel hablaba en su dialéctica del amo y el esclavo de que finalmente el momento de la síntesis dialéctica entre estos dos, que luego Marx como comunista original llamará lucha de clases, de que es el esclavo, el sometido en todas sus formas quien producirá la cultura y la ciencia necesaria. Estemos claros, la sabiduría y capacidad de producir cultura cual sea su situación económica en gran parte se ha despedido de este país y ha sido sustituida por una cultura y un arte de importación desde el cual vuelven a producirse gigantescos conciertos y galerías fabulosas donde solo el muy privilegiado puede presenciarlas. La cultura como hecho productivo, la ciencia en manos de expertos que abundarán en Venezuela hasta hace poco ha tendido a huir del país y encontrar tierras donde su capacidad productiva ciertamente puede concretarse y superarse. Nos convertimos así en exportadores de conocimiento y cultura beneficiando países muy por debajo de nuestra capacidad, mientras la fiesta obsena del "el pan y circo" rondea las capitales mas ricas de estado.

¿Cómo hacer para regresar ese inmenso caudal de conocimiento y cultura que ha huido?. Ese es unos de los puntos cardinales de toda alternativa a este país. Comenzado el gobierno de Chávez se le propuso un plan de quince años donde la riqueza material y de conocimiento se convierta en la base para salir de toda dependencia alimentaria, tecnológica, cognitiva, incluso con conocimiento bien pagado extraído de otros países que ya han tenido la bondad del desarrollo y ayuden a este plan estratégico. Un plan de soberanía plena en todas sus instancias. Ese plan en un primer momento aprobado fue desechado por la burocracia corrupta y mafiosa que fue rodeando su gobierno a lo cual nuestro "caudillo liberatario" no hizo ningún freno. Ni el Estado cambió como era indispensable ni creamos las bases para romper el imperialismo cultural y de conocimiento que se convierte en un estado global. Hoy estamos ante un mundo mucho más caótico donde esa posibilidad se hace más lejana pero perfectamente posible. El problema está en recuperar arte y conocimiento emigrante con un programa donde estén perfectamente claros los pasos a dar, desde el rotundo cambio del régimen educativo hasta la posibilidad de ir construyendo laboratorios, talleres y escenarios para el desarrollo del arte que nunca los tuvimos.

Esto en términos de la recuperación cultural nos lleva al plano de la familia. Miles de familias se han quebrado a raíz de la estampida poblacional que se inicia con la clase media formada hasta producir un éxodo desde la pobreza hacia los países cercanos como Colombia y Brasil por lo general con muy poca suerte, creando por fuera una espacie de racismo contra el venezolano y la expulsión de centenares desde los Estado Unidos. Dentro de la familia perdura la maldición del patriarcado como lo diría Engels, pero al mismo tiempo es la base de la organización y la solidaridad en nuestra tierra. Ese patriarcado se ha desinflado con el quehacer de la mujer. La pelea por sus derechos y ya estamos al punto de una sociedad altamente igualitaria en lo que se supone la relación de géneros u hombre mujer. Esa cultura familiar nos es indispensable. Pero tenemos que hacer posible que ya deje de manifestarse en remesas desde afuera y se vuelva a reconstruir dentro de nuestro espacio. Es el regalo cultural con mayor precio entre nosotr@s y lo que hoy en día permite la sobrevivencia de una sociedad desecha como es nuestro caso.

Por ello redondeamos lo que hemos planteado como alternativas con el hecho cultural todo desde la ancestralidad, el conocimiento y el arte y la solidaridad social comenzado con el rehacer de la familia. Esa dimensión cultural descompuesta es fundamental volver a alimentarla en todos sus aspectos, empezando por traer lo que se escapo del siniestro que la mafia gobernante ha creado. La cultura es la base del "conatus" que nombra el filósofo Spinoza, es el ser de fuerza y espíritu que hemos podido moldear y que nunca se ha perdido tan solo resquebrajado y separado. El conocimiento y la solidaridad nos hará libres, es la doctrina que nos deja nuestra propia historia.



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Roland Denis

Luchador popular revolucionario de larga trayectoria en la izquierda venezolana. Graduado en Filosofía en la UCV. Fue viceministro de Planificación y Desarrollo entre 2002 y 2003. En lo 80s militó en el movimiento La Desobediencia y luego en el Proyecto Nuestramerica / Movimiento 13 de Abril. Es autor de los libros Los Fabricantes de la Rebelión (2001) y Las Tres Repúblicas (2012).

 jansamcar@gmail.com

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