Y el verbo fue mentira... Y padecieron...

Entre la palabra y la realidad se establece una relación, una concordancia fundamental para el funcionamiento social, una señal de salud social. Cuando esa armonía se pierde, entonces, la lengua, deja de cumplir su función y se convierte en un signo de enfermedad, en una aberración colectiva. La Humanidad conoce, lo ha vivido, el desastre que significa cuando una lengua pierde contacto con la realidad, se priva del criterio de veracidad y se transforma en una mentira

La pérdida de esta correlación es un signo fundamental de la grave crisis que atraviesa una sociedad, está enferma, dejó de funcionar, no es viable. Cuando esto sucede, entran en acción los mecanismos de equilibrio social, la misma sociedad busca sus rectificaciones para curarse, restituir el equilibrio, resolver la crisis o perecer.

Una sociedad y su dirección, su gobierno, tienen una relación de influencia mutua, se reflejan recíprocamente. La conducta de los gobernantes permea sobre la sociedad, la influye, y la sociedad soporta al gobierno. Así como sea un gobierno, así será su sociedad. Cuando esta correspondencia se altera hay una crisis de gobernabilidad.

En Venezuela los signos de la profunda crisis que padecemos están a la vista, no se trata solo de una crisis económica, de problemas sociales, de educación, de alimentación, de vivienda, es todo eso y más. Se trata de un profundo malestar existencial, espiritual, que toca todos los aspectos de la vida. La pérdida de correspondencia entre la palabra del gobierno y la realidad es una señal aterradora del profundo deterioro que corre por los subterráneos sociales y está emergiendo.

Cuando un presidente habla, como maduro habló en la Cumbre de Egipto, no hay dudas de que estamos en las orillas del abismo. Cuando, con desfachatez, acusa al capitalismo como culpable de los males que fueron a enfrentar en esa cumbre, y simultáneamente impulsa al capitalismo aquí, dándole una puñalada en el corazón al pensamiento y la obra del Comandante que buscaba revertir ese camino hacia la extinción, eso es suficiente para prender las alarmas. Cuando se condena la decisión de la corte penal de investigar al gobierno, y se tienen cientos de presos políticos sin juicio en las cárceles o cuando se usa la justicia para atacar a los políticos disidentes. Todas estas mentiras, y otra más, deben prender las alarmas, el deterioro del lenguaje, su pérdida de veracidad es pésima señal.

Es necesario, urgente, vital rescatar la verdad, el valor de la palabra, la sanidad de la sociedad. Y eso se consigue recuperando la concordancia entre la palabra y la acción. Que la palabra vaya acompañada de la acción, de la realidad correspondiente, y la acción se refleje en las palabras, como el "Por ahora de Chávez", "La Historia me absolverá" de Fidel, los "Trescientos años de calma no bastan" de Bolívar. Son necesarios líderes capaces de hablar con sus acciones, que hagan buenas las palabras del Apóstol Martí: "la mejor manera de decir es hacer". Son necesarios gobernantes que presenten hechos, más que excusas o culpables. Líderes que sigan las enseñanzas de Fidel de no "Mentir Jamás".

Esa es la tarea, la sociedad espera que se restituya la concordancia entre las palabras y la realidad. Hoy, como nunca, la verdad es revolucionaria, de eso depende el futuro de esta Patria.

¡CHÁVEZ, VERDAD!



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Toby Valderrama Antonio Aponte

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