Beatificación milagrosa

Sabías que para beneplácito de todos los venezolanos el 30 de abril del 2021 la Santa Iglesia Apostólica y Romana del Vaticano resolvió ungir a nuestro José Gregorio Hernández como Beato: "Con nuestra autoridad apostólica concedemos que el venerable siervo de Dios José Gregorio Hernández Cisneros, fiel laico, experto en la ciencia y excelente en la fe, que reconociendo en los enfermos el rostro sufriente del Señor como el Buen Samaritano, los socorrió con caridad evangélica curando sus heridas del cuerpo y del espíritu, de ahora en adelante sea llamado beato".

José Gregorio Hernández será un Santo, no solo porque haga milagros y la iglesia así lo dictamine, sino por la fe que los venezolanos hemos depositado en él. Esa fe se inició desde el día en que el pueblo caraqueño se volcó a las calles para hacerle su milagrosa despedida.

Ese día 30 de junio de 1919 ninguna institución decretó duelo oficial, pero fue evidente que en el país hubo dolor nacional. De forma espontánea en la capital ese día no abrieron negocios, tampoco las oficinas públicas y hasta los teatros y demás sitios de diversión guardaron luto.

A las 7:00 de la mañana el arzobispo, Felipe Rincón González, ofició la misa de cuerpo presente en la casa de su hermano José Benigno. De todos los barrios caraqueños venían en romería y la calle se hizo chiquita para contener aquel gentío que iniciaba su devoción por el médico milagroso.

Su amada UCV permanecía cerrada por la férula gomecista, pero ese día, fue abierta, porque la multitud pedía en su Primera Peregrinación, llevarlo, al sitio donde había sido estudiante, médico, y científico. Allí en el Paraninfo Universitario, permaneció en Capilla Ardiente hasta su partida”.

La beatificación concedida se produjo una vez que la Comisión Teológica concluyera que la acción milagrosa de José Gregorio Hernández salvara la vida de una niña de 10 años, gravemente herida durante un asalto en marzo de 2017. Los antisociales dispararon al intentar atracar a unos vecinos y una de las balas hirió en la cabeza a la niña, quedando en estado de gravedad. Su madre arrodillada ante la imagen del Santo Trujillano se la encomendó al Médico de los pobres y 20 días después la menor estaba sana y salva. Este es otro saber republicano.


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Douglas Zabala


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