Mi palabra

¡Agua! ¡Agua! ¡Agua!

"Hay mucha agua sin vida en el universo,

pero en ninguna parte hay vida sin agua"

Sylvia A. Earle

Unos de los mayores clamores en las barriadas de muchas ciudades, pueblos y caseríos de nuestra Venezuela, es el agua, y todos los candidatos –sin excepción– ni cortos ni perezosos ofrecieron agua, como si tuvieran a la mano la solución inmediata del problema. En Acarigua -Araure, es un drama de proporciones crecientes y la solución está en las promesas de los recientes electos, pero todos sabemos, a donde van a parar los ofrecimientos de los que andan buscando votos desesperadamente y no tiene nada que ofrecer, si no las repetidas proposiciones del eterno galán de oficio.

Hace más de 35 años, tuve la oportunidad de conocer y compartir con un ingeniero hidráulico, quien se encontraba muy alegre bañándose en las cristalinas aguas de una quebrada, el cual tiene sus nacientes muy cerca de un caserío del municipio Páez –Espínital– y pasa muy cerca de otro lugar muy acogedor –Sabanetica– visitado por infinidades de personas para deleitarse bajo la sombra de los árboles, el cual parecen velar por el agua, que, le sirve de remanso a infinidades de bañistas en épocas de verano, cuando el sol tuesta las piedras, produciéndose un contraste lamentable, como para apreciar el verdadero valor de este vital líquido, cuando lo vemos correr bajo la sombra muda de la arboleda, mientras a sus alrededores se encuentran verdaderos cascajales.

En esa amena conversación, oí hablar a un verdadero maestro de una profesión un tanto olvidada y desvalorizada, como si estaba dándole clases a unos alumnos interesados en el tema, el cual se me quedó gravado en el disco duro mental, y es ahora, cuando entiendo todo lo que el amigo quería decir, con sus predicciones de un futuro no muy lejano, basadas en sus estudios y en los años de experiencia en varios países, incluso estuvo en Angola, cuando pasaron más de tres años de una completa sequía. Una verdadera tragedia, algo que no le deseamos a nadie, pero lamentablemente estamos viviendo en pequeñas proporciones ese drama.

El amigo, visitó llevado por los que lo habían traído a Portuguesa, el surtidor principal de agua de las ciudades gemelas Acarigua-Araure, ubicada en Camburito, un caserío al pie del cerro colindando con el estado Lara, y entre las observaciones que hizo, está una muy visible presente en cualquier estación del año: la poca capacidad de almacenamiento y por supuesto de purificación, porque todo depende de las inclemencias del tiempo y de la conciencia de sus moradores, para terminar repitiendo en varias oportunidades: "Tienen un reservorio para un barrio, cuando explote el crecimiento de estas ciudades, no hay agua". Por supuesto ningún país, y por consiguiente sus habitantes pueden depender de los caprichos de la naturaleza, y el nulo razonamiento de los que pueden y no buscan soluciones, porque ofrecieron para enamorar y no para crear con responsabilidad o sencillamente no tienen la capacidad o son unos ineptos.

Lo cierto, es que el problema del agua se fue agigantando, como un verdadero monstruo, y aquí lo tenemos presente, con una población prácticamente indefensa y pasando las mayores penurias todos los días por el indispensable líquido. Es tan grave el problema, que, si llueve no hay agua, y en verano lógicamente merman las reservas, y se profundiza la calamidad por el debatido cambio climático, y hasta hora sin propuestas concretas por parte de los países industrializados empezando por los Estados Unidos, el cual lo evaden, de manera por demás irresponsable. porque poco les importa, así, como llevan el mundo por un precipicio, con tal de salvaguardar el gran capital.

Los que ofrecieron solucionar este problema, si, en verdad valoran el voto de personas, que, tienen la conciencia necesaria para resistir todos los avatares impuestos por el bloqueo imperialista, y de los que no emitieron sus opinión en las urnas cansados de promesas que se las lleva el tiempo, pero, antes cualquier mejoría de este servicio se lo van agradecer infinitamente, tienen una oportunidad histórica para reelegirse, sin tener que salir a mendigar votos, como el sediente en busca del agua. Porque cruzarse de brazos esperando las soluciones del cielo, es más que imposible, porque la mayoría de las veces caen tragedias para terminar de señalarlos, como unos irresponsables. El agua es vital; esperamos que las promesas no se queden en promesas, y se conviertan en realidades para exaltar al responsable de tan noble labor, sin olvidar que para eso son elegidos.



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Narciso Torrealba


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