La lógica del odio (en defensa de Rafael Ramírez, y con todo respeto Sra. Riggione)

El odio tiene su propia lógica, suele estar en contrasentido con otras, con la lógica de la justicia, por ejemplo. Digamos que en la ficción, a Flavia Riggione se la imputa por crímenes de corrupción… "en el año 2020 por delitos cometidos en el 2006, lo que le resulta sorpresivo. La imputación es hecha tanto por la fiscalía general de la república como por Nicolás Maduro, el presidente, que a su vez la señala en público llamándola corrupta y ladrona como si quisiera desprestigiarla, aprovechando la ventaja que le otorga su investidura y las cadenas de televisión. La inculpada es lesionada moralmente con aquellas imputaciones, intenta defenderse, pero es censurada por los mismos medios de información que divulgan lo que ella considera son calumnias, bien ¿Cómo haría Flavia Riggione para defenderse, sin ser arrestada, esposada y encarcelada?... Ella podría alegar que es absurdo, que no es Rafael Ramírez, porque no ha tenido cargos de importancia ni ha cometidos esos delitos. Pero ¿Cómo lo sabemos?, ¡lo dice maduro!, ¡debe haber una razón para que el presidente la llame ladrona, y el fiscal la impute!; se dice que hay una investigación en curso, ¿Cómo podemos no creer en esas acusaciones?, mas ¿Cómo hace ella para explicarnos que nunca ha trabajado en un ministerio, si no se puede defender?, si sale a la calle la arrestan: ¡la acusan el presidente y el fiscal!, –dicen los vecinos –, debe ser verdad, y ahora lo dicen todos en la calle: –" ¡Flavia Riggione es corrupta y ladrona!"... la señora Riggione está condenada… Y "Elías Jaua, que la defiende ¿dice que no estaba enterado sobre cuáles delitos cometió Flavia Riggione? ¡Insólito!"

¿Cómo será el efecto moral de una acusación cuando el acusado (o acusada) no tiene manera de defenderse frente a la opinión pública y ante los tribunales? Peor aún, ¡cómo será el efecto social!, cuando cualquiera replica, como un chisme, un juicio hecho a la ligera por el presidente. El presidente está obligado a dar lecciones de ecuanimidad por su "peso político", hacer una afirmación calumniosa como esa, y motivada por el odio, por un odio personal que no se puede disimular es una irresponsabilidad. Más aún, las consecuencias pueden ser peligrosas y desproporcionadas a lo fácil que es acusar a cualquiera sin pruebas; muchas personas toman ese mismo odio como propio, y asimismo asumen la justicia como propia. Pero es comprensible, se trata del presidente, y de seguro mucha gente supone que alguien así no miente. …¡Pero es odio, no es justicia, el odio funciona con su propia lógica, se administra de otra manera, generalmente a contracorriente de la ley y de la justicia!

Las difamaciones, hasta que no se demuestran que lo son, llevan consigo consecuencias, en perjuicio del acusado, o a la inversa, del acusador. Al acusado lo pueden linchar en la calle antes de ser juzgado, al estilo Ruanda, por ejemplo. La razón que sostiene al odio es la venganza; vengar una ofensa tan grave que solo la puede redimir una gran humillación o la muerte; a todos se les olvida examinar los hechos, pasan de la justicia, como Macbeth cuando asesinó a los guardias de Duncan… antes que señalaran al verdadero homicida, el dolor que a todos les produjo la muerte de Duncan hizo que olvidaran el trámite de la justicia.

Dice la señora Riggione: "Y escribo sobre mi asombro porque también Elías José Jaua debe darnos la cara a tantos venezolanos que sufrimos en carne propia la macabra trama de corrupción donde, al parecer, hay altas posibilidades de que está involucrado el ex Ministro de Energía y Minas, así como ex Presidente de PDVSA" Es decir, que tampoco la señora Riggione está segura del delito cometido por Ramírez, y lo expresa con– casi enternecedora – candidez. Sin embargo hace mucho daño.

Nadie sabe cómo una mujer apasionada por la justicia y la "ética revolucionaria" puede ser arrastrada por el odio de Nicolás Maduro y el Fiscal, al extremo de acusar al "prudente" Elías Jaua de cómplice de un supuesto delincuente, que "parece involucrado…" (¿por encubrir a un "presunto" delincuente? hay algo de perplejidad o de disparate en eso de encubrir a un "presunto"), más bien sentenciado así de antemano por la palabra inquisitiva de Maduro, (¿Elias Jaua es cómplice de Rafael Ramírez?; Flavia Riggione | Sábado, 24/07/2021)

El caso de la señora Riggione se repite en otros, casi de la misma manera absurda, cuidándose de hablar de "aparentemente involucrado" en delitos de corrupción, es decir, cuidando las "formas legales", pero más adelante sentenciándolo de forma incontinente, el odio les resulta más fuerte que el sentido "revolucionario", o de justicia; es más fuerte que la razón... lo que resulta peligroso, porque de ese odio irracional nace la conducta de las masas del fascismo. El razonamiento es simple: si no odian a Ramírez ¿por qué asumen su culpabilidad sin permitir que éste defienda?, si no lo odian ¿por qué lo sentencian a priori sin juicio? Esto vale para Maduro como para la señora Riggione, que odia por carambolas, sólo por amor al presidente, igual que otros muchos, imitando al presidente, dándole un sentido retorcido a la lealtad, odiando de forma prestada.

Una sociedad fraccionada es maleable, casi siempre por el más taimado y corrompido de todos sus miembros. En una sociedad, sin un cuerpo moral que la recomponga, el crapuloso juega con sus vicios más comunes, de ella, y la hace cómplice del crimen colectivo (el asesinato de Cristo, el sacrificio del chivo expiatorio). En una sociedad así al individuo honesto se lo sacrifica, al hombre sano, condenado por el gran inquisidor se lo persigue y es linchado. En una sociedad fraccionada la gente es esquiva, recelosa, aprensiva. Debemos cuidarnos de los que condenan y juzgan en nombre de la revolución a los que critican o develan a los farsantes, a los aquellos que tienen mucho que esconder.

La lógica del odio nos arrastra hacia el fascismo fácilmente, puesto que nuestras lealtades son abstractas, hay más miedo que convicciones por acciones reales, lealtades a los que tienen el poder de destruir y destruirnos, no el poder de cambiar, de crecer moralmente, a los ideales, sino a las personas que nos pueden hacer daño.

¡VOLVAMOS A CHÁVEZ! ¡CHAVEZ ES SOCIALISMO!



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Marcos Luna

Dibujante, ex militante de izquierda, ahora chavista

 marcosluna1818@gmail.com

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