Ahora también sin café

Crudo testimonio de una de las víctimas de las dos gestiones gubernamentales que arruinan y hambrean al país:

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Estaba escrito en mis ingresos reducidos a polvo, a cero, que llegaría un momento en que no alcanzarían para comprar café. Me quitan así mi acostumbrado ritual de las mañanas de brindar por la vida, aun en medio de esta pandemia y de vivir en un país con dos presidentes que nos hacen sentir que la vida es amargura y miseria. Siento esto como si fuera el fin de algo esencial a mi existencia, por lo menos el de mis apacibles amaneceres sonriéndole a la crisis, disfrutando de un nuevo día de vida. "La felicidad es una taza de café y un buen libro" dijo un poeta. Es grato abrir los ojos al mundo y comenzar un nuevo día oyendo tu música o, si lo prefieres, visitar alguna obra literaria. También escribir un artículo para Aporrea o un poema. Pero siempre presente el café, propiciando el encuentro con la belleza.

Todavía en 2013 podía prepararme mi café con leche diariamente, con chocolate, azúcar, vainilla y canela. Esa pequeña felicidad de ahora en adelante, no será posible por obra y gracia de los demiurgos de la economía y la política. Sé que no estoy solo en esta tristeza compartida por miles de venezolanos que dependen de ingresos, salarios y bonos miserables para sobrevivir. Pero en un país tan asimétrico como el nuestro no todos sufren estas penurias. Los diputados de la AN, por ejemplo, ellos si podrían darse esa pequeña felicidad con sus arcanos ingresos. Ellos y ciertas cúpulas de privilegiados, las mismas que no quieren discutir en la AN el problema del salario en Venezuela.

Así era mi café en aquellos días que parece que no volverán. Pero las cosas han ido cambiando. Lentamente fui obligado a restarle ingredientes; últimamente, hace meses, tuve que aprender a prepararlo sin azúcar. Hoy le digo adiós al café diario al despertar. Conoceré de nuevo esa felicidad cuando se pueda, "cuando haiga" como dijo un ilustrado diputado. Creo que voy a visitar a mis amigos con mas frecuencia.

Ha sido un proceso largo y doloroso, porque mientras evolucionaba esta crisis personal de inspiración, también venía diciéndole adiós a la carne, a los huevos, al pollo. Hoy almuerzo arroz y granos cuando se puede porque la especulación de vivos y comerciantes inescrupulosos ─que el Gobierno no puede controlar─ también ha encarecido el derecho a la sobrevivencia vegetariana. Hasta ahora había sobrellevado mal que bien esta austeridad alimenticia impuesta, pero nunca había faltado el combustible para estudiar, para recrearme con la simple taza de un café y encontrarme con la literatura y el arte.

Como es de suponer me sentí bastante mal después de tres días sin tomar café. Mi concentración no era buena para nada de lo que quería hacer. Me toca adaptarme a esta nueva circunstancia, aprender a sufrir aun mas la guerra que Maduro y Guaidó nos hacen a todos los venezolanos. He tenido dolores de cabeza y no he dormido bien. Hasta tuve una pesadilla, algo que nunca me había ocurrido ni siquiera después de oír en una cadena presidencial "este es el año de la reactivación económica", o de padecer una de las insustanciales declaraciones del "presidente interino" acerca de lo que él llama la tiranía. En esa pesadilla yo escuchaba como una voz siniestra que abarcaba los cielos y la tierra y el tiempo por venir. De alguna manera indeterminada yo sabía a quién pertenecía aquella voz. Decía y repetía algo así como: "no hay,… no hay,... no hay…". Desperté sobresaltado y no quise dormir de nuevo esa noche por temor de volver a oír semejante mantra en aquella voz de que anunciaba la continuidad del hambre y la tristeza en mi Venezuela querida.

Luego de tres días sin el preciado líquido, al borde del deliriun tremens y, producto de un trueque de matemática por artículos de primera necesidad, pude conseguir unos gramitos de café por lo que ya estoy de vuelta a mi anterior normalidad. Es decir, a la libertad administrada, al caos de los servicios, al hambre, etc. Quizás debería incluir en esta lista oscura el bla bla electorero por las elecciones de gobernadores y alcaldes próximas, los discursos patrioteros acerca del Esequibo (que nunca tuvimos) y la pérdida gradual del Táchira donde la ineficacia gubernamental no ha impedido la desaparición del bolívar.

Por ahora puedo concentrarme y me siento mas tranquilo. Sin embargo, me queda como la espinita de la pesadilla. Como no la comenté con nadie inmediatamente al despertar, sus detalles son ahora confusos y, la certidumbre que tuve en el sueño de saber quién era la siniestra voz que anunciaba mas tristeza, es ahora un recuerdo de contornos difusos. Por la forma podría tratarse de Jesús Farías, quien siempre que se habla de la problemática salarial sale raudo a declarar por los medios precisamente eso, que "no hay…". También podría tratarse del propio Presidente Maduro refiriéndose a las convenciones colectivas que están congeladas por el decreto 2792. "no hay,… no hay,... no hay…" podría significar que no hay discusión de convenciones colectivas, que continúan congeladas per saecula saeculorum. También podría significar que en la Asamblea Nacional "no hay… "interés en el asunto del salario de la clase trabajadora. No soy bueno interpretando sueños y mucho menos pesadillas angustiosas como la que he referido y, si algún lector tiene conocimientos del mundo de los sueños, le agradecería me hiciera llegar su interpretación para dejar de mortificarme por causa de esta pesadilla marginal. Bastante tengo ya con ir dejando de comer y, ahora, hasta de disfrutar de un cafecito por las mañanas.



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Oscar Henrrique Fuenmayor Quintero

Licenciado en Educación, mención Matemática y Física, Universidad del Zulia.

 oscar.fmyor@gmail.com

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