Nos acaban Chucha y sin un protector


Al despertarme muy tempranito en la mañana y antes de echarme el santiguao mañanero, me asomé por la ventana que tiene la cocina de Ñango Marín, que más que una ventana, es un abertura casi ovalada, muy propia de las casitas de bahareques que se veían en Margarita. Al asomarme, pude ver, muy cerca de la mata de tamarindo, una situación muy extraña.

El Carrao con sus guacharaquitas, Chela, Chucha, muchas chulingas, angoletas, tortolitas y otros tantos pajaritos más, que llevan una vida segura en el conuco, se veían angustiados.

Tuve esa impresión, no porque se anunciaba un fuerte aguacero en el Valle. Me percaté de anormalidad, porque Chela no dejaba de ver para el rancho y cuando Chela está permanentemente pelando los ojos y viendo hacia el rancho, algo está fuera de lugar y rompiendo la armonía mañanera en el rancho, que siempre en las mañanas, se llena de sinfonías por los diversos cantos de los pájaros. Cada mañana, desde las matas. sale un estoy contento, que baña de encanto y frescura al conuco.

Por momentos, las chulingas y las angoletas levantaban vuelos y se resguardaban en las matas de tomillo y orégano, que Ñango tiene sembradas y que mucha gente del valle viene a buscar para tomar sus guarapitos.

Fijé nuevamente la mira en Chela y la vi como en una pose de mediación y diálogo, entre alguien que no distinguía bien porque las guacharaquitas me impedían una mejor visión. Pensé en Pipo, que es el fiel amigo del destacado periodista Juancho Marcano. No fue una conclusión loca, esta de imaginarme que Pipo había buscado asilo político en el rancho de Ñango. El periodista Juancho, según lo que me dijo el Carrao, estuvo un fin de semana oyendo las viejas pero sabrosas canciones del argentino Sandro.

Tacarigüita o todo ese bonito valle que comienza con la empinada del portachuelo, estuvo disfrutando de Trigal, Penumbras y aquella Rosa, Rosa tan maravillosa que tanto oímos. Me detuve un poco en el tiempo y por mi mente pasaron las rocolas de mi pueblo y con ellas, los guayabos o despechos que quemaban el alma.

Luis el de Bartola, gustaba hacer un cóctel con Sandro, Javier Solis y le colocaba desesperación a sus despechos, con Besos de fuego en la voz de Carmen Delia Dipini. Una de las grandes damas del bolero.

Por momento, me vi en la calzada de uno de los bares que conocí en mi pueblo donde cada rocola guardaba en sus discos, los momentos de alegría y de tristeza que la gente se daba. Eran momentos compartidos porque se le colocaba todo el volumen a las rocolas y el pueblo sabía de los despechos. Las rocolas al dejar oír sus canciones permitían solidarizarnos colectivamente con las tristeza o alegrías que a veces dejaban los amores con sus secuelas. Las rocolas también anunciaban con sus discos, los pormenores de las reconciliaciones. Las rocolas en Margarita, eran definitivamente un altar soñado para llorar penas y celebrar conquistas.

Abandoné los recuerdos y volví al conuco de Ñango y oigo que las guacharaquitas del Carrao soltaron su desorden desafinados muy cerca de la mata de mamey. Súbitamente salté del ture donde me encontraba con mi santiguao en la mano y corrí hacia ellas. Salí pensando en el estrés que podía estar viviendo la mata de mamey cargada de flores y con las abejas haciendo el trabajo para producir ese hermoso milagro de la naturaleza. Las guacharaquitas al verme correr hacia ellas, se le trabó el galillo y pararon en seco su desorden.

Decidí irme hasta la mata de tamarindo para tener una idea de la situación, que suponía no era de normalidad. A medida que me iba aproximando al lugar, vi muy sorprendida a un gatico todo flaco y casi sin pelo. Cuando no salía de mi asombro, medio metro más allá, estaba una conejita, amamantando a dos de sus conejitos.

Me acordé de los cuentos de tío tigre y tío conejo pero supe, por las condiciones del gatico y las condiciones de la conejitas con su trompita y paticas todas rotas, que no era un final de un cuento o una jugada que esta tía conejita le jugaba a este tío gato.

Chela sin esperar que yo me repusiera de la sorpresa, me dijo muy rápidamente es por el bloqueo Mamanta. El bloqueo tiene a este gatico del monte así de flaco y sin pelos. Por el bloqueo Mamanta, esta conejita nos la está contando, pero seguramente por lo dicho, ya no quedan muchas como ellas para contar esta historia y tampoco quedan animalitos en el monte para calmar el hambre al gatico Chito.

Chucha que estaba sobre el lomo de Chela, voló hasta donde estaba Chepina, que fue el nombre con el cual bautizaron a la conejita y le dijo muy cerca de sus orejitas: Chepi, explicale a Mamanta qué es lo que está pasando con esta cosa del bloqueo.

Espera un momentico Chucha, déjame terminar de darle el poquito de leche que tengo a mis conejitos. El estrés que vivimos Chucha por estas cosas del bloqueo, no nos permite comer bien y tener la leche suficiente para amamantar a mis conejitas. Ya me quito a Chimirito de la teta y voy a explicarle a la camarada Mamanta la situación.

!Ay Mamanta! El bloqueo nos carga a monte. Hemos caminado toda la noche con Chito el gatico y por fin en la madrugada pudimos llegar al conuco de Ñango. Fuimos atendidos muy bien Mamanta. No sabemos si estamos en condición de huéspedes o como sobreviviente del bloqueo y en búsqueda de una auténtica ayuda humanitaria.

Dime Chepina, qué es eso del bloqueo.

Bueno Mamanta a decir verdad, yo tampoco entiendo mucho eso del bloqueo. Yo le hablé a la cotorra Chucha sobre mi situación y después ella se tiró un discurso junto a las guacharacas y nombró eso del bloqueo. Voy a echarle el cuento.

Yo vivía con otros muchos conejos y conejas entre El Cercado y el Alto del Gallego y desde hace ya un tiempo, gente que llegaba por ahí, colocan en el monte una gran red, como las que utilizan los pescadores y esas personas con una práctica de cacería, que se llama de rotación, comienzan pegar gritos y tirar piedra y uno debe salir corriendo y al andar buscando la manera de huir de las piedras y gritos, cae en esa gran red y no hay manera de salir. Luego vienen los “cazadores” y nos dan un duro golpe en la cabeza y se nos apaga la luz. En esa red Mamanta, caen sin discriminación conejos viejos de la tercerea edad, conejas viejas de la tercera edad, conejitos, conejitas y señoritas y adultas conejas preñadas. Así también le quita la comida a Chito, que ya no le queda ni pelo por la desnutrición que tiene.

Chucha llama esto que nos hacen bloqueo. No sé nada de ese bloqueo, pero nos están matando y dejando muchos pueblos de Margarita (Los Hatos, la vecindad, Los Altos del Gallego, El Maco, El Cercado) sin conejos y conejas. El Hambre mata a la gente y la gente con el hambre nos viene acabando. Supe hoy, que a las guacharaquitas también le ponen trampas y también están acabando con ellas.

Nos acaban con las redes o bloqueo como dice Chucha y sin protector Mamanta.

amarantaroja063@gmail.com

@amaranta1503


Esta nota ha sido leída aproximadamente 1438 veces.



Amaranta Rojas


Visite el perfil de Amaranta Rojas para ver el listado de todos sus artículos en Aporrea.


Noticias Recientes: