¡Vamos a vencer. es costumbre!

"Marchemos a donde nos llaman los signos de los

dioses y la iniquidad los enemigos." 

JULIO CÉSAR.

Se le atribuyen estas palabras*en arenga definitiva para atravesar el Rubicon (modesto y antiguo río de Italia, a uno de cuyos márgenes se apostaba su tropa) y que darían inicio a su enorme y victoriosa campaña bélica. Se guardan las distancias, claro, y se visualizan las particularidades; pero desde una toma de decisión determinante, los venezolanos asumimos, hace veinte años, la irrevocable acción de atravesar nuestro ''Rubicón" político-social y avanzar hacia la concresión de la independencia, la justicia social y un devenir colectivo orientado por la participación y el protagonismo. ¡Cuánto y cómo hemos sido víctimas de odios y retaliaciones desde el vocacionalmente asesino, predador e inhumano (¿no redunda eso?) imperio gringo! Hace dos décadas que, bajo la égida y el claro oriente de nuestro comandante Hugo Chávez, soportamos y afrontamos sin rendición contiendas e ignominias altamente cobardes, prepotentes y racistas venidas, con desespero y premura, desde ese degenerado imperio norteamericano para hacernos pagar la "afrenta"(a él) de ser dignos, de valer por nuestro real saber y poseer. Y seguirá, con su podrido poder mediático, cuyo descaro ya ni escandaliza, pensando y actuando contra nosotros, listo a sacar su pistolón atómico (Hiroshima, Nagasaky), sus armas bacteriológicas (tan de su gusto) y sus parapetos económicos. Seguidos con docilidad repulsiva de gobiernos esquineros, pendientes de la carroña humana y material que ello pudiera repararles; se mientan del "'primer" mundo, cuando una vuelta sincera a la página de la historia del hombre, los revela de una iniquidad que espanta. Por el lado regional, avergüenzan países (gobiernos) de sumisión apremiante y diligente que, sinceramente, daría pena ajena mostrárselos, hoy, a Bolívar, Sucre, Jacobo Arbenz, San Martín... y que es muy probable que ni carroña reciban de lo nuestro. Llegamos ahora a lo local, y allí: ese excremento político escogido por el revulsivo ampón gringo esparce su pestilencia letal y traidora (terrorismo, magnicidio) con la incisiva puntualidad que se le ordena desde una calculada malignidad. Si alguien cree que estas crudas palabras contra esa oposición de letrina (golpista, terrorista) como ya la he nombrado y contra ese imperio digno de todo averno imaginado resultan excesivas para aludirlos, sólo póngase a pensar en el sin número de cadáveres de niños, jóvenes, adultos y adultas, abuelas y abuelos cuya digna e inocente sangre habría corrido por los espacios (calles, callejones, avenidas, recodos, montes, montañas) del país, si se hubiera concretado el inmundo designio de asesinar a nuestro Presidente Nicolás Maduro Moros, su Tren Gubernamental, el Poder Judicial, el Legislativo y demás poderes, así como a la dirigencia militar de nuestra Fuerza Armada Nacional Bolivariana, junto con el Pueblo allí concentrado; ¿puede recibir calificativos menos explícitos tan acendrada

y repugnante intención, llena de pestilencia humana, concebida para provocar tamaña catástrofe? Ahora: ¿haber fallado los arredró algo, hubo algún ápice de cautela posterior? No; con igual saña lo intentaron por nuestra Costa Central, esperando resultados idénticamente nefastos; y han seguido, con abierto y descarado accionar, sin empacho alguno. Tienen "' sobre la mesa" la carta de la invasión militar; si lo intentan, a esta altura, ya deberían saber que, aún así, no habrá rendición venezolana, que nuestra sangre correrá, sin duda; pero, como en toda guerra (incluyendo las de Julio César) no será la única. Quieran, entonces, los dioses que invoca el antiguo guerrero, el judeo-cristiano, o cuales quiera de los que pueblan el fértil imaginario cultural de los hombres, que no lo hagan. Lo nuestro es la Paz. Estamos ante una Elección Legislativa y Constitucional, crucial para acentuar ese paso de Rubicón que dimos en el albor del siglo XXI y hay dos elementos nodales que deben jugar (sin azar) antes, durante y después de élla: a) la claridad de conciencia de la gente; que el Pueblo sepa que se trata de cada centímetro territorial (tierra) que es nuestro, lo que el gringo repulsivo quiere; que nuestros padres, hermanos, hijos, nadie de este país les importa nada; que somos un estorbo para su nauseabunda ambición. b) Que esos candidatos y candidatas a elegir lo sepan mejor que el Pueblo; que entiendan que el asunto, mas que ideológico (que lo es) es un asunto de guáramo y lucidez, de abandonar posturas personales de "muñequitos de Toddy''(como decían antes) publicitario y discurso sin densidad; que el enemigo es grande, inescrupuloso y, sobre todo: vengativo. Vamos a la contienda, vamos a vencer, lo cual es nuestra costumbre y que esa nueva victoria selle de verdad, con el favor de nuestro Pueblo, la ventana de la traición, entreabierta todavía.

SUETONIO: Los Doce Césares. Traducción del Latín: Jaime Ardal. En: Historia Universal.

Aureo Yépez Castillo.7a edic. Caracas . 1967.



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