(Una visión capitalistamente positiva)

Maduro no va a caer

Lo de estos momentos en Venezuela es una catarsis más, un drenaje de arrechera más, otro espasmódico brinco infantil de mentes y gentes que, lamentablemente, no saben de política y de economía, mucho menos.

Maduro no va a caer por más twitteo, whatsappeo, tiktokeo, lloriqueo, pataleteo, mariconeo y facebookeo que implementen los fervientemente animados e inmaduros opositores venezolanos. Fervor que, por cierto, les durará hasta el 20 de octubre de 2020 cuando comiencen a sonar por doquier las gaitas y pasen del "ahora si se va" con tableteos furiosos de cacerolas al "feliz navidad" con tableteos gustosos de ollas repletas de guisos para las hallacas.

A Maduro le falta acometer una serie de acciones y medidas (todas capitalistas, todas de restauración y ajustes estructurales de mercado frente al desastre económico, político y social dejado por Hugo Chávez, Giordani, Elías Jaua, Rafael Ramírez, Jacqueline Farías, Aristóbulo Istúriz, Adán Chávez, Héctor Navarro y Hugo Cabezas).

Aquellos experimentos teóricos y modelos societarios disparatados, copiados de otras latitudes, a lo Hugo Moyer, Marta Hacnecker y Heinz Dieterich sentenciaron a Venezuela a una quiebra y a una locura que hoy se está pagando con una realidad que obliga urgentemente a un cambio total y radical de mentalidad. Al no tener un horizonte claro, después de aquellos experimentos y modelos locos, la opción de Maduro obviamente no favorece una perspectiva izquierdista, socialista, emancipadora de la lógica del capital. La revolución, en este sentido, tendrá que esperar.

Maduro necesita darle pie firme a la dolarización y a una apertura a las importaciones y a todo lo que implica el mercado internacional para que no se termine de paralizar ésto, ya que la producción nacional, luego de quince años de Chávez con su combo originario de malos teóricos y planificadores socialistas allendistas y social demócratas, sencillamente está en el suelo.

Maduro también necesita tiempo para lograr el establecimiento de los precios internacionales de la gasolina y del gas, junto a una sinceración de la prestación y cobro de los servicios de agua, electricidad y telecomunicaciones.

El Covid 19 lo retrasa todo, por supuesto, pero una vez que se supere ésta terrible pandemia, Maduro tendrá una excelente base para que la población comprenda lo que está haciendo. La comprensión se dará cuando, luego de los ajustes y de la nueva adecuación capitalista trabajada responsablemente por Maduro, éste pueda decretar un salario mínimo acorde a lo planteado en el artículo 91 de la Constitución Bolivariana. Lo comprenderá cuando los centros educativos y de salud para el pueblo puedan ser garantía de calidad y atención profesional permanente y gratuita, después de las profundas transformaciones que traerá consigo el complejo proceso que le ha tocado liderar a Maduro.

¿Hay que resignarse? ¿Y Trump qué papel juega aquí? ¿Y entonces qué haremos con el socialismo?

En las ciencias sociales, especialmente en la política, hay que evitar la emocionalidad.

Trump necesita que Maduro siga en donde se encuentra y avance progresiva y muy lentamente en la restauración capitalista. Esta es una de las razones de mayor peso de por qué Maduro no cae.

Donald Trump tomó siete mil millones de dólares de Venezuela (procedentes de CITGO) y los colocó, con aval de la Reserva Federal de EEUU, en un fondo del Pentágono, del que puede disponer cinco mil millones para incentivar o promover "plata en mano" la construcción del muro ante México. Ese dinero se lo agarró "prestado" la Administración Norteamericana para cuidarlo de las manos de la "dictadura madurista". Una vez restablecida la democracia en Venezuela, pues se devolverá ese dinero a las nuevas autoridades, sin aportarle un centavo de interés, ya que no cobrará nada por haberlo cuidado.

En el concierto internacional para que Maduro siga mandando son hechos corroborables y fehacientes que EEUU suple a China el petróleo que dejó de suplirle Venezuela; que Colombia suple a CITGO (propiedad de Venezuela hoy en manos de EEUU) todo el petróleo que necesita refinar para que operen sus 14.000 estaciones de gasolina; que Guyana se prepara para suplir el petróleo que antes suplía Venezuela a Brasil; que ya se cuadraron empresas de China, Rusia, EEUU, Francia y Holanda para entrarle con todo al negocio del gas en Venezuela, dejando a esta con el puro hueso del oro a expensas de la destrucción ecológica que esto significa.

Entonces el teatro, los dramas y las comiquitas de Guaidó, el Grupo de Lima, la OEA, los vuelos espías de EEUU, el "no voten", el "si voten", la hora cero, la salida definitiva... no son sino eso: Teatro del más burdo y rancio, drama chimbo, comiquita cruel y cruda.

La realidad de Venezuela obliga a un cambio total y radical de mentalidad.

¿Qué pasó con el socialismo? Toca a sus predicadores y estudiosos serios, que los hay, pasar a la práctica de la siembra, de la producción autosostenible y de las energías limpias en espacios autogobernados popularmente (sin ningún tipo de injerencia del gobierno de Maduro, porque ya sabemos en qué terminará su influencia y su injerencia: en que nada servirá, socialistamente hablando).

Maduro necesita, para complementar el proceso que lidera muy responsable y disciplinadamente, que por lo menos un millón de trabajadores de la administración pública venezolana renuncien. En esto si que ha entendido perfectamente el espíritu del socialismo. No puede funcionar una sociedad que pretenda la justicia social y la igualdad de oportunidades con una pesada, negligente e inoperante carga burocrática.

Es muy duro asimilar todo ésto. Pero es lo que realmente está ocurriendo y está por venir. Teniendo clara ésta panorámica nos vamos a ahorrar mucha violencia y mucho odio. Podemos atajar los ataques de ira de la oposición, que otra vez, en su drama chimbo, quiere invasión, guerra, guarimba, confusión y destrucción.

Maduro necesita tiempo. Y nosotros necesitamos paz, así tengamos que aguantar, por un buen tiempo, la restauración de un capitalismo que en manos de Maduro y los dirigentes del PSUV (con todo y sus graves defectos y limitaciones), seguro será menos salvaje, menos fascista y.menos racista que el capitalismo colombiano, peruano, ecuatoriano, chileno, boliviano...

UN DOCUMENTO PARA DEBATIR.


 



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