Mi palabra

La feria de la pandemia

"La razón y las costumbres son en un pueblo

libre lo que las cadenas y los calabozos

son en un pueblo esclavo"

Camilo Torres

En el año de 1973, tuve el honor de presentar en varios actos al camarada Héctor Mujica, como candidato a la presidencia de la República, y en algunos sitios de pueblos y ciudades me tocó perifonear. Recuerdo una anécdota en Valencia, muy cerca de la plaza de toros; andaba muy animado con tres camaradas en un vehículo rustico, convocando para un acto y a la vez invitando a votar con la tarjeta del gallo rojo, con una consigna repetida a cada instante ¡Contra al hambre y la miseria vota por Héctor Mujica! En un momento se nos atravesó un joven, con una sonrisa de oreja a oreja levantando la mano para que nos detuviéramos; paramos y se nos acercó sin dejar de reír para finalmente darnos una explicación muy convencido de lo que estaba diciendo: ¡Compañeros se estarán muriendo de hambre ustedes, si quieren se bajan para que coman! Nos echamos a reír, y al reanudar la marcha se encendió una discusión para finalmente meternos en la cabeza, que el atrevido muchacho en parte tenía razón.

Este breve relato de aquellos tiempos, me viene a la memoria, cuando voy al centro de la ciudad, a pesar de haber limitado mis andanzas, por varias razones entendibles, las más inmediatas: la edad –más de 70 años– y la recomendación de la OMS, evitar las aglomeraciones al comprobarse, como una de las causantes para la propagación del Covid–19; sin embargo, algunos veces echo atrás los recuerdos de mis años de juventud, cuando hacía interminables recorridos vendiendo el órgano del PC "Tribuna Popular", y salgo andar para conseguirme las principales avenidas y transversales del casco de la orbe convertidas, en una verdadera "feria" precisamente donde existe la mayor concentración del comercio. Son ríos de gente, que van y vienen comparable al mes de diciembre, y es raro ver alguien pidiendo, echando por tierra, la argumentación de la oposición, cuando repiten a cada momento, que el pueblo se está muriendo de hambre.

La pandemia que estamos viviendo ha alborotado a todo el mundo, por la necesidad más urgente de cualquier ser humano: la alimentación, y precisamente cualquier local del centro, donde existían prosperas tiendas de ropa, calzados y prendas íntimas para damas y caballeros, han pasado a ser lo que anteriormente se llamaban mayoristas de víveres. Bastante caros, por cierto, pero se consigue por todas partes, y no faltan los compradores, y precisamente eso, es lo que ha convertido esta pandemia en lo que parece una feria en cualquier ciudad, bien sea capital o de las más importantes del estado. Nadie sale a comprar sin dinero.

Aparte de la venta de comida en locales; las aceras de calles y avenidas las han convertido en sitios de exhibición de cualquier vendedor ambulante, que, sabiendo el movimiento de dinero plástico, y dólares en efectivo, más la necesidad apremiante frente a una situación que viene golpeando sin piedad, como lo planificó el imperialismo con un bloqueo, que solamente lo pueden negar los interesados en sacar al Presidente Nicolás Maduro. Todo esto se conjuga, hasta presentar grandes contradicciones en la manera de opinar de la oposición, y lo que se ve en la calle. Creo, que, a pesar, de la grave situación económica de un país, casi paralizada por la falta de combustible, todavía no ha llegado la hambruna deseada de manera criminal y morbosa por la derecha y su amo Donald Trump, para producir un estallido social.

El desbordamiento de personas en busca primeramente de la comida, porque no podemos negar, que se ha presentado una diversidad en la compra venta; desde lujosos aparatos electrónicos de nueva generación –los celulares y televisores– hasta repuestos de motos y bicicletas pensando suplir el costoso vehículo y el grave problema de la escases de gasolina ¿Cómo lo hacen? ¡No sé! Pero lo hacen, y todo esto sirve para entender los cambios de una sociedad y la equivocación de una elite fracasada, que ha tratado de imponer la violencia, como una manera de hacer política. Además, podemos sacar algunas conclusiones de este momento tan complicado, pero a la vez con grandes enseñanzas frente a un enemigo, que no descansa, pero tampoco aprende de los pueblos, que quieren vivir en paz, y todos los días se esfuerzan por vencer las dificultades al salir a la calle, lleno de alegría, esperanza, pero a la vez corriendo un grave peligro frente a la pandemia, al buscar suplir las necesidades básicas.



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Narciso Torrealba


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