¿Dejar hacer, dejar pasar a la muerte?

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He señalado que dos concepciones sobre la sociedad y la economía se disputan el mundo: la que sostiene que la economía existe para servir a la sociedad y que por tanto en alguna medida debe estar bajo control social, y la que afirma que la sociedad existe para servir a la economía y que por tanto la debe dejar hacer, dejar pasar, sin importar las consecuencias. A tal ideología, tal gobierno; también tal respuesta a la pandemia. La combaten quienes respetan la vida; quienes respetan sólo los dividendos, la dejan hacer y pasar. Algunos números sobre la situación sanitaria para el 23 de marzo de 2020 aclaran el debate. (United Nations Geoscheme. provided under "Latest Updates". Worldometer's COVID-19 data).

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Seis países son persistentemente elogiados como modelos de la economía neoliberal, de la implacable negación de los derechos de los trabajadores y de la absoluta libertad para especular y explotar. No por casualidad son los que ocupan los seis primeros puestos en las estadísticas mundiales de la pandemia, en el orden siguiente: 1) Estados Unidos, con 960.651 contagiados y 54.256 fallecidos 2) España, con 223.759 contagiados y 22.902 fallecidos 3) Italia, con 195.351 contagiados y 26.384 fallecidos 4) Francia, con 161.488 contagiados y 22.614 fallecidos 5) Alemania, con 156.513 contagiados y 5.877 fallecidos y 6) el Reino Unido, con 148.377 contagiados y 20.319 fallecidos. Estas cifras no se explican por cercanía al primer foco localizado de infección en la remota Wuhan. Cinco de los países reseñados son europeos, alejados de China. Estados Unidos está prácticamente en sus antípodas.

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Quizá el deshonroso primer lugar en la estadísticas de la pandemia corresponda a la ideología y las políticas de la potencia del Norte. Su medicina es esencialmente privada. Para ser atendido es necesario tener un seguro. Más de la quinta parte de la población no dispone de él; en todo caso, las aseguradores incluyen en las pólizas astutas cláusulas que las dejan sin efectos en caso de pandemia. Para no perjudicar los negocios ni la asistencia al trabajo, se retrasó en lo posible declarar cuarentenas, y se dejó la decisión sobre ello a cada uno de los estados de la Unión. El Presidente disfrazó la situación alegando que la pandemia era sólo una gripe estacional; luego recomendó inyectarse antisépticos para combatirla, retiró los aportes para la Organización Mundial de la Salud y negó todo tipo de mejora laboral o salarial para personal médico y paramédico. Los resultados están a la vista. En pocos meses, la pandemia se ha llevado más vidas estadounidenses que la Guerra de Vietnam en más de una década.

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Examinemos por el contrario la situación en algunos de los países más sistemáticamente atacados por monopolios de la información y bienpensantes porque intentan hacer preponderar los intereses sociales por encima de los de los propietarios. Revisemos el caso de China, donde fueron localizados los primeros brotes de la pandemia. El gobierno de inmediato aisló el foco del contagio, adoptó las indispensables medidas de cuarentena, construyó en el término de semanas hospitales para aislar a los contagiados, hizo accesibles medicinas y cuidados médicos para todos los aquejados. Por ello, a pesar de ser el país más poblado del mundo, con 1.395.380.000 habitantes, sólo ocupa el noveno lugar en las estadísticas de la pandemia, con 82.827 contagiados y 4.632 fallecidos, mucho menos de la décima parte de los afectados en Estados Unidos, cuya población de 327.352.000 personas es casi la cuarta parte de la de China. Vietnam ya no aparece en las estadísticas mundiales de la pandemia: la controló desde el pasado febrero.

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Se argumentará que de las estadísticas de países tan lejanos no podemos extraer conclusiones para América Latina. Sin embargo, el neoliberal y retrógrado gobierno de Brasil ha logrado colocar a su país apenas dos puntos por debajo de la pobladísima China, en el puesto 11°, con 59.324 contagiados y 4.507 fallecidos. Le siguen el archiconservador gobierno del Perú, con el sitial 17°, con 25.331 casos y 700 decesos; el represivo gobierno de Chile en el sitial 27°, con 12.858 contagiados y 181 fallecidos; el exterminador gobierno de la ocupada Colombia, en el lugar 46°, con 5.142 infestados y 233 fallecidos.

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A medida que la lista avanza, es menor el número de víctimas. A larguísima distancia de los países mencionados, en el sitial 76°, siguen la bloqueada, agredida y constantemente vilipendiada Cuba, con 1.337 casos y 51 fallecidos, Venezuela, en el sitial 134°, con 323 casos y 10 fallecidos, y en el 197° Nicaragua, con 12 casos y 3 fallecidos. Son países que han sido saboteados en el campo económico, ultrajados en el mediático, sometidos a oleadas terroristas, intervenidos de manera directa o indirecta en el estratégico, acosados en lo internacional, y sin embargo, han adoptado medidas eficaces para controlar la pandemia. Cuba ha enviado brigadas de médicos y sanitaristas a veinte países, entre ellos Francia, Italia y Andorra. Venezuela ha repatriado más de 21.000 emigrados. Estados Unidos respondió poniendo precio a la cabeza de dirigentes políticos venezolanos, intensificando el latrocinio contra los bienes de la República Bolivariana en el exterior, bloqueando la importación de medicinas y equipos, lanzando una prepotente y disparatada demostración de fuerzas aeronavales en el Caribe para amenazarla una vez más con invasión.

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Resumamos: en la batalla contra la pandemia, han sido exitosos los países donde el poder político ha defendido los derechos de la sociedad, haciéndolos prevalecer sobre los del capital. No es raro que los voceros de la usura hayan levantado un clamor contra "la intervención del Estado". Ese clamor jamás se elevó cuando los Estados neoliberales rescataron con "salvavidas de oro" a los bancos quebrados en la crisis de 2009; cuando los enriquecieron con colosales contratos para producir armamentos inútiles; cuando otorgaron a los capitalistas inmunidad tributaria permitiéndoles esconder sus fondos en Paraísos Fiscales; cuando los salvaron de las crisis que ellos mismos habían provocado con políticas keynesianas de inversión pública para reactivar la economía. La rabieta de las plañideras de la globalización es contra la intervención que salva vidas; no contra la que los enriquece a costas de todos.

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En la configuración de las cifras citadas intervienen muchas variables, pero también excesivos intereses mezquinos y demasiadas políticas atroces. Bastante feroz es la pandemia, como para exaltar con panegíricos y elogios las estrategias que afilan su guadaña. Al elegir ideas y gobiernos, dejemos hacer y pasar a la vida y no a la muerte.



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Luis Britto García

Escritor, historiador, ensayista y dramaturgo. http://luisbrittogarcia.blogspot.com

 brittoluis@gmail.com

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