Hasta dónde llegar con Cuba

Hasta dónde llegar con Cuba
Por Luis Bilbao
(Texto publicado en El Espejo; edición Extra, abril de 2003)

Tres hombres fueron fusilados en Cuba el pasado 11 de abril. Un escalofrío desencajó a muchos intelectuales y políticos amigos de la Revolución. Uno de ellos, reconocido por sus dotes literarias y su honda fineza de espíritu, simbolizó a miles con una frase tomada por la prensa mundial: “Hasta aquí he llegado”.

José Saramago, autor de piezas invalorables como El Evangelio según Jesucristo, o Historia del cerco de Lisboa, entre tantas otras, confiesa acaso involuntariamente en esa oración que ya llevaba tiempo forzando su voluntad para acompañar al gobierno encabezado por Fidel Castro (nadie escribe una oración completa sin denunciarse, decía Thomas Mann). Y sin proponérselo resume el sentimiento de quienes ahora, con voz más o menos audible, toman distancia de la Revolución Cubana.

Una repetida sentencia advierte que la política exterior de un país es extensión de su política interior. Forzando apenas esa lógica se puede decir que la opinión de un individuo sobre cuestiones internacionales prolonga su postura en el escenario nacional. Nunca fue fácil ser en la vida cotidiana un revolucionario, un comunista, como se define Saramago. Pero ahora es más difícil que nunca. El sistema capitalista se hunde y apela urbi et orbi a su último argumento para posponer el colapso. Allí está la invasión a Irak para quien lo dude.

Es sabido que el representante del gobierno estadounidense estaba tras los mercenarios juzgados y que los fusilamientos se hicieron cumpliendo leyes por todas conocidas, aplicadas rigurosamente por tribunales ordinarios. Pero no cabe en momentos como estos refugiarse en leyes para eludir la cuestión de fondo: quienes condenan a Cuba y a Fidel por esto, en realidad le niegan a los trabajadores y el pueblo cubanos el derecho a ejercer su violencia organizada contra quienes quieren reimplantar en la isla emancipada la violencia rganizada en función de los intereses del capital. Y lo hacen precisamente en momentos en que el imperialismo acosado desde sus entrañas ataca con fiereza sin par en la historia.

Nadie sano podría hacer el elogio de la muerte, ni siquiera tratándose de asesinos mercenarios, como es el caso. Nadie consciente podría ocultarse la gravedad del momento histórico que vive el mundo, la necesidad de optar por la revolución o la barbarie, simbolizada en estas horas por la invasión asesina, el saqueo de reliquias arqueológicas y la quema de bibliotecas en Irak.

Es una opción terrible, desgarradora. Pero “huir de la muerte puede ser un segundo modo de huir de la vida”. Lo escribió Saramago, el 3 de octubre de 1996 en sus bellos Cuadernos de Lanzarote. Es tentador huir de la vida frente al espectáculo horrendo de un sistema que se derrumba y amenaza con arrasarlo todo. Precisamente por eso se hace más alta todavía la figura de los revolucionarios cubanos, que no sólo no huyen: continúan a la vanguardia.

En todo caso, no se trata de definir hasta dónde acompañar a Cuba. Se trata de saber hasta dónde se está comprometido en la lucha por abolir el capitalismo.

Luis Bilbao es director de la revista de teoría y política Crítica de Nuestro Tiempo y acaba de fundar la revista venezolana América XXI.


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Luís Bilbao

Escritor. Director de la revista América XXI

 luisbilbao@fibertel.com.ar      @BilbaoL

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