La destrucción del Museo de Bagdad o, el tiempo que te quede libre, dedícalo a Bush

Un estudio realizado por psicólogos gringos después de la Revolución Cubana, al que titularon “Santa Fe II”, plantea la importancia de apropiarse de la cultura de los pueblos para dominarlos. El estudio se fue desarrollando y ampliando con el tiempo y, después del 11 de noviembre concluyeron que el Islam, como cosmovisión arraigada en la historia y la tradición, se constituía en una de las armas de resistencia más fuerte con que contaban los pueblos árabes. Era pues, indispensable, borrar su memoria histórica. Por eso no es una casualidad el arrasamiento del Museo de Bagdad, que adrede dejaron sin vigilancia, como lo ha hecho el gobierno del presidente colombiano, Alvaro Uribe – único mandatario que se declaró partidario de la guerra de Bush en Irak – con el Monumento Nacional constituido por la Casa-Museo Jorge Eliécer Gaitán en Bogotá, que por ley está destinada a guardar los objetos personales, científicos y políticos del más grande líder popular de la historia de Colombia, al cual despojaron de toda vigilancia. Al suprimir la celaduría el gobierno colombiano expuso al saqueo y destrucción a ese valioso acervo histórico, que hace parte integral del patrimonio cultural de la Nación. Esta acción se apoya en la opinión de un psiquiatra colombiano que, a su vez, es el Consejero de Paz del Presidente Uribe Vélez, Luis Carlos Restrepo, alumno de la escuela gringa que promueve el fin de la memoria histórica de los pueblos, quien escribió un artículo titulado “La Sangre de Gaitán”, donde afirma textualmente que el cadáver del Líder Popular “hiede” (sic) porque está al origen de la rebeldía popular y que, por lo tanto, los colombianos deben convertirse en “sepultureros” de su memoria, al precio de que los llamen apátridas, pues es, según el psiquiatra de marras, la única forma para que el pueblo se deje gobernar mansamente y el gobierno alcance la paz. Esa paz para la cual ha pedido el Presidente Uribe, en acción que no tiene antecedentes en la historia de la humanidad pero que es perfectamente coherente con la destrucción de la memoria popular, que una vez que las tropas norteamericanas se desocupen en Irak, invadan a Colombia para acabar con el conflicto interno… La destrucción de la memoria histórica no solo implica propiciar el saqueo de los museos locales sino impedir la difusión de la tradición histórica popular. Por ello, en el Instituto Jorge Eliécer Gaitán, del cual depende la Casa-Museo, el director que acaba de nombrar Alvaro Uribe, de nombre Hernando Corral, a quien el pueblo ha comenzado a llamar “el sepulturero”, periodista al servicio de los intereses de la burguesía y, como tal, columnista del periódico El Tiempo, órgano reaccionario que en su época calumnió y difamó a Gaitán, ha ordenado la suspensión definitiva de los seminarios sobre el pensamiento de Jorge Eliécer Gaitán que se promovían desde el Instituto, prohibiendo, además, las visitas a la tumba del Líder Popular con el argumento dado a los visitantes de que “la carroña (sic) de Gaitán ya no es más que polvo y basura” y que, por lo tanto, no hay nada qué visitar. También esos psicólogos gringos pensaron en el peligro que para ellos constituye la Revolución Bolivariana porque remonta sus raíces al legado del Libertador. Si en lugar del Presidente Chávez, estuviera al mando de Venezuela un miembro de la burguesía venezolana, la Casa de Bolívar, Monumento Nacional en Caracas, dejaría de estar abierta al público y sin vigilancia, como la de Gaitán, para exponerla al saqueo. La presencia de Chávez en el poder en Venezuela es talanquera contra las pretensiones gringas de aculturizar a nuestros pueblos para volverlos frágiles en la resistencia contra la invasión. Esta es otra razón para que los latinoamericanos defendamos, como nuestra, la Revolución Bolivariana.



Bogotá, abril 20 de 2003



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Gloria Gaitán


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