La vanguardia y la "recuperación" del sistema

"Ahora dicen que el continente está en llamas, algunos se atreven a decir que son los planes de ese engendro reformista que llaman "Foro de Sao Paulo"… Habría que ver si está en peligro el capitalismo, si hay esperanzas de un cambio verdadero. Todo dependerá de cuál es la dirección de esos movimientos. Pueden ser completamente espontáneos,entonces, serán capturados, no pasarán de problemas de orden público. Quizá los dirijan economicistas, no pasará de algunas reivindicaciones económicas, no habrá peligro para el capitalismo."

Esto que dice Toby es describir cómo el sistema "recupera" a su favor toda resistencia y rebeldía. Es casi que una ley física, si la comparamos con la ley de gravedad, una inmensa masa ideológica atrae a la más pequeña, y, en este caso la corrompe… "La clave es si hay allí una verdadera vanguardia –continúa Valderrama –, todo dependerá de eso. Ya desde el Mayo Francés… conocemos estos sacudones sociales que no le hacen ni cosquillas al sistema capitalista, más bien le sirven de válvula de seguridad, una liberación de energía controlada." Como las deforestaciones controladas, por ejemplo, que sirven para recuperar y conservar un bosque…

De eso se trata la "recuperación" del sistema, de convertir en "aleado" al contrario que lo amenaza, de ablandar o desvirtuar esfuerzos intelectuales y de vida titánicos, como lo han intentado hacer con su pensamiento y sus obras con Marx y Engels, Lenin, Fidel, el Che Guevara, Bolívar, ¡hasta con Mark Twain que lo han hecho comiquitas!; vaciar la lucha rebelde consciente y revolucionaria de sus objetivos; vaciar al pensamiento de su fuerza reveladora, de su impacto moral y físico y convertirlo en tonterías, en tontas reivindicaciones, en paz y amor budista sin acción, cambiar nada; en franelas, frases vacías, comiquitas, afiches, lugares comunes hechos mercancías; hacer de la revolución una mercacía.

La proeza intelectual del madurismo escolar y sindicalero ha sido aferrarse a una idea primitiva de un Chávez joven e inexperto, editar el Libro Azul y decir que Róbinson (Simón Rodríguez) era superior a Marx, para abandonar a Marx y al marxismo en nombre de Chávez, el estudio, la planificación, el trabajo revolucionario y despotricar de la actividad intelectual de forma desvergonzada. Ahora tenemos a un Maduro diciendo a cada rato "hay que cambiar todo lo que deba ser cambiado" para no cambiar nada (o diciendo "hay que reformar todo lo que deba ser reformado"), Diosdado arengando "irreverentes en la discusión y fieles en la acción", para seguir aplastando a los críticos y a la crítica dentro del partido, o Jesús Farías recordándonos que "no podemos usar las armas melladas del capitalismo", como si todos fuéramos pendejos para creerle. Falsos líderes, "Seres recuperados" por el capitalismo desde hace tiempo, gestores del capitalismo que no creen en las vanguardias pero sí en "los poderes creadores del pueblo", como una fuerza espontánea y que ellos encarnan, la manipulación de todo un pueblo ignorante hasta la bestialidad más básica.

La contra parte de una vanguardia revolucionaria es el oportunista y la manipulación. Cuando un seudo líder que se califica de revolucionario prioriza, por encima de la urgencia para atender las necesidades humanas y sociales, los intereses materiales propios y de la empresa privada, con cualquier excusa ridícula, diciendo, por ejemplo, que "no hay que confundir lo urgente con lo importante", porque para ellos vale más lo importante, y esto es "expandir las fuerzas productivas", está abandonando el cimento de su lucha, un sentimiento que se "apiada" de la vida humana, las urgencias sociales y socialistas las cuales se atienden siempre primero, las cuales forman parte de los mismos planes para la transformación del Estado y la sociedad.

El oportunista abandona el espíritu revolucionario para repartir el poco dinero que haya en las reservas, entre ladrones y él mismo, que se aprovecha del momento: en cada distribución de dólares y bolívares no son pocos los burócratas los que sacan su pedazo (y que lo han sacado) a causa de su discrecionalidad (del poder que tienen) en la administración de las divisas y del dinero en general, abusando de ese poder, sin embargo muchos de ellos se autocalifican de líderes y de revolucionarios, dando un mal ejemplo a la población con sus discursitos bonitos, calumniando al socialismo y a la política como un oficio de ladrones de cuello blanco.

El capitalismo muta, se "recupera", se disfraza, para sostenerse en el tiempo devorándolo todo, y en tiempos de revolución lo primero que devora es la integridad del líder, su conciencia. Lo único que puede vencer al capitalismo es la idea positiva de su inexistencia, la idea de un mundo sin él y sin sus valores (o desvalores) esenciales, sin la ideología burguesa que se sustenta en un egoísmo mezquino y materialista; sin las aspiraciones pequeñoburguesas y los sueños aristocráticos, decadentes y ridículos.

La vanguardia de la revolución socialista debe estar convencida de que el capitalismo va a perecer. Debe sentenciarlo y fijarle una fecha de muerte, de lo contrario actúa como todos, en una sociedad de oportunistas aprovechadores. Los líderes falsos de esta "caricatura de revolución" han postergado los cambios, que se cultivan desde el primer momento en la gente de forma concreta, práctica, de cara a ellos, viéndolos a los ojos, sin promesas vanas (como ese cuento de nunca acabar sobre las fuerzas productivas y las alianzas con empresarios que se han robado miles de millones de dólares en complicidad con burócratas del gobierno, una lumpen burguesía con lumpen marginales devenidos en politiqueros de poca monta), prometiendo un socialismo incierto, en un futuro fantástico, irreal, mágico, el cual llegará de la nada, haciendo abstracción de los seres de carne y hueso que padecen.

La vanguardia debe vencer la lógica del capital, caminar hacia esa dirección sin distracciones de ningún tipo, y hacerlo bajo un control (un auto control) férreo, una conciencia obsesiva respecto a las desviaciones sustanciales, de las desviaciones pequeñoburguesas, que afectan la consciencia social, del deber social, que la contaminan con apetencias personales materiales, tentaciones que merman la moral socialista fundamento de la nueva sociedad; debemos ser "socialistas fundamentales", ¡todos! y todos los días, como dice Fidel, si queremos hacer una revolución: la solidaridad, el amor al prójimo, la igualdad y la justicia; la defensa de la vida y del planeta; la defensa de la especie y de la vida que la sustenta (y más allá… la moral en la crítica, en el debate, en la honestidad, o sea, en la verdad).

Toda esa voluntad de ser mejores seres humanos no solo puede ser "recitable", conceptos fríos y vacíos que riman en discursos "bien bonitos", sino un cúmulo de cualidades vivas, practicadas, no solo declaradas o establecidas, como diría Bolívar; hay que mostrar rasgos humanos como esculpidos en la piedra, encarnados en nuestro ser vital, ese es el reto. Fácil es formar capitalistas.



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Marcos Luna


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