Hamponato y hampocracia

—Sentido pésame compita.

Supe lo del muchacho que lo mataron. Qué buena broma.

—Así es.

Un hombre tan trabajador como se muchacho, desde pequeño trabajando para llevar algo para la casa y cuidando a la mama siempre.

Me merecía una muerte así. ¡Dios bendito!

—A caramba, ¿y cómo está la señora?

—Desamparada.

Usted bien sabe que ella ya es una anciana y su muchacho, único hijo, velaba por ella.

Esa mujer está por el suelo.

Quedan las nietas y el nieto, pero esos tuvieron que irse del país a buscar mejores condiciones de vida. Unos migrantes, pues.

Madre e hijo nunca se separaron, siempre vivieron juntos.

Cuando él se casó y conformó su familia construyó su casita al lado de la mama, para atenderla y cuidar de ella.

Y vengan a matarlo para robarle una camioneta vieja que tenía. ¡Valga hombre!

—Venía del trabajo cuándo pasó eso.

—Sí hombre, venía de matar un tigre.

Porque usted sabe que por esos lados la industria petrolera está paralizada, no hay trabajo.

Me han dicho que hasta los mechurrios se apagaron porque ni gas hay. Cien años quemando gas de tanto petróleo que había y ahora nada.

El era un hombre que transportaba maquinaria y equipos pesados para las petroleras, pero el trabajo está muy menguado. O mejor dicho, no hay trabajo.

Alguien me preguntó si lo habían matado por cobrarle vacuna.

—A bueno, esa es la otra.

En este país eso es un gran negocio, todo el país vive azotado por ese flagelo del cobro de vacuna.

No importa si el negocio es grande, mediano o pequeño el cobro de vacuna va. Y el que no quiera pagar lo matan.

—Este estero es un hamponato, como dijo el de Guatire.

Es la práctica de todos los días.

Cómo no se va a dar ese hamponato si lo que hay de gobierno es una hampocracia.

Porque un gobierno que se sustenta en el discurso del resentimiento lo que termina es en la hampocracia. Allí tiene su capital humano.

No ve el comportamiento de estos gobernantes, óigalos hablar y mire como comportan. Hasta Al Capone les tiene miedo.

La hampocracia es el régimen imperante.

Y de ahí pa’ bajo la muerte es lo que impera.

—En esa vivimos todos los días, con la vida en vilo.

Uno sale y no sabe si regresa.

—Gracias a estos perversos, que han convertido este país en un hamponato.

La muerte es el pan de cada día.

La familia que no se desintegrado porque se han ido a comer a otro país, es porque el hampa los ha matado.

¿Qué se puede esperar de hampocracia? Dígame usted.

—Muerte y desolación.

Cuando lo que han inculcado es el resentimiento y el odio.

Y qué si es más landro más le toca.

—Así es.

Uno vive en la desesperanza porque esa es la idea de vida de estos chavistas.

Que la población viva de rodillas, en la miseria y en una permanente angustia.

Los miserables nos han convertido en miserables. Pero hay que aguantar.

—Hay que vivir guapeando todos los días.

No queda otra porque si no se lo come el tigre.

El tigre rojo rojito.

—O mejor dicho la alimaña revolucionaria, y si se quieren ofender que se ofendan.

Porque ante la mala muerte de un ser querido, cómo hace uno para no odiar a estos bichos de uña.

Sigo pa’ la casa. Nos vemos luego.

Y le dijo: Por ahora, apriete.



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Obed Delfín


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