El alerta roja de los indefensos

Pregúntele a cualquier venezolano de a pié; paséese por la Plaza Bolívar de Caracas o de Mérida y pregunte, hacia dónde dan nuestras fronteras, qué conocen de Guyana, si está al Sur, Este, Norte, Oeste de Venezuela… y sorpréndase, la mayoría de los habitantes de este país no saben nada de aquello que no importa a sus propios intereses; conocer de geografía es una pérdida de tiempo, así como ocupar el tiempo leyendo historia o ensayos de teoría política; ¡de vaina se lee el periódico! y no todo, solo chismes (que es casi todo) y los clasificados. Estamos aislados en este mundo en razón a nuestra ignorancia y a nuestras necesidades (básicas, originales, o recientemente creadas)

¿Cuántos venezolanos están en "alerta naranja" para defender nuestras fronteras? Ninguno. Empezando porque nadie, ni siquiera la Fuerza Armada nacional, sabe qué coño es una "alerta naranja", porque esa especificaciones de alertas parece que no existen en las nomenclaturas de guerra que enseñan en las escuelas militares, donde se habla de otra cosa. Ni Maduro sabe qué vaina es esa. Son solo manipulaciones, propaganda, jugar a la guerra por televisión.

El Alerta Naranja es una manera de aterrorizar a la población por un ataque inevitable y sorpresivo, por lo regular inventado, inexistente; mantener a la gente distraída o cagada; no es un alerta para los ejércitos, ellos se conducen bajo otros protocolos o códigos militares diferentes.

En EEUU y Europa se usan estos colores para mantener a la población con la conciencia un poco suspendida, medio suspendida o completamente suspendida, persiguiendo y denunciando de forma impulsiva y automática a yijadistas – velos, burkas y turbantes – por todas partes. Sea el caso, cualquier extranjero negro, moreno, latino, árabe, persa, turcochipriota o hindú es sospechoso, como antes fueron los eslavos, rusos y los otros.

Pero dentro de las mayorías menesterosas la pérdida del futuro (la esperanza), la incertidumbre sobre lo qué será mañana, qué será ese algo por venir, de forma inesperada, si malo o bueno, es como para estar en constante alerta. No sabemos de dónde provendrá el próximo coñazo a nuestra integridad física y moral, no sabemos nada, no tenemos garantías de nada. Y esto no es un ejercicio de filosofía, más bien es un estado de desengaño, de consciencia o clarividencia sobre la pérdida de los valores que sostienen la existencia humana en nuestra sociedad.

Nos hemos visto obligados a vivir el día a día desesperanzados pero no porque seamos un pueblo trágico, ¡hasta los pueblos trágicos creyeron en algo eterno!, se trata de salvar el día pero angustiados de que nada vale la pena, de no poder planificar para luego porque no sabemos nada del mañana, porque no tenemos razones para luchar por el mañana; hablo de la desesperanza, cada quién en su rincón escuchando noticias y recogiendo los peroles para irse a Colombia o a casa de una prima en Miami.

Ese estado sostenido de incertidumbre es el logro pertinaz de la mentira gubernamental y del sistema en general, el cual es fantasioso. Si hemos sido sometidos una y otra y otra vez a situaciones de engaños, disimulos, soportando incesantes frustraciones que han ido ablandando nuestra capacidad de creer, a la larga lo que queda de nosotros es una resignación mórbida, un dejarse llevar por la corriente hasta la muerte, locos, como la pobre Ofelia.

Esta alerta roja es para que podamos adelantar nuestra conciencia y ver el destino que nos depara la resignación, si acaso no reaccionamos frente la mentira, a la ilusión de país que nos muestran los dirigentes, el falso presidente y obrero, los ministros y una oposición insana, que arrastra y jala hacia un abismo, anestesiados, sin poder hacer nada.

Lo contrario sería encontrar de nuevo razones para luchar…, y luchar. Descubrir más allá de la mentira hasta dónde podemos hacer, construir, hablar, protestar; más allá de la ilusión y las palabras vanas acercarnos a la realidad, a la verdad de lo que somos. Hay que volver al camino de Chávez y lavarnos de ese patuque de falsa revolución, de un "presidente obrero" que piensa como sindicalero adeco, sacudirnos de las "alertas naranjas" del fiscal y Jorge Rodríguez, que nos tienen idiotizados.

Hay mucha gente trabajando que cree en Chávez, pero que cree además que este gobierno lo representa y que es inocente de cuanto se lo acusa. Pero la realidad es implacable, solo deben ver y sentir las consecuencias de una sucesión de mentiras usadas como velos para el pragmatismo oportunista, aprovechador, mezquino y la improvisación, en seis años hasta hoy; vean bien el desastre que somos después de haber sido esperanza para el mundo. Ahora somos más débiles, estamos más solos, tenemos menos fe, menos salud; queremos salir de nuestro propio país para que nos humillen en otras tierras ingratas, sin enfrentar el engaño, a la mentira con valor, gritarle en la cara ¡Eres un mentiroso! ¡No has engañado por seis años! ¡Queremos volver al espíritu combativo de Chávez! ¡Basta de trucos!

Despertemos los que vamos a despertar y retomemos el espíritu de lucha por una sociedad mejor y más justa, por el socialismo, el camino que nos legó Chávez con su Plan de la Patria. Y los adormilados: ¡Bien aventurados sean, que ellos se quedarán dormidos!

¡Alerta Roja!, es hora de la revolución socialista…, siempre es hora de la revolución socialista. ¡Fuera los farsantes! ¡Viva Chávez!



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Marcos Luna


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