Los desacuerdos con los acuerdos firmados

El gobierno bolivariano, desde el año 2002 con el presidente Chávez, ha llamado al diálogo con los sectores que le adversan. Fue el sector empresarial quien originó la crisis a través de FEDECÁMARAS marcando distancia por la nueva Carta Magna o CRBV. Los puntos que le causaban prurito al empresariado fue la eliminación del carácter no deliberante de la Fuerza Armada Nacional, la extensión del período presidencial con posibilidad de reelección inmediata, el empoderamiento del Poder Popular, la reivindicación de los trabajadores en materia laboral, entre otros aspectos, marcaron la ruptura con el gobierno de Chávez y afianzaron la lucha de clases entre la clase burguesa venezolana y el proletariado (la clase trabajadora), el origen real de todo este enigma que mantiene en jaque al pueblo venezolano. Se creó una mesa de diálogo con ambos sectores: Fedecámaras (con Pedro Carmona, defendiendo sus intereses, en contra del Referéndum Constitucional y las 49 leyes que consideraban violaban la Constitución de 1999), y Chávez que impedía la defensa de los intereses de la oligarquía que se oponía a la aprobación de unas leyes que permitían mayor beneficio y seguridad a los más pobres. Los sectores adversos de ese entonces son los mismos que hoy día continúan siendo contrarios a todas las políticas del gobierno: partidos políticos opositores divididos, el sector empresarial y la iglesia católica. No hay acuerdos, el diálogo se rompe y Fedecámaras llama a un paro nacional, el cual pasó a la historia como el gran hito de protesta de la sociedad empresarial. Ellos afirman que su éxito fue mayor que el de la huelga que derrocó Marcos Pérez Jiménez, solo que en esta ocasión no tumbaron al régimen de Chávez por la cohesión existente entre la FAN y la sociedad civil quienes salieron a la calle en defensa de la revolución. Para ellos fue un triunfo, porque lograron desangrar al país económicamente por incentivar a un paro petrolero y empresarial, cuyas pérdidas totales aún hoy se desconocen.

Desde ese entonces hasta nuestros días los venezolanos hemos visto cualquier cantidad de mesas de diálogos. Hasta un presidente colombiano enemigo de la revolución bolivariana, que no pudo dirimir el conflicto en su país, tuvimos como mediador; pero nunca se ha llegado a acuerdos concretos. Sin embargo, según un estudio realizado por la encuestadora Hinterlaces, publicada en marzo de 2019, el 81% de los venezolanos apuesta por un diálogo entre el gobierno de Maduro y la oposición para resolver la crisis política del país. También revela este estudio que el 57% de los venezolanos considera a Maduro como el presidente legítimo de Venezuela y un 32% cree que es Guaidó. Los venezolanos amantes de la paz y de la sindéresis apostamos porque se logre el equilibrio a favor de la no violencia. En este sentido, el gobierno del presidente Maduro se reunió con un sector de la oposición venezolana en la cancillería, donde acordaron seis puntos vitales: incorporación a la AN de la fracción del PSUV-GPP; conformación del nuevo CNE y las garantías electorales que deben acompañar estos procesos; liberación de los políticos presos; reafirmación y defensa de los derechos legítimos de Venezuela sobre la Guyana Esequiba; rechazar la aplicación de sanciones económicas contra el país violatorias del Derecho Internacional y exigir el levantamiento de las mismas; proponer se instrumente el programa de intercambio de petróleo por alimentos, medicamentos e insumos para servicios básicos. El núcleo que firmó el acuerdo con el gobierno se deslinda de las manifestaciones antinacionales y entreguistas de algunos voceros de Guaidó y rechazan las sanciones, pirateo y bloqueo de los EE.UU., lo que causó la ruptura de las negociaciones que se llevaban a cabo en Barbados con mediación de Noruega.

La oposición de los partidos que apoyan al rastrojo de Guaidó una vez más está en desacuerdo con los acuerdos firmados. Un sector del chavismo aún no se pronuncia, o prefiere mantenerse en silencio para ver los frutos del mismo y el más radical guarda sus reservas con este acuerdo. Particularmente estimo que el único personaje sensato de los firmantes de la oposición es el profesor Claudio Fermín, ha defendido sin vacilar su postura nacionalista, ha rechazado abiertamente los bloqueos y sanciones económicas contra el país, manteniendo su postura como adversario contra el gobierno. Si la participación del PSUV-GPP en la AN no implica la superación del desacato en el que se encuentra ésta, ni tampoco la garantía de ningún acuerdo, entonces no tiene ningún sentido su reincorporación, toda vez que cualquier decisión que de aquí emane el órgano legislador no tiene fundamento según lo ha indicado el TSJ en varias de sus sentencias, contradiciendo así su postura de no incorporación hasta tanto la AN tome el hilo constitucional. Si los cambios en el CNE favorece más a la oposición que al gobierno, esto significa que el gobierno estaría avalando una tesis de la oposición de que todos los procesos electorales han sido viciados, o alterados, o ha habido fraude por los miembros que integran el actual CNE; entonces, esto es la espada de Damocles del gobierno, entrega en bandeja de plata al CNE, cuando todos sabemos que cada proceso electoral ha sido confiable, ratificado por organismos internacionales, incluyendo el Centro Carter. Por otra lado, Seguiremos viendo los venezolanos las aventuras de sus dirigentes de hacer Golpes de Estado, intentos de magnicidio y guarimbas contra el gobierno, para que luego sean detenidos pero inmediatamente dejados en libertad como garantía del respeto al diálogo. Así las cosas pregunto ¿cuántas veces este gobierno seguirá perdonando a los golpistas? A cada perdón una traición y así seguimos ¿Cuántas veces los asesinos de la oposición seguirán matando personas para que luego sean dejados en libertad como muestra de “respeto” a un diálogo, cuando la oposición nunca la ha tenido? ¿Seguiremos siendo los chavistas los pendejos o el hazme reír de la oposición con estos términos de “buena fe”? Este acuerdo lo deploro totalmente, porque lejos de conciliar hace ver débil al gobierno. Aún esperamos acciones contundentes contra todos los golpistas, especialmente contra Guaidó. Tanto la defensa de nuestra soberanía sobre la Guyana y de todo nuestro territorio, como el rechazo de las sanciones económicas, deben ser expresadas en términos de no violación a nuestros principios fundamentales de nuestra Carta Magna, a la no entrega del mismo por cualquier vía; así como el principio de la autodeterminación de los pueblos, deben ser castigados con todo el peso de la ley contra aquel o aquella que haya intentado socavarla u hollarla o propiciado una invasión. Aquí no puede haber medias tintas, o somos nacionalistas bolivarianos o no lo somos. En cuanto al programa de intercambio de petróleo por alimentos, medicamentos e insumos debe ir unido por la protección de nuestro salario, extensivo a las pensiones de los adultos mayores y a la mujer en estado de gravidez, debido a las sanciones económicas que ha conllevado a una dolarización e hiperinflación, a través del sector empresarial que ataca al pueblo venezolano. Agregaría dos acuerdos más: séptimo, comprometer al sector empresarial a bajar los precios, a sincerar los costos de los productos, en caso de que éste irrumpa el mismo debe ser sancionado penal y civilmente; octavo, que la iglesia católica se sume a los puntos acordados y se deslinde de los intentos golpistas contra un gobierno legítimamente elegido.

El chavismo abre espacios para crear consensos en todos los aspectos, a pesar de no contar con la mayoría opositora el gobierno sale fortalecido; mientras Guaidó cada vez más se debilita y Maduro gana cancha. Sin embargo, como dijo Albert Einstein, no pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo, en este caso perdonando, cediendo, poniendo la otra mejilla. La peor crisis que nos ha tocado vivir ha sido la ineficiencia, la incompetencia, el no haber tomado decisiones contundentes a tiempo. Camaradas es el tiempo, es la hora, de acabar de una vez con la crisis amenazadora que es la tragedia de no querer luchar por superarla, de temer a una invasión o a otra locura amenazante del imperio que nos limita a actuar en defensa de lo que nos corresponde. Bastante pueblo hay aquí, para defender esta tierra, para defender esta patria, de cualquier intruso que pretenda venir a humillarla. El honor de esta tierra de libertadores no la pisotea nadie. Para afirmar mi dignidad yo elijo a Bolívar.


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Esmeralda García Ramírez

Licenciada en Administración Articulista

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