Odio y democracia

—El odio y la democracia son dos cosas incompatibles. No cree usted compita.

—Explíquese de forma más extensa, para entenderle mejor.

—Mire usted, en una democracia todos nosotros, la población pues, debemos disponer de condiciones sociales fundamentales para no sentirnos humillados y, por el contrario, sí sentir respeto por nosotros mismos y los demás.

Pues en una democracia es necesario que nos tratemos como seres dignos y de igual valía en tanto ciudadanos.

No es que todos seamos iguales, no es eso.

—Le entiendo este punto.

—Por otra parte, debemos tener derecho a la participación ciudadana y a la protección de la libertad de expresión, para poder participar de forma más o menos efectiva en las decisiones que atañen nuestra vida como ciudadanos.

Esto lo dijo, porque los electores tenemos que tener la oportunidad real de hablar y a reflexionar entre nosotros, para aclarar qué pensamos realmente sobre las cuestiones que deseamos como ciudadanos.

—Es la idea que hemos venido conversando en estos días.

Quitarle el protagonismos a los políticos de oficio, y no me refiero en ningún sentido peyorativo sino que esa es su función. Es decir, son políticos profesionales o de oficio.

Por el contrario los ciudadanos no lo somos, pero debemos tener una participación realmente seria y consciente.

—La conversa ciudadana, que es necesariamente política, es fundamental para comenzar a desplazar esa actitud destructiva y posicional que se ha enraizado en estos años y ha causado tanto daño real.

La hostilidad política y social se ha manifestado en una ira, un odio de unos contra los otros; de ahí que nos hayamos ofendido con insultos de todos los calibres.

Esto ha dado margen, por otra parte, a culpar siempre a lo demás. Estamos pendientes de cualquier ofensa real o potencial para darle una rápida respuesta por la vía del insulto.

—Eso es lo que ha prevalecido en estos últimos veinte años.

La política ha sido sustituida por el insulto y la ofensa, y estamos bien creídos que con eso estamos haciendo política.

—Así ha sido en todos estos años.

Nos corresponde a nosotros combatir la ofensa y los insultos. Tenemos que sobreponernos a ese odio inculcado.

La República debe prevalecer sobre lo destructivo y el odio.

Hay mucho que reflexionar sobre lo que el odio y el miedo nos han limitado como ciudadanos y nos ha impedido crear una nación próspera. En cambio nos hemos convertido en una nación de miseria y vergüenza.

Tenemos que quitarnos esa ceguera, esa venda y ver los peligros que para la República ha entrañado el odio motivado por el miedo.

—La conjunción de odio y miedo ha sido fatal para la gente, para nosotros.

Los políticos se han aprovechado de estos para tener sometidos a los electores, que somos todos nosotros; por eso es que hay que quitarles el protagonismo y la manipulación que han impuesto.

—Tenemos que elegir, por lo menos entre dos opciones. Uno: la vida del odio impulsada por el miedo que suma cero. Dos: la vida ciudadana que busca reconstruir una nación.

Estas creo son, por lo menos, las dos alternativas que tenemos delante de nosotros, la que elijamos determinará nuestra vida pública y privada.

Esto no es una cuestión de grandes líderes, sino que se trata de una elección que nos atañe a todos como ciudadanos.

—Imagínese que nos da por escoger la senda del odio y la rivalidad para alcanzar la gloria política.

En este caso, creo que lo mejor será no contar con ideales firmes ni con compromisos morales profundos. Pues, lo que deseamos son las armas para vengarnos sobre el otro de no sabemos de qué injurias.

Nuestra posición, con esta decisión, será la del resentimiento. Muy en boga en el discurso políticos de estos años. Que nos ha llevado a vernos como enemigos.

Fíjese que gran parte del discurso político ha sido esto: el odio, el resentimiento, la envidia, el miedo.

Un discurso manipulado y contradictorio. En un momento te dicen que te quieren mucho y al rato sacan toda la basura del odio. Eso lo hacía mucho el difunto, una bipolaridad que ha permanecido

Me disculpa, pero seguimos hablando de esto más tarde.

Y le dijo: Por ahora, apriete.


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Obed Delfín


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