La “cultura del trabajo” y el gobierno que no trabaja

En el socialismo los que más trabajan deberían ser los revolucionarios, primero para tomar el poder, político y económico, y luego para construir la nueva sociedad al tiempo que se desmantela la vieja. No puede ser que luego de alcanzar el poder político los socialistas entreguen esa responsabilidad a su enemigo lógico, a los capitalistas y a los terratenientes que tienen el control económico y fundamentan la injusticia social. Y más loco aún, que esta especie rara de socialistas use un argumento a favor de sus métodos y objetivos, el argumento de que ellos, los capitalistas, son más eficientes en el proceso de producción estimulados por la ganancia, más que bajo la administración del Estado en manos de los socialistas y los trabajadores, estimulados por la justicia e igualdad social, porque, según estos socialistas blandos, estos trabajadores maleducados son flojos, están acostumbrados a obedecer, no a pensar ni a administrar la producción. Claro, lo que todavía no pueden resolver los blanditos en sus mentes, ni justificar ante la gente, es quién se quedará al final con la renta del trabajo, con las ganancias.

Parece ser que a estos socialistas suaves, les basta con la creación de fuentes de trabajo en un país de gente desempleada, no importa mucho que sean para el trabajo manual, el trabajo duro que exige la explotación capitalista. Hasta ahí llega el impulso socialista de los maduristas, producir empleos y producir a costa del empobrecimiento y la explotación de estos trabajadores. Y producir riqueza para el disfrute de los ricos de siempre, de la burguesía de siempre; y para beneficios de ellos, los burócratas autorizados, administradores de la ley y del poder del estado. Al pasar el tiempo se les olvidará para qué era que habían tomado el poder… En fin, el trabajo de hacer la revolución se lo delegan a los capitalistas ¿No es esto un disparate?

Luego viene el argumento para justificar el disparate. Dice Mario Silva, el conductor de programas de tv –que habla en nombre del gobierno, que cree mucho en él y que parece saber mucho de revolución – que “lo que pasa es que todavía no hay socialismo (como si eso no se notara) pero que estamos en el camino hacia el socialismo”, o sea, después de 20 años de haber tomado el poder político todavía estamos en camino camino hacia el socialismode, de tomar el "control económico" pero con los métodos , herramientas y espíritu capitalistas. A Mario Silva, y a casi todos los maduristas, se les olvida que Maduro revirtió el proceso de cambios adelantado por Chávez. Sin embargo, según él el socialismo es como “la tierra prometida” de la diáspora judía, un sueño inalcanzable.

Para nuestros líderes (los de ellos: es solo un gesto amable) con estos argumentos es fácil abandonar la responsabilidad de trabajar para construir el socialismo; incluso, es fácil dejar de trabajar sin más, y punto. Con esta manguangua todos estos pícaros reformistas, Maduro y sus muchachos, Mario Silva, los diletantes del madurismo, asesores y ministros, la masa de relevo de la ANC, más los sindicatos y sindicaleros, se echan las bolas al hombro, y dejan que Pérez Abad o PROTINAL, los chino y rusos, en fin, que la “burguesía revolucionaria” bautizada así por Castro Soteldo, haga la revolución por ellos. A esos vagos solo les correspondería entonces fomentar la “cultura del trabajo” entre los obreros, campesino y empleados, la mayoría ilusos, sobre todo aquellos que trabajan para el Estado, los cuales gritan de felicidad con un aumento de sueldos sin importarles al destino o la situación de sus camaradas en otras empresas o en el campo.

Realmente, los que no trabajan son ellos. Con todo y eso quieren crear una “cultura del trabajo”, la misma que ellos no tienen, y que no es otra cosa que afianzar la cultura de la explotación y la obediencia al explotador, al patrón, sea chino, ruso, norteamericano, judío, árabe, dominicano, colombiano, venezolano, etc. etc. etc., de la raza o nacionalidad que sea.

El otro asunto oscuro es: ¿Cómo pueden los trabajadores participar en el proceso de producción de manera creativa en un proyecto capitalista? ¿Dónde está la trampa? Si yo trabajo de manera creativa para producir más riqueza, es evidente que yo quiero recibir una parte de esa riqueza proporcional, a mi trabajo creativo. Pero eso no está planteado en los consejos productivos de trabajadores, porque de ser así los inversionistas les pintarían una paloma del tamaño del obelisco de Altamira a los planes de Maduro

¿Dónde está la trampa? En que esa “cultura del trabajo”, ese engaño, no toca a los sindicatos ni a los sindicaleros, los cuales formarán la tercera pata de la consabida “tripartita” adeco copeyana, ahora renovada por maduro en los “consejos productivos de trabajadores”. Tanta pompa antiimperialista para acabar reproduciendo al calco el pacto tripartito adeco copeyano. Más adelante veremos cómo se termina de consolidar el otro pacto, el correlativo al de Punto Fijo, con la “oposición democrática”, y así regresamos del futuro, nos despertamos del sueño de Chávez y la revolución socialista y bolivariana y estamos, felizmente en tiempos de la cuarta; donde la oposición y la clase media machucada por el madurismo juran que se vivía mejor.

Esta es la ecuación reformista: Gestores del capitalismo, que no trabajan, ni física ni intelectialmente + capitalistas coloniales y burguesía parásita + sindicatos y sindicaleros corruptos y traidores / sobre un pueblo ignorante, roto y menesteroso = Cuarta república, es decir, democracia burguesa y representativa: he ahí el alcance de nuestros señores reformistas, los cáculos de los socialistas blandos, socialistas dulces, socialistas de mentira. Este es el mejor panorama que nos pinta el madurismo, ¡y el peor…! la ruta hacia el infierno del fascismo.


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Marcos Luna


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