Miedo político: ellos y nosotros

—Compita, yo creo que todo este desbarajuste actual tiene se causa en el miedo político.

—¿Cómo dice usted? ¿A qué se refiere?

—Fíjese, todo el mundo sabe que en 1998 cuando Chávez Frías se perfiló como ganador de las elecciones presidenciales se desató un miedo en la gente que era opuesta a este candidato.

Un miedo, podemos decir, natural, y hasta ahí todo era normal. Pero luego ha ese miedo producto de las incertidumbres, se le superpuso otro miedo. Éste último fue elaborado sobre la base del otro, ¿me explico?

—Siga usted, todavía no le agarro el trinqui.

—Mire, en la gente opositora había un miedo por lo desconocido y eso es normal. Sin embargo, cuando Chávez Frías comenzó a gobernar a ese miedo natural se le montó otro miedo que fue el miedo político.

Con este último, se explotaron y ahondaron todas las debilidades del primer miedo. A partir de ahí la gente de oposición comenzó a sentir que su nivel de vida empeoraba, cuando en verdad todavía nada de eso estaba sucediendo. Los políticos empezaron a explotar el miedo a un futuro inmediato que era desastroso. Lo cual nubló todo entendimiento posible, tanto los partidarios opositores como de los políticos de oposición.

¿Y eso qué produjo? Una reacción de defensa, cierto.

—Muy cierto.

—Entonces ¿qué hicieron esos partidarios de la oposición? Optar por echar la culpa de todos sus miedos y del pavoroso futuro a los «malos» ¿Y quiénes eran éstos? Los chavistas.

¿Qué se plantearon los opositores? Si «nosotros los buenos» conseguimos que los malos no entren (evitando este gobierno) o logramos ponerlos en su lugar (fuera del gobierno), «nosotros los buenos» podemos recuperar nuestro lugar (el gobierno) que es lo que nos corresponde y merecemos.

Ese era el argumento en términos generales.

—Por ahí va la cosa en ese momento.

—Lo que produjo ese razonamiento fue el miedo político inculcado. El cual condujo a estrategias agresivas contra los que eran tildados de malos, es decir, los chavistas. Y se hizo como si el fin del mundo estuviera cerca.

En ese momento no se produjo un análisis útil de la situación. Y los políticos de oposición no quisieron que el mismo se produjera.

Claro, me pueden decir: «Pero mira a dónde hemos llegado». Si pero esto es consecuencia de todos los desatinos políticos que se cometieron antes de parte y parte.

Porque le voy a decir algo, abriendo un paréntesis, el difunto al inicio de gobierno estaba políticamente más enredao que pollo comiendo pellejo. Ese no sabía ni tenía idea de para dónde iba, esa es una verdad que se puede constatar en las diferentes habladeras que dejó grabadas.

—Mucha razón tiene en esto último.

—Siguiendo con el asunto que me preocupa, y no estoy echándole la culpa a nadie sino desbrozando la situación para ver porque cuál camino hay que agarrar. Y esto quiero que me lo entienda usted.

—Yo le entiendo su preocupación. Siga adelante, no se preocupe.

—En la medida, y al mismo tiempo, que los políticos de oposición comienzan a utilizar el miedo político entre los suyos; este mismo miedo se extiende entre los chavistas que aspiran a conseguir beneficios en y con el gobierno de Chávez Frías y se adhieren irreflexivamente a éste.

La angustia se apoderó de la mayoría de la gente sin importar si eran de la oposición o chavistas. Porque ambos electores se sintieron amenazados, y las estrategias del miedo comenzaron a ser utilizadas por los políticos de ambos bandos para sacar el mayor beneficio propio.

Los políticos explotaron esa angustia haciendo sentir a la gente que la democracia estaba al borde del colapso y azuzaron el racismo, el odio social, religioso, cultural y dele pa´lante.

—Por ahí iba la cosa. Y ya le estoy entendiendo por donde viene.

—Todo se basó en el miedo.

Y éste se basaba en el posible derrumbe de las libertades de expresión, de movimiento, de asociación, de prensa, religión, de quitarles los hijos y váyase por ese barranco.

Que todo lo que se conocía estaba a punto de desaparecer.

¿Qué hicieron chavistas y opositores? En vez de ponerse a analizar la cuestión que estaba pasando con seriedad y escuchar los argumentos que ambas partes planteaban, para tratar de comprender los diversos aspectos que se estaban produciendo en ese momento, lo que hicieron cada uno fue demonizar al otro calificándose mutuamente de monstruos y de enemigos de todo lo bueno.

Si se fija, ambas partes tuvieron una actitud irracional que aún persiste. La cual nos tiene entrampados en esta vorágine política que favorece a muchos políticos de río revuelto.

Esta actitud irracional fue fomentada tanto por los políticos de oposición como por Chávez Frías y sus acólitos. Eso hay que entenderlo y tenerlo muy claro para no caerse a coba en este momento.

—Mire, ya vamos a seguir conversando que allá va aquel que me debe cuatro fuertes.

Ya vuelvo.

Y le dijo: Por ahora, apriete.



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Obed Delfín


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