XXV edición del Foro de Sao Paulo y el papel de los partidos de izquierda

Desde que hace 19 años, en julio de 1990, se reunió por primera vez el Foro de Sao Paulo fundado por el Partido de los Trabajadores, Lula da Silva y Fidel Castro, este ha venido cumpliendo una labor de primer orden como referencia para los 111 partidos progresistas y de izquierda de Latinoamérica y el Caribe que lo conforman, la gran mayoría de oposición dentro de sus respectivos países, al abordar los temas más importantes de la lucha de los pueblos de Latinoamérica por la plena emancipación del Neocolonialismo y el subdesarrollo impuesto por el dominio financiero e industrial capitalista de Norteamérica y Europa.

Esta XXV edición a celebrarse del 24 al 28 de julio en Caracas Venezuela, a un mes de cumplirse los 155 años de la primera Internacional de los Trabajadores reunida en Londres, tiene lugar, como bien sabemos, en momentos cruciales para el destino del proyecto emancipador de Latinoamérica y el mundo, sometido a la contraofensiva neoliberal imperialista dirigida a retomar el control de las principales materias primas y fuerza de trabajo sub pagada, de lo que para ellos siguen siendo "sus colonias y patios traseros"; control vital, en razón del cual no reparan en utilizar ningún medio al alcance de su inmenso poder económico, militar, comunicacional, jurídico y político, por ilegitimo, terrorista, fascista y criminal que este sea.

En su tarea por mantenernos durante más de dos siglos sometidos al dominio neocolonial capitalista e imperialista, una misma arma política destaca con especial realce: la labor de división, ha sido el instrumento fundamental por la que nos han derrotado.

Hoy el éxito de esta labor divisionista, y la causa de nuestra derrota, no puede ser atribuida al engaño y la ignorancia, como lo señalara el Libertador en su Discurso de Angostura de 1819: "Por el engaño se nos ha dominado más que por la fuerza." Desde 1867, en un esfuerzo desde entonces sostenido, el pensamiento de izquierda ha desarrollado la teoría científica más completa con que fuerza política alguna haya contado para conocer e interpretar la realidad económica, social y cultural del mundo en que vivimos, y conocer perfectamente la naturaleza de nuestro enemigo de clase.

Si bien ya no tenemos la excusa de la ignorancia, el panorama de la división de la izquierda no puede ser más terrible y desmoralizador frente a la responsabilidad que tenemos de liderizar exitosamente, junto a la clase trabajadora, algún día, más temprano que tarde, la conquista definitiva del poder político de manos del capitalismo y la superación de nuestra condición de subdesarrollo.

Ante esta circunstancia, más allá de los principales temas previstos para ser discutidos en este XXV encuentro, a saber: la paz y la Soberanía y la prosperidad de los pueblos, la Paz en Colombia, la paz en Venezuela y el apoyo a los Diálogos de Noruega, la Campaña Lula Libre, los políticos perseguidos de la región y el fin del bloqueo económico a Cuba, entre otros; el tema estratégico que cobra relevancia central, condición, dicho sea de paso, del éxito de todos los anteriormente señalados, es el de la unidad de la izquierda frente al enemigo común en Latinoamérica y el mundo. Como tal este y no otro debería ser el centro de las discusiones y el centro de la Declaración Final del XXV Foro de Sao Paulo, bajo la premisa de que ningún partido puede arrogarse la condición de "izquierda" si no pone como cuestión de primera prioridad, por encima de su visión particular del mundo y de la coyuntura política actual, la necesidad de la unidad de toda la izquierda en un único frente común contra el imperialismo, dentro y fuera de su país.

Hasta hoy los partidos de izquierda han puesto sus diferencias por delante de la unidad. En este sentido, no es tarea vana traer aquí a colación el hecho sustantivo de que, desde la última proclama del Libertador el 10 de diciembre de 1830: "¡Colombianos! Mis últimos votos son por la felicidad de la patria. Si mi muerte contribuye para que cesen los partidos y se consolide la Unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro.", pasando por la consigna final del Manifiesto Comunista de Marx y Engels: ¡Proletarios de todos los países uníos!, hasta llegar a la última alocución al país de nuestro Comandante Eterno Hugo Chávez: "Unidad, lucha y victoria", toda la historia que hoy nos convoca exige nuestra unidad por encima de cualesquiera que sean nuestras diferencias.

Camaradas delegados, llegan ustedes a un país y a una revolución –de la cual hoy depende en gran medida la esperanza de mundo oprimido y explotado por el capitalismo, en particular, de los países de nuestra Patria Grande Latinoamericana y del Caribe– cuyo origen no se debió a ninguno de los denominados "partidos de izquierda", no obstante lo cual, gracias a la amplitud de miras de nuestro Comandante Eterno, que supo interpretar correctamente el sentido del momento histórico en que le tocó actuar, incorporó a las raíces del bolivarianismo el contenido y la proyección revolucionaria de las ideas socialistas y antiimperialistas, rescatándolas del baúl de la historia donde pretendió sepultarlas el neoliberalismo.

Hoy esa esperanza esta puesta en ustedes. Como dicen los gringos: We must send the right message.



 



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Alfredo Mariño Elizondo

Miembro del PSUV.

 marinoa@cantv.net

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