Está advertido

—Compai quisiera preguntarle una cosa.

—Ajá, diga, qué será; eche pa´ fuera.

—Bueno, es lo siguiente ¿Usted cree que el Moros le tiene miedo al Guaidó?

—¿Y por qué usted me está preguntando esa cosa?

—Es que yo veo que ese hombre anda como perro por su casa, da mitin, anda pa´llá anda pa´cá, como si nada. A sus anchas, pues.

—Eso es verdad. Pero le dijo, yo no creo que sea miedo. Porque ganas de ponerle los ganchos tienen desde hace rato, pero no se atreven.

—Ve, eso es lo que yo dijo y por eso le pregunto. ¿Por qué no se atreven?

—Usted se acuerda, y tiene que acordarse porque usted no es ningún muchachito, de aquella película que se llamaba «El Padrino».

—Cómo no, claro que me acuerdo. Había una muertamentazón pareja.

—Esa misma. Que le mataban el hijo a uno a plomo limpio y éste va y le mata al de aquel.

—Y que le pegaron unos tiros al jefe del negocio, a quien mentaban «El Padrino». No me acuerdo cómo se llamaba ese actor.

—Que se acuerde de la película es lo importante. Entonces, el hijo del mafioso mayor le pegaba un tiro a un policía vagabundo y a otro que los quería someter.

—Y después le mataban a la mujercita que tenía por allá en un pueblo bien escondio.

—Eso es correcto.

—Compai ¿y a dónde quiere llegar usted con el asunto ese de la película?

—A lo siguiente. Usted que tiene buena memoria, como se ve. Se debe acordar que después de esa matazón. Los mafiosos se reunieron con una buena mesa servida y todos estaban ahí muy serios, porque la cosa no era para estar de guachafita.

Reunidos porque los negocios estaban trancaos por esa matazón que se tenían entre ellos; en fin, querían ponerse de acuerdo para que eso se acabara. Y los negocios volvieran a dar sus buenos frutos.

—Me acuerdo de esa escena.

—Está ahí el hombre conciliador, creo que ahora lo llaman negociador o mediador, calmando las aguas; hasta que los mafiosos se ponen de acuerdo en que las cosas no pueden seguir de esa manera, porque lo que están es perdiendo plata con esa perrera que tienen montá. Y quién va a estar en un negocio donde se pierde plata, verdá.

Después de mucho parlamentar se ponen de acuerdo, y el conciliador invita a los jefes mafiosos que tienen la culebra montá a que se den un buen abrazo para sellar el nuevo pacto de paz y cooperación.

Y ahí viene la parte que quiero hacerle notar, el mafioso mayor al que llamaban «El Padrino», antes de levantarse para abrazar al paisano, le dice lo siguiente: «Yo tengo un hijo como ustedes saben. Si al muchacho le llega a pasar algo, aunque sea que le caiga un rayo del cielo, yo los voy a cocer a plomo limpio a todos ustedes, quedan advertios».

Así mismo le han dicho al Moros, se lo advirtieron. Quedó advertio.

Por eso es que esté hombre anda pa´llá y pa´cá y aunque le tienen ganas se tiene que morder las mismas.

—Es decir, que si le llegan a tocar aunque sea un pelo le van a dar una fleta. Lo tienen en caldo e´ ñame, pues.

—Así mismo es.

—Tiene que ser, no hay de otra; porque a cualquier otro que diga algo de una vez se los arrastran pa´l pote.

—La cosa se le puso pelua porque se lo advirtieron. Y por eso le dijo que no es miedo. Porque en guerra avisada.

—No muere soldado.

—Ganas le tienen de meterlo en chirona y sueñan con eso. Pero no se atreven. Tampoco es que el otro sea muy valiente que se diga, sino que está bien apoyao. Y eso le permite hacer sus cosas. Ojalá que no se vuelva a equivocar parándole pelotas al ojos puyuos, que con ese no sale nada bueno.

—Eso tiene que ser así como usted mienta. Porque no hay otra explicación. Fíjese que a los que están con él se los han cargado a todos y al hombre ni lo miran. Ni con el pétalo de una rosa.

—Ah pues, no ve usted que estos se las dan de bravucones. Ladran y ladran pero no muerden. Dejen lo bocateros, hay que decirles.

Porque desde que se lo advirtieron quedaron advertios. Andan caminando por el filito.

—Si se resfalan pierden.

—Y bastante.

Mire no hay agua desde hace tres semanas y con el alcalde chaveco no se cuenta porque ese es un inservible. Me ofrecieron una garrafita por allá abajo y voy a buscarla.

Y le dijo: Por ahora, apriete.



 

 



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Obed Delfín


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