Se acabó el tiempo, nos hace falta un líder y un partido revolucionario

No es el capitalismo, no se puede hacer la revolución con las armas del capitalismo y su democracia. Solo el pueblo trabajador, campesino y obrero, el pueblo desposeído, consciente de su situación, de pertenecer a una clase social explotada y sin esperanzas de superarse dentro de sistema dominante de los más ricos, tanto de forma individual como clase social, puede tomar el poder y hacer la revolución socialista, ¡el capitalismo nunca lo va hacer por nosotros!

Para eso era el partido Chávez – que ahora está relleno de autómatas perplejos –, para formar los cuadros políticos necesarios y así expandir y consolidar la revolución, no fue para tener una reserva de burócratas que solo saben decir amén a todo lo que dice y hace un gobierno malo. ¿Dónde está la base programática de ese partido? ¿Cuál es su ideología, cuáles son sus ideas fundamentales, y sobre todo cómo se expresan políticamente? ¡Dónde está el socialismo! No es posible que el partido solo sirva para repartir cajas de comida, que sus militantes crean que eso es socialismo, que un procedimiento que fue concebido para una emergencia sea para ellos el socialismo bolivariano, que el asistencialismo, el "clientelismo" adeco sea socialismo. El partido Socialista Unido de Venezuela no tiene fuerza ni presencia política, porque carece de una ideología visible, ¡de formación política!, no cuentan con una estrategia clara con tantos manoseos con los capitalistas y liliquis de ceda. No se le conocen principios políticos y éticos, solo silencio y complicidad. Pero sobre todo no tiene líderes, es un apéndice o es un rehén del gobierno, sus diputados también son un apéndice del gobierno, son los burócratas de reserva, la "caja de pago" donde se cancela con cargos públicos a los "clientes" del gobierno. En el partido no se hace política, no se discute política, no se permite la crítica política porque sus jefes no son políticos sino burócratas. ¿Por qué el partido socialista unido de Venezuela no discutió el plan de la patria de Chávez? ¿Por qué no se percató de que lo habían adulterado y mutilados? ¡Por qué dejó pasar como si nada el asesinato de Chávez! ¿Qué hace ese partido, además de captar clientes para conseguir votos y burócratas?: nada.., ¡contaminar el ambiente!

El partido ha debido ser un reproductor de la revolución socialista; sus cuadros políticos han debido ocuparse de la organización del poder popular pero como un poder político sólido, educado, formado, "concientizado" (o sea, consiente), no para buscar votos dentro de una democracia burguesa inservible ni para distribuir cajas de comida o para sembrar conucos, sino para hacer en términos eficaces la revolución, ¡hacer cambios, unos tras otros, a conciencia!, para ocuparse y planificar "hasta el más mínimo detalle". El partido –junto al poder popular – tiene la tarea de demoler todo un orden instituido, ir desplazando la vieja estructura del Estado burgués por un poder popular de acero pero dinámico, verdaderamente protagónico y participativo, con muchas asambleas, con carteleras, revistas, periódicos, radio, tv, con infinitos espacios para el debate, la crítica y la creación, ejercer el poder de verdad con entusiasmo; practicar el socialismo no el fascismo y la intolerancia en nombre de un gobierno malo… Y hacer política desde la base para ser ejecutada por los altos mandos del país, además de asumir la responsabilidad de elegirlos para sus cargos o responsabilidades… ¡El poder popular cambiando al mundo! Este debe ser el espíritu y carácter de la revolución… Y esa es la responsabilidad del partido de la revolución.

Con un poder popular verdadero es la única forma de que se pueda exigir corresponsabilidad a la base política del gobierno, cuando la base participa y es protagónica, no a una masa arreada, a un mísero testigo trágico de sus propias desgracias.

La reconstrucción de la revolución debe comenzar con rehacer al partido, desde su base. El gran problema de gobernabilidad, de dispersión, este gran desastre político económico y social, comienza en el partido de Chávez, secuestrado por un gobierno de adolescentes huérfanos, el cual ha jugado hasta hoy el mismo papel clientelar de los partidos de la socialdemocracia, concebidos para las democracias representativas burguesas, para la llamada alternabilidad, el "quítate tú pa ponerme yo" del bipartidismo de la socialdemocracias y los partidos socialcristianos o de ultraderecha. Toda esta tragicomedia barroca comienza con el derruido partido de Chávez, el cual ha debido hacer los cambios verdaderos en la calle, desde la calle, protegidos por la constitución y las leyes revolucionarias.

Chávez no promovió una constituyente para pactar con el capitalismo sino para derrotarlo en una transición más o menos pacífica. La constitución bolivariana fue, para Chávez, el camino más democrático para facilitarle el trabajo al partido de hacer su trabajo político revolucionario en la calle, sin tener que asaltar e invadir latifundios en la medida de la ley, para que nadie dijera que las prácticas y acciones revolucionarias estaban fuera de la ley. Sin embargo el partido no estuvo a la altura de sus responsabilidades, se quedó impávido, esperando para obedecer los mandatos del gobierno (¿recuerdan a Loyo regañado por Chávez en televisión, a Jesse Chacón, a Jaua?). Por lo menos, en tiempos de Chávez el líder fue el jefe del gobierno, pero hoy, sin líderes, sin ideas, sin estrategia que defender, gobierna el capitalismo; las consignas, las líneas vienen de allí; como Aristóbulo, "este es un socialismo productivo", lo dice ocultando lo que están haciendo con los capitalistas, justo cuando Castro Soteldo traspasa las empresas socialistas a los privados, sobre la base teórica de una supuesta teoría Nietzscheana y otros disparates… ¿Vamos a producir con conucos? ¡Uy!!!

Los chísmenes solo nos dan unos meses de madurismo y Maduro, la mentira no da más, siempre tiene patas de barro. Ahora más que nunca debe haber una gran revolución en el PSUV para exigir responsabilidades y cambiar su dirección política en su totalidad, ahí nadie se salva, ni siquiera Jaua el arrepentido; abrirse a los expulsados y exiliados y más allá, dentro del ámbito del socialismo bolivariano y chavista, abrir un período de debates críticos que puedan dar con los saldos políticos de este fracaso, con los diagnósticos más verdaderos. No se puede seguir negando, como adolescentes, los errores y las faltas, hay que asumir responsabilidades para rectificar, por supuesto, sin ninguno de estos insensatos al mando.



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Marcos Luna


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