El asesinato de Cristo y de Chávez

El asesinato de Cristo fue un hecho histórico, fue traicionado y luego lo crucificaron sin mucha resistencia de su parte. Pero además es el título de un ensayo de Wilhelm Reich, el marxista y psicoanalista, que nos explica cómo funciona la peste emocional ante lo extraordinario que puede ser un hombre que vaya contracorriente por el mundo. Asesinan a Cristo tal y como luego son perseguidos filósofos, asesinados científicos como Galileo, Giordano Bruno, artistas, políticos, etc. a causa de la peste emocional de sociedades corrompidas, asesinados por masas enardecidas de estupidez y prejuicios, parecido a los linchamientos de brujas, pero con la sutileza de la normalidad. Asesinan a los más críticos de la sociedad como asesinaron a Jesús (nos quedaremos solo con esta idea, antes de que aparezcan desde las rendijas los eruditos como chiripas).

Pero es un hecho que asesinaron a Cristo por andar predicando todo lo que la sociedad no era en ese entonces: el amor al prójimo, una paz practicada, una caridad practicada y predicada con el ejemplo, el perdón, el rechazo del pecado, de la culpa y el juicio, no fueron mentiras en palabritas, fue la prédica de una verdad mediante una práctica de vida. Cristo se dejaría matar solo por dar un ejemplo vivo de su evangelio, no como se suele decir que fue crucificado "para redimir las culpas de una humanidad" pecadora (pura paja).

Esos seres superiores son de temer por las sociedades más decadentes, con espíritu de esclavos. Existen y ha habido sociedades sanas, de hombres y mujeres fuertes, es decir, no toda sociedad es necesariamente una colectivo espiritualmente corrupto y gregario.

Pero la sociedad que le tocó a Chávez confrontar con su prédica de libertad, justica e igualdad se le resistió en la forma de un imperio y en la de un grupejo de discípulos asolapados, de esclavos –que hasta ahora no sabían que lo eran – a eso mismos valores dominantes; prevenidos al acecho, esperando por la muerte del comandante para saltar como chacales sobre su cadáver. ¿Quién de ellos quiso ser como Chávez? Ninguno, todos fueron a asaltar su fama, su prestigio, su reputación, y por eso se pelean todavía…

"Dice el Hijo de Dios herido por la amargura: en verdad os digo que uno
de vosotros nos traicionará. Y once de los apóstoles se dicen
aliviados: todavía no nos han descubierto."

Semana Santa en tierra santa LBG.

Muerto Chávez, once de sus doce apóstoles que le sobrevivieron ya no necesitan de tantos disimulos. Muerto Cristo, llegó Pablo y se ocupó de volver a poner al sacerdote en su sitio de honor, de condenar a los infieles, les inventó el pecado, un infierno y un cielo, los condenó y culpó de todo lo que dio su imaginación para anularlos, esclavizarlos en lo que conocemos como Iglesia Cristiana. Así como el Cristo muerto tuvo su Pablo, el Chávez muerto tuvo su Diosdado, su Maduro, hasta su Escarrá,... según parece, son once o más de once los traidores.

No es sencillo cambiar la sociedad, hay que vencer a la masa, a su espíritu gregario que solo obedece al miedo, al escarnio auto infringido, no es cualquier cosa quebrar la complicidad entre los más cobardes, que fueron los que asesinaron a Chávez (como a César), solo fuertes cuando actúan como masa o como grupo. De ahí la grandeza del comandante. No fueron solo palabritas, fue su voluntad de acción efectiva a la cual, los que ahora se visten con sus símbolos, le tuvieron más miedo que respeto.

Más miedo que respeto, por eso asesinaron su legado. Para recordar al Cristo traicionado en estos días recordemos al Chávez que fue vendido también por treinta monedas. Las dos felonías coinciden en que se hicieron después de muertos, a Jesús lo convirtieron en Iglesia y decadencia y a Hugo en símbolo de la conciliación, del reformismo, de la claudicación a favor del poder efectivo del capitalismo.

Hoy recordamos al evangelio de Jesús el cual hizo en vida su prédica, que no dejó nada para el más allá, que no condenó a María Magdalena ni a nadie en el infierno ni premio a nadie con el paraíso, que afirmo con su ejemplo la vida y la muerte como parte de un todo,. Hoy recordamos al Jesús Buda y no al rabino Pablo y su iglesia de la decadencia, de la corrupción del espíritu, sin alma.

Y recordamos a Chávez, que también predicó con su vida, no esperó para cuando las condiciones estuvieran dadas para trabajar, luchar, cambiar las formas de pensar y hacer las cosas, que predicó el cambio con su propia transformación espiritual, de bolivariano a bolivariano socialista, marxista leninista. A ese lo asesinaron, en vida y obra, como a Jesús.



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Marcos Luna


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