Chávez, la voluntad y la distracción

"Lo que es natural es el microbio. Lo demás, la salud, la integridad, la pureza, si usted quiere, son un resultado de la voluntad, de una voluntad que no debe detenerse nunca. El hombre íntegro, el que nunca infecta a casi nadie es el que tiene el menor número posible de distracciones. ¡hace falta la voluntad y la tensión para no distraerse jamás!"… Bernard Rieux, "La Peste", de Albert Camus

Hay una fotografía donde aparecen Paul Eluard y su mujer, y en el medio Picasso, viendo una escena trágica. Es una corrida de toros. Los dos primeros tienen una expresión de horror por lo que han visto (que de seguro es el toro corneando al torero o a un burlador, o al toro muriendo que le acaban de dar la última estocada) y apartan la mirada. Pero Picasso observa el momento como quién intenta descifrar un enigma, como quien no quiere perderse ningún detalla de la escena. En este cuadro (pillado por un fotógrafo inteligente, de espaldas a la arena) yace la idea del hombre que nunca se distrae. El hombre que vive la vida consciente, en un ininterrumpido proceso de conocimiento, sin juzgar o prejuzgar lo que ve, sin diferenciar la felicidad del vivir del dolor de vivir; ese hombre no se distrae, no lo ataca la peste, como diría Camus, o el microbio, como dice Bernard Rieux en propio drama.

No nada más los verdaderos artistas "nunca se distraen". Así mismo, los que hacen revoluciones verdaderas, viven la revolución sin distracciones. También son artistas, pero moldean sociedades enteras, son capaces de cambiar la historia. Así vivió Lenin, por ejemplo, o Fidel, o el Che y muchos otros (Imaginen a Antonio Gramsci escribiendo desde la cárcel, o a Rosa Luxemburgo…), por eso murió Chávez. Todos ellos son modelos heroicos de vida, a pesar de lo que diga la inteligencia frívola burguesa, que quiere tenerlo todo sin abrir los ojos a nada; la inmortalidad y el dinero a la vez… –si quieres hacer dinero olvídate de la inmortalidad –. El sexo, el amor, la amistad, todo aquello de lo cual hacen los burgueses una distracción para la vida, en el artista y en el revolucionario alimenta su obra, es conocimiento, goce, dolor y lucha; es vivir con plenitud. En una voluntad resistente no existe eso de un tiempo para el placer y otro para el trabajo; esa separación existencial más bien describe el corazón roto de la vida burguesa y pequeñoburguesa.

La conciencia o mala conciencia burguesa y pequeñoburguesa esta escindida: trabaja, para luego distraerse del trabajo. Distraerse es su idea de placer, dejar atrás las angustias; que la vida fluya, equivale a que la vida se escape, se postergue el dolor; sin compromisos, sin riesgos, por eso la importancia que juega la "embriaguez burguesa" en la cultura burguesa; no exalta, no es catártica, es somnífera.

Desde el punto de vista de la distracción no hay ninguna diferencia en un joven prejuicioso, drogado hasta la completa inconciencia, que quema a un motorizado desde sus prejuicios, a un militante ebrio, sin conciencia, desgañitándose hasta llorar en un acto antiimperialista. Los dos se distraen de la vida que les tocó vivir. Uno no quiere "vivir" (ver, sentir) el horror de su crimen y el rostro de la muerte, el otro, no quiere saber nada de compromisos, de cambios, de esfuerzos. La felicidad se confunde con ese "¡no recuerdo nada!" (y pensar que sin la memoria la felicidad tampoco se puede sentir).

Hace falta una voluntad férrea para no distraerse jamás. Dicen que César Pavese pedía que lo ataran a la silla de trabajo para obligarse a escribir, para no distraerse; debió ser una estado de consciencia atormentada, pero también un estado de consciencia clarividente. Esa voluntad la llaman también los que saben "disciplina vital".

Lo que hay que sacar en limpio de todo esto de la distracción, es que ella es una variedad emocional moderna, burguesa, es una escisión del trabajo creador, propiamente humano o del quehacer humano, es una amputación: ¡llegar a ese extremo de exigir que lo amarren a uno para poder trabajar en lo que más nos apasiona!, ¡es terrible!, desde el punto de vista de la consciencia es espantoso.

Es por eso que el revolucionario moderno, burgués, o pequeñoburgués, a fin de no distraerse jamás, requiere una voluntad férrea, ser un Bolívar , que (hasta estadísticamente estadísticamente) repite a Alejandro de Macedonia; un Fidel que repita a Bolívar; el Che Guevara, incapaz de entender eso de la "distracción", "diversión", o "salir de la rutina" (una expresión característica del mundo moderno, burgués, capitalista); ser Chávez, que quiso ser como Bolívar, y como Bolívar, alguien igualmente grande en nobleza, espíritu y dejar una obra.

El espíritu revolucionario tiende a la unidad de esfuerzos y al equilibrio de las tensiones opuestas, es "tensión", no pierde el tiempo ni se distrae, es un agujero negro que todo lo absorbe, lo procesa y lo convierte en conocimiento. Es por eso que la pérdida de Chávez significó mucho para la revolución venezolana y para la formación de nuestra sociedad en general. Y quizás lo significa todavía. Con su muerte perdimos esa voluntad férrea y esa tensión.

Chávez fue un hombre común, o del común, con un espíritu especial, andando contra corriente. Mucha gente pretendió que sus palabras, sus sueños y deseos se hicieran realidad de la noche a la mañana, que realmente fue un Cristo resurrecto; quiso que absolviera todas nuestras carencias (y que se crucificara por todos nuestros pecados) y satisficiera nuestras desesperanzas en un milagro. Por ejemplo, gente inteligente como la ex ministra Orihuela, científica, bastante sensible, pierde de vista el valor de la naturaleza humana cuando ésta ha mostrado esfuerzo por hacer las cosas bien y en correspondencia al modelo ideal, y en servir de ejemplo vivo de ese ideal en el trabajo, que fue el caso de Chávez. Al referirse a Chávez lo disculpa, describiendo a un ser absorbido por el entorno apestado del gobierno y de sus asesores y amigos, pero no logra imaginar su tormenta, sus angustias de cara a sus objetivos, no dice nada de sus ideales, sus sueños, y es ese norte posible el que nos descubre la importancia del hombre.

La importancia de Chávez no estuvo en la autoridad que practicó estando vivo sobre sus subalternos, sino en la razón de ser de esa autoridad, en los ideales, en los valores que estaban por detrás estimulando su inteligencia y su espíritu. Sin ideales no hay Chávez, sin herencia de Bolívar no hay Chávez, sin el modelo de hombre grande y noble, no hay Chávez, esto es lo que la mayoría de sus "ex" no entienden ni ven ni quieren ver. Prefieren quedarse con el Chávez de ellos, el que se parece a ellos, el Chávez facilito que les calza bien… En vez de todo un pueblo queriendo ser como Chávez, Chávez terminó justificando lo más feo y vulgar de cada uno de sus seguidores.

a 05/04/2019



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Marcos Luna


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