La secta de los cultos y el socialismo del siglo XXI


Todavía sigo escuchando el término de trabajadores de la cultura como referencia a un grupo de personas que se autonombran creadores, artistas o empleados de algún organismo cultural gubernamental. Esas personas firman en representación de otros que, sospecho, no les han autorizado para ello. Critican, proponen, resuelven, en fin, se abrogan un papel de demiurgos, de ungidos, de diosecillos, de todo aquello que, desde la gestión cultural del Estado hemos tratado de expulsar, por excluyente y contrarrevolucionario.
La gestión que desde el Ministerio de la cultura lidera el camarada Farruco Sesto, en tres años ha demostrado, con probado acierto, ser una gestión de inclusión. Todas las acciones, todos los programas, las plataformas de ejecución de las políticas del gobierno revolucionario bolivariano, han sido diseñadas teniendo como guía primaria lo que se denominó descentralización, democratización y masificación del hecho cultural.

Podrán hacerse observaciones, críticas y autocríticas en función de perfeccionar la revolución que se fortalece desde el gobierno en la parte que gestiona la cultura. Pero lo que no se puede aceptar es que se diga que este compromiso no ha llevado a que hoy tengamos una presencia cultural que se siente por todo el país y que está dirigida a contribuir a saldar la deuda social con un pueblo que siempre estuvo excluido.

La mezquindad de esos que hablan de parte del “sector cultural” no les permite observar que los calificativos de autoritarismo, de faltos de democracia, de acaparadores de la legislación cultural, de inversores del presupuesto para el pago de nóminas o de no atender la seguridad social para el trabajador cultural, los convierte automáticamente en unos reaccionarios en política y en unos excluyentes desde el punto de vista económico y social.

El gobierno revolucionario que comanda el presidente Chávez apunta hacia la construcción segura del socialismo de los nuevos tiempos, del siglo XXI, precisamente porque asumió el compromiso de incluir a todas y todos en el alcance y disfrute de la mayor suma de felicidad. Por eso, no se puede hoy seguir pensando y actuando en términos cuartorepublicanos y neoliberales que reservan, por ejemplo, la seguridad social para el sector cultural y no para los casi 27 millones de venezolanos que hoy somos. No se puede hoy seguir esgrimiendo conceptos como el de “cultura popular”, como si no terminásemos de asumir que toda, absolutamente toda la cultura es popular, que todas y todos somos creadoras y creadores, pero que el derecho al disfrute de los productos de los sentidos es para todas y todos, sin discriminación, sin exclusión.

Fastidia saber que aquí no hay discusión de fondo sobre los temas de fondo y que la única preocupación es porque quienes hoy están no son los míos, mis panas, con los que me entiendo, en fin, los del sector.
Mientras sigamos pensando en el sector, en la secta pues, no habrá solidaridad, no habrá revolución de la conciencia, no tendremos el socialismo del siglo XXI que tanto repetimos querer.



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Iván Padilla Bravo

Director del semanario cultural "Todos Adentro", medio adscrito al Ministerio del Poder Popular para la Cultura. http://www.mincultura.gob.ve/

 ivanpadillabravo@gmail.com      @IvanPadillaB

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