Los significantes de la calle (dos ejemplos) y la voluntad cuando la hambruna reina

Un mundo donde el trabajador gana doscientos significantes monetarios menos que su vecino colombiano, no por ser un mundo mejor donde a su lado el que no le guste cobrar la tarifa y responde con la lucha simplemente es asesinado. Mas de 500 líderes campesinos y obreros han sido asesinados en estos últimos en Venezuela por menos de diez años no por un problema de sueldos sino de justicia; la luchada revolución bolivariana. La revolución popular ha sido totalmente traicionada por quienes tomaron su mando, destrozando un país entero. Mientras 5 millones de colombianos han sido sacados de su tierra o pertenencias a tiro limpio, gracias a una oligarquía siempre en el poder que se ha ganado el triunfo de no menos de 200 mil desaparecidos en dos décadas, Venezuela de acuerdo a una estrategia paralela la avanzada popular que llego alrededor de mediados de la primera década de siglo fue destrozada a través de los cercos estratégicos de bandas ligadas a los cuerpos militares y apoyadas por la misma cofradía asesina colombiana. Mientras millardos de dólares se fugaban sin ningún tipo de control, por el contrario favorecidos por las redes bancarias, y empresas de papel que han sido los grandes ganadores de esta historia.

En Colombia la gente calla y no solo eso el más pobre escoge entre la guerra abierta contra la oligarquía asesina o hacer parte de la mas bestiales de las bandas que se ha creado en el continente; los paramilitares. Pero esto no es un juego nacional, una movida que les pertenece a unas clases u oligarquías dominantes, fue el punto de para ordenar lo que tiende a convertirse en un modelo que va desde México hasta la Argentina. Venezuela y Colombia son dos experimentos genocidas cuyo objetivo no es más que crear el ambiente para convertir estos territorios en masas extractivas de hidrocarburos y minerales propias del modelo mundial de división del poder que se está creando.

Esto nada tiene que ver con las ideologías que hegemonizaron estos últimos años soportados por movimientos populares que dieron la pelea en la calle. Es la falla de estos mismos al absorber todas las premisas de una modernidad desgastada, una suerte de mediación inútil entre estado liberal y revolución. De un liberalismo en decadencia que superada la guerra fría dejo de ser una utopía de clases dominantes para convertirse en un instrumento devastador que desde la ONU hasta sus maquinarias militares convierten la geopolítica de la guerra en su principal instrumento.

¿Qué tenemos por delante?. Es obvio que nos encontramos en un mundo donde el sueño moderno de los estados soberanos se está desmoronando donde los grandes imperios se pelean por su hegemonía, dejando reinos consulares que visten por su lugar. Es el caso de Siria como puede ser el de Venezuela donde los acueductos imperiales soportados por burocracias absolutamente corrompidas y terriblemente autoritarias, cada una de ellas buscan su aliado imperial mas conveniente, sin dejar de lado la anmistía con el grupo imperial occidental y entrar abiertamente dentro de un orden, que en el caso nuestro estará hecho para ofrendar riquezas básicas a las potencias que luchan entre sí por su poder mundial.

Todo esto está dominando por capitales financieros al cual se funden los movimientos de capital nacionales dejando el status nacional político en una tristísima condición de instituciones "sin razón" ni poder. Obviamente Venezuela ha sido después de la ambiciosa estrategia de Chávez (revolucionaria de por sí pero totalmente fuera del contexto histórico en que ella se realizaba; me refiero a la estrategia bolivariana de fundir el espacio nuestramericano a partir del fuero del estado liberal y que ahora se desmorona) un caramelo de desfalco donde precisamente el espacio político de Estado se ha resquebrajado por completo, rompiendo territorios, hasta llegar a un estado completamente fallido, mafioso y empobrecido hasta lo inimaginable.

Hoy se reelecionaba Maduro por seis años más. No importa el modelo que por lo formal es absolutamente inconstitucional, y una maravilla de juegos políticos desde donde se han jugando millardos de dólares entre botines de la oposición, el gobierno y mediaciones bancarias. Insistimos que solo una alternativa libertaria fuera de soberanías y leyes, creadas sobre el mismo espacio soberano del poder constituido nos dará el soporte de una sociedad distinta, y para ello habrá que crear una fuerza popular que esté a la altura de esta guerra furiosa y guerrera. Mientras tanto en medios de comunicación y hegemonismos político-culturales el estado será un núcleo absurdo de debate y pelea que seguramente como dice el ahora derechista ( Alberto Franchesqui, antes líder del trotskismo naciente en Venezuela, hoy un palabrero huido de la ultraderecha) lo mas probable es que nos encontremos con situaciones de horror cuando la burbuja de desfalcos deflacionarios lleguen a su límite, para lo cual no falta mucho.

El horror gira precisamente sobre las palabras que se oyen en la calle que no me gustaría repetir, no por el deseo de un traidor ultraderechista, sino por la realidad que expresan las mismas palabras que se oyen dondequier. Es un verdadero odio donde cada quien juega su suerte, buscando países de sobrevivencia o convirtiendo su existencia en oportunidades sin camino que cada día donde estos vampiros civiles y militares enchufados a los ramales financieros del Estado buscan entre ellos mismos las posibilidad de distribuir las barbaridades de dinero que recogen del Estado. El significante odiante juzgando a los gobernantes revienta en mil groserías que se las merecen pero no hay unión orgánica entre ellas (como si la hubo en los años noventa y principios del 2000), son palabras solitarias, gritonas, que solo se soportan a ellas mismas, pero curiosamente defendidas por cada quien que las recoge en la calle, desde cualquier unidad de metro, camioneta, o camión de rescate donde la colectividad se oye a sí misma.

La ingeniería social posliberal ha sabido crear este contexto, siendo Turquía y Venezuela excelentes ejemplos, unos soportado en un nacionalismo genocida el otro en una mitología revolucionaria completamente colapsada. Eso crea una subjetividad desolada que no es un problema de individualidades desesperadas sino de la incomprensión misma de la asquerosa situación que ha sabido crear estos sátrapas del poder. Obviamente es un modelo de dominio que va repitiéndose en el mundo entero. El hambre y el juego de palabras sostenidas desde los lastimosos poderes que les quedan a estos mandatos consulares sobre los cuales se va creando un nuevo orden mundial. Sindicatos, gremios, asociaciones, del campo y la ciudad no han sabido comprender esta situación horrorosa, quedándose inscritos en reivindicaciones, en el caso venezolano completamente absurdas, porque están pidiendo que al menos no sea tanta la cantidad de riqueza y plusvalía que la clase trabajadora pague por lo que estos sátrapas instalados en el poder roban y explotan. Repiten sus viejos lemas reivindicativos sin darse cuenta, o siendo parte de esta misma mafia mundial, que no hay otra salida sino disolver por completo este horror que los significados de la calle anuncian. ¿Cómo, quién? . Hay todo que inventar, la revolución ya dejó de ser agrupaciones valientes, sino inteligencias autobernantes, el capitalismo dure lo que dure no podrá con ello.

 



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Roland Denis

Luchador popular revolucionario de larga trayectoria en la izquierda venezolana. Graduado en Filosofía en la UCV. Fue viceministro de Planificación y Desarrollo entre 2002 y 2003. En lo 80s militó en el movimiento La Desobediencia y luego en el Proyecto Nuestramerica / Movimiento 13 de Abril. Es autor de los libros Los Fabricantes de la Rebelión (2001) y Las Tres Repúblicas (2012).

 jansamcar@gmail.com

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