(Entre dioses, demonios y razones)

¿Cuánto hay pa' eso?

Hoy en día lanzarse para presidente o ministro es tremendo negocio, especialmente si sabes nadar entre los sistemas de intereses como pez en el agua. Haces una campaña política lanzada al menos un poco hacia la izquierda, y una vez ganadas las elecciones dices que te propones afectar los intereses de los grandes tiburones para beneficiar a las sardinitas.

Das algún paso que haga sentir que vas a caminar en esa dirección, y de inmediato llegarán emisarios nacionales e internacionales a aconsejarte que eso puede resultar más problemático de lo que tu crees. Pero tú te mantienes firme en tu propósito y promesa al pueblo por el tiempo suficiente. Hasta que entre ofertas y amenazas lleguen al punto en que tú te bajas.

Imagínate por ejemplo en el campo del petróleo donde los negocios son de miles de millones de dólares, allí diez o veinte millones son una propina. Pero para ti son el seguro por el resto de tu vida. Así que luego de la transacción representas el papel por el tiempo restante y te retiras a disfrutar de la buena vida y de tu pobre e insensible conciencia. Ejemplos sobran.

Yo creo que Hugo Chávez como cualquier ser humano que aún no ha vendido su conciencia por uno o unos cuantos platos de comida, es decir que aún no ha dejado de ser humano, de creer en el cambio para mejor de la sociedad, llegó lleno de ingenuidad a la presidencia.

Con muy buenas intenciones y hasta planes, pero sin sospechar siquiera en lo que se metía. Hizo el mismo jueguito que termino de describir pero sin pensar traicionar sus promesas electorales. Así fue como tras las susodichas ofertas y amenazas sobrevinieron golpes de estado, sabotajes petroleros, guarimbas, (agitación callejera), asesinatos, atentados.

De los que solo escapó y pudo seguir adelante porque contaba con el respaldo del pueblo y ejército. Justamente por su fidelidad a prueba de toda duda, al punto de poner su vida y la de su familia en juego. Amor con amor se paga y la vida por la vida se da.

Este parece un bonito juego de palabras. Pero no, la gente salió a la calle sin pensarlo en defensa de su presidente y democracia, de su sueño. Puso su vida en peligro al servicio de un sueño. Porque no era sino eso, un sueño de muchos. El señor Chávez no soñaba a lo que se iba a enfrentar, y aunque lo sospechara nunca sabes como va a ocurrir en los hechos.

El mismo confiesa lo ingenuos que eran él y su gabinete y avisa que no esperen hoy encontrarse con el mismo. Porque las intentonas no cesan, es demasiado jugoso el botín, la mayor reserva de petróleo mundial. Mira lo que han hecho en Irak y saca conclusiones de lo que están dispuestos a hacer. Además era un mal ejemplo que no se podía permitir.

Imagínate como podrían ser un imperio si un paisito que nadie conocía como Venezuela se daba el lujo de irrespetarlos y salirse con la suya. Amor con amor se paga y la vida por la vida se da. Estas son leyes de vida que no figuran dentro del catálogo científico, ni siquiera dentro del folclore de los pueblos. Pero los hechos son hechos y dan testimonio de ellas.

Es el cuento o alegoría de David y Goliat, son los tiernos brotes de la vida abriéndose camino a través de la dura tierra para alcanzar la tibia caricia del sol. Si estas leyes no existieran jamás la vida se renovaría, jamás un niño vendría a ser en el mundo. Es la parábola de Herodes que manda a matar a todos los niños porque sabe que uno viene a heredar su reino.

La felicidad, ese oculto motor que nos impulsa tras todo sueño, razón o intento, que nos sonríe cual promesa en la mirada de un niño, de una madre, de una enamorada, sería entonces un absurdo sinsentido. ¿Cómo lo tierno, ingenuo, inocente podría venir a ser en medio de la dureza de corazón, de la hipocresía y el escepticismo, de la fuerza bruta?

Ese amor, ternura, inocencia, promesa de felicidad, es el corazón de la humanidad, palpita y respira en lo profundo de su conciencia, es su ser esencial. Es el motor y el sueño tras la historia, tras todo humano acto. Lo problemático es como traerlo al mundo, como pensarlo, sentirlo y actuarlo, como vencer el temor, la inercia de los hábitos y supersticiones arrastrados.

En eso estamos desde el principio de los tiempos, en el intento de que nuestro corazón se manifieste y encuentre lugar en un paisaje que se burla de sus sueños y utopías solidarias, generosas y le canta a coro de ironías, que el mundo siempre ha sido y será así.

No hay otra forma de vencer las fuerzas conservadoras de la vida, del mundo que el amor. La violencia solo las realimenta, se goza en hacerte recaer una y otra vez en la desesperación para que recurras a ella y te des cuenta que por mucho que te lo creas no eres diferente.

Así pues el presidente tuvo que ajustar sus ingenuos planes a lo que los hechos le iban mostrando y exigiendo, darse cuenta que la lucha sería cruenta, en todos los frentes y tal vez de por vida. Porque se requería nada menos que cambiar el equilibrio de fuerzas e intereses planetarios. No era tema de una sola persona, ni siquiera de una sola nación.

Tomando en cuenta todo esto, a lo que se le sumaba el agotamiento de las reservas energéticas a mediano plazo más el creciente deterioro del medio ambiente, la propuesta sensata fue una vía socialista porque no había modo de suavizar ni adecentar el capitalismo. Reducir lo secundario y prescindible a lo necesario, simple, formar una clase media que viviera dignamente en equilibrio con su entorno natural. Por lo cual la tarea imprescindible e impostergable era comenzar a pagar la enorme deuda social que mantenía a más de la mitad del pueblo postrado en la miseria, la ignorancia y la enfermedad.

Esta simple propuesta que nos parece la más lógica y normal del mundo, fue la que desató la furia incontenible e interminable de atentados de todo tipo y puso en evidencia para quien y como trabajaban los medios de comunicación.

Comenzaron a mentir descaradamente, a paralizar de terror a la gente diciéndole que les quitarían todos sus bienes y los pobres bajarían de los cerros a comérselos crudos. Producían noticias y acontecimientos virtuales, tergiversaban cada mínimo hecho del gobierno, sacaban de contexto toda declaración convirtiéndola en lo contrario.

Hasta hacer aparecer el asesinato de manifestantes por francotiradores contratados como ataque del pueblo, cuando esto sucedía en otro lugar y en defensa de la policía que lo atacaba bajo órdenes de alcaldes de la oposición. Todo este acontecer conmovió no solo a Venezuela sino a todo el mundo porque nunca se había visto algo así. Sin embargo no era nada nuevo.

Solo era una reacción intensificada, magnificada en proporción al cambio que se intentaba hacer en la revolución, a los intereses que estaban en juego. ¿A uds. les parece extraño que los medios defiendan sus propios intereses? ¿Les parece extraño que corporaciones que gastaban millones en publicidad hayan comprado esos medios y se los hayan ahorrado?

Hasta donde yo sé el ahorro, la no disipación de energía, la eliminación de intermediaciones innecesarias, la eficiencia de un metabolismo para consumir la menor energía produciendo el máximo logro son las leyes universales de toda economía.

Eso es exactamente lo que hacemos cuando eliminamos los bulbos de los aparatos de radio y TV y los sustituimos por los microchips. ¿No es eso exactamente lo que hace el gobierno bolivariano con su economía endógena y soberana, eliminando todo lo prescindible? Yo creo que hay demasiado cuento, moralina y sermones acerca de todo esto para distraer la mirada.

La evolución del pensamiento científico y la tecnología resultante es lo que ha revolucionado nuestra economía y cultura, nuestra forma de vida. Técnicas de producción, comunicación, locomoción y almacenamiento son las que han facilitado una mejor calidad de vida.

La única diferencia real entre capitalismo y comunismo o socialismo, es hacia dónde y hacia quién va el conocimiento y sus beneficios. El resto es ideología y moralina, sermones inoperantes. Porque para repartir primero hay que tener con que hacerlo, es decir producir lo suficiente.

Para pensar en algo más y mejor hay que tener algo de energía disponible, es decir técnicas de trabajo, funciones sociales especializadas organizadas complementariamente, para no trabajar como un buey en torno a la noria diez y ocho horas diarias y caer en la cama o en el suelo destruido, desmayado.

Eso es igual para capitalismo que para socialismo. Si comenzamos a discutir como es la justa distribución es porque tenemos algo que repartir y estamos viendo que otros lo disfrutan. Entonces es que comienzan las exigencias de justicia por un lado, y las justificaciones sobre el orden divino de las cosas y por qué todo ha de seguir siendo tal cual es desde el otro lado.

Allí se afirma la diferencia sobre la complementación, el egoísmo sobre la solidaridad, el elitismo supremático sobre el bienestar de la colectividad, la ignorancia sobre la inteligencia. A eso es lo que llamamos capitalismo a diferencia de socialismo, desarrollando todo tipo de complejas teorías de porqué se gestó y como transformarlo.

Cuando en la práctica todo es tal cual es y ha evolucionado por un solo camino, la acumulación de todos y cada pueblo y raza de experiencia y conocimiento, produciendo la tecnología. La economía eficiente lo será así la realice el estado como cualquier compañía privada.

La única diferencia está en como se reparten los resultados. La herramienta es la misma, el tema es quién, cómo y para qué fines la usa. No es ninguna gran ciencia, no es lo mismo dividir entre seis mil familias privilegiadas y dejar caer los mendrugos del festín para los pordioseros, que entre seis mil millones de seres humanos.

Tampoco es lo mismo multiplicar la creatividad por seis, sesenta o seiscientos mil que por seis mil millones de seres humanos funcionando en plenitud de condiciones. Por eso digo que no veo a que viene tanta sorpresa cuando hace centurias que esto viene sucediendo.

Simplemente como todo tropismo o automatismo viviente evoluciona, se centraliza, se concentra, crece en una dirección de hechos repetidos que se graban en memoria y acumulan carga, ganan inercia. Por eso cuando venimos a caer en cuenta es cuando el agua ya nos llega al cuello y amenaza arrastrarnos a la gran mayoría.

Lo curioso no es entonces lo que está sucediendo que es lo único que puede suceder, sino como es que estas circunstancias nos sorprenden, como es que necesitamos llegar a estos extremos para entonces recién caer en cuenta. Como es que solo aprendemos a fuerza de golpes repitiendo hasta el cansancio una y otra vez los mismos errores y horrores.

Lo extraño no era entonces que los medios defendieran sus intereses, que no pasaran siquiera publicidad, que viendo que los políticos no tenían chance ocupasen su lugar y bombardearan al pueblo enajenándolo al punto de que 40% se puso en contra del proyecto que había votado.

Lo extraño era que nosotros aún viviéramos en la época en que los medios luchaban por la libre expresión para ganarse un espacio, y sus intereses no estaban aún casados con los empresariales. Lo extraño es que aún siguiéramos considerando en distintos casilleros lo que hacía décadas que sabíamos era un solo holding, que por ese desliz nos pudieran enloquecer.

Hay muchos casilleros no reconocidos. Por ejemplo esos que rodeaban los cerros y las selvas para que ni las clases de bajos recursos ni los indígenas alternaran en los espacios de la clase media. El único punto de encuentro entre clases era el trabajo. Pero allí no se podían traer problemas personales, familiares, eso se dejaba en casa.

Todo muy conveniente para mantener el orden establecido. En Ceuta y Melilla, en México y Guantánamo, Irak y Europa Oriental, etc., se materializan vallas, cercas, muros, campos de concentración y tortura.

Mientras en Venezuela al dejar de reprimir violentamente, al poner a trabajar juntos ejército y pueblo, al promover la participación protagónica, se han derrumbado esas murallas mentales y anímicas invisibles a la mirada externa, pero poderosas y paralizantes de sensibilidades y conductas. Densos velos que nublan y distorsionan las miradas.

Hoy las clases de bajos recursos han invadido todos los espacios, vas al teatro o a escuchar una obra musical y muérete que allí también te las encuentras. Y las clases medias se sienten engañadas, estafadas en su esfuerzo al ver que a otros se les regala lo que ellos debieron ganarse esforzadamente. ¿Vivir una vida simple y pagar la deuda social?
¿Y cuanto hay pa´mi en eso? ¿Qué gano yo con eso, adónde me conduce eso a mí?
¿Qué? ¿Les parece interesado, insensible, inhumano? Y si, lo es. Pero así nos educaron, así funcionamos. Esos son nuestros móviles. Hace solo 500 años atrás se vivía en un mundo estático en todo sentido, la Tierra era plana y centro estático en torno al cual giraba el universo.

A la distancia percibías el horizonte donde todo terminaba, allí un insondable y amenazante vacío esperaba con sus fauces abiertas a quien se atreviera a retar la inmovilidad absoluta.

Nacías y morías en un lugar, en una clase social, en el oficio que tus padres te enseñaban. Nacías esclavo de algún noble de sangre azul que heredaba tierras y vidas por derecho divino. No tenías ni siquiera derecho a pelear en las cruzadas, esa era solo una actividad y dignidad de nobles caballeros. Para el vulgo solo quedaba caminar entre el Cielo y el infierno, entre el pecado original de Adán que nos expulsó a todos del paraíso y el juicio final, el Apocalipsis.

De convencerte de eso se encargaban los santos padres y las creencias arraigadas de cientos de generaciones, educadas en tales creencias hasta darles fuerza de verdad absoluta que se superponía a la percepción del paisaje. A ese paisaje imaginario se traducía toda la movilidad, sensibilidad y fuerza anímica de esa etapa, ya que no tenía otro punto de aplicación, otro modo de expresión, otra aspiración posible.

Pero en medio de las hogueras inquisitoriales quemando las carnes de brujas y libre pensadores, se cristalizó el pensamiento científico que por acumulación dio por fruto tecnologías, maquinismo, industrialización, sobreproducción.

Llegaron los comerciantes, comenzaron las concentraciones de capitales, préstamos, usuras, y se fue formando una nueva clase de ricos, una burguesía. La faz del mundo se fue transformando cada vez más aceleradamente. El desarrollo de comunicaciones y transportes, el inicio de la educación masiva hizo posibles las corrientes de migración y cierta movilidad entre clases sociales.

Entonces la movilidad anímica del medioevo traducida a visiones religiosas cual camino entre el bien y el mal, ahora se transformó en modelos sociales de felicidad a los que la gente aspiraba, un camino esforzado mediante el cual podía alcanzarse la cima de los VIP. Una pirámide social ascendente por la cual trepar en pos de un sueño.

Hace unos días leía sobre un alto funcionario americano, creo que Rumsfeld, no se si alto física o socialmente. En una charla a unos estudiantes les decía que aprovecharan ahora que tenían la oportunidad, que se portaran bien y estudiaran mucho para no terminar en Irak. ¿Les parece cínico? Pues lo es, pero no más de lo normal.

Recuerdo que cuando querían recuperar el control sobre mí en la adolescencia, en casa me decían que si no quería terminar de empleado, obrero o sirviente de otros como un pobre infeliz, mejor estudiaba, porque unos nacían con estrella y otros estrellados. Ahora no era ya el infierno, aunque todavía era azaroso, sino que se trataba del temor a la pobreza como móvil.

Ya habíamos encarnado o construido el infierno en la tierra, el castigo para todos los niños y hombres malos. No era en realidad un tema de felicidad, sino de huir del temor al castigo, a la pobreza, a las vallas, cercos, muros, campos de concentración y torturas síquicas o materiales. Ahora nuestros padres y nosotros en su turno éramos los sádicos carceleros y torturadores.

Es por ese simple motivo que hoy en día preguntamos, ¿Cuánto hay pa´mi en eso? ¿De qué me serviría, por qué lo haría? Porque no sabemos hacer nada sino por temor o deseo, por merecer el premio o eludir el castigo.

Debajo de todas nuestras sólidas razones, ideologías y teorías fluyen los ancestrales mitos intentando darle sentido a la incertidumbre vital en que nos sume el libre albedrío, del mismo modo que bajo la frágil corteza terrestre fluyen ardientes ríos de lava.

Porque una vez que trascendemos la ciclicidad de las necesidades, del dolor-placer cual motor o estímulo, ya no tenemos más dirección orgánica, biológica. No hay ninguna señalización en la naturaleza que nos diga por donde seguir caminando. Por tanto llega la desorientación, la incertidumbre, la ambivalencia, el temor a equivocarse.

Y comienza la creación de mundos mentales que intentan dar referencia, dirección trascendente y continuidad al humano accionar, llevarlo más allá de esa encrucijada contradictoria. Comienzan las luchas entre el bien y el mal, entre la luz y la oscuridad. La imaginación se superpone a la percepción del entorno y comienza a habitar en el mundo.

Cuando me dicen que de no hacer esto o lo otro me espera la pobreza, el desprecio, el ser un desecho social, un bueno para nada, tengo motivos sólidos para impulsarme en otra dirección. Eso es si trata de cocinarse a fuego lento en un infierno moderno, moderado y reformista como los gobiernos. Pero cuando se trata de circunstancias críticas como la posibilidad de perder el control de PDVSA y el petróleo venezolano, entonces para estimular el temor y sus imaginarios fantasmas ha de generarse un infierno intenso, a fuego rápido, en todas las de la ley.

Por tanto Irak, o la pérdida de todos tus bienes, ser atacado por la chusma, asesinado y violado, es un estímulo apropiado para movilizar a las masas y darles la dirección deseada. Especialmente cuando ello se martilla noche y día por meses sin publicidad por medio. Esos infiernos son precisos, conocidos, movilizadores de acción, con la carga de cientos de generaciones. Son la religión y la cultura del temor motorizando y direccionando conductas.

Y en su contracara tienen también una escalera de emergencia precisa de escape del temor, para trepar al cielo de los VIP que siempre están en exhibición para mantener estimulados los sueños de los pobres mortales. Mientras que cuando tu le propones un modelo de solidaridad entre los seres humanos no hay temores precisos que sirvan de estímulo para impulsar.

Tampoco hay zanahorias palpables que perseguir, es todo muy difuso y nebuloso comparado con la sensualidad del otro modelo que tiene miles de años operando con premios-castigos ilimitados, ya que son imaginarios e inalcanzables salvo para pequeñas minorías.

No es extraño entonces que te pregunten; ¿cuánto hay pa´ mí en eso? Porque no ven estímulos para hacerlo ni comprenden adonde los conduciría, que beneficio podría traerles. Nada de lo que sucede y presenciamos es extraño realmente. Simplemente estamos empezando a caer en cuenta de móviles milenarios que se han vuelto lo normal y desapercibido.

Ya que nacemos dentro de ellos y todos actuamos del mismo modo al punto de no poder concebir otros modos de acción y formas de vida. Las imágenes cambian con los tiempos y paisajes. El móvil sigue siendo siempre el mismo, el temor.

Todo ello se actualiza justamente ante el intento revolucionario bolivariano de ir más allá de tales condicionamientos desapercibidos de la acción. Sin embargo, si lo que necesitamos son estímulos intensos, llamas que acaricien nuestras carnes, temores que nos motoricen poderosamente en una dirección, tenemos muchos a nuestro alcance.

Hoy miremos hacia donde miremos no podemos dejar de darnos cuenta que es necesario cambiar el tropismo histórico del humano accionar. Por un lado el ecosistema colapsando nos dice silenciosamente que todos somos absolutamente interdependientes e imprescindibles a la existencia.
Si dañamos cualquiera de las funciones nos estamos suicidando por ignorancia, por la limitada conciencia de nuestro entorno que tenemos. No otra cosa que esa ignorancia y limitada conciencia es el egoísmo, hijo del temor y sus fantasmas que nos ciega a lo evidente y nos lleva cual apresurada manada en estampida camino del despeñadero.

Por otro lado tenemos cual contraparte la creciente mortandad y enfermedades de la especie humana, así como las alteraciones climáticas y subterráneas del planeta que evidencian los mismos sistemas acrecentados de tensión llegando ya a umbrales de tolerancia. Si somos sinceros no podremos sino admitir que esa es la resultante acumulada de nuestros hechos.

Para completar el cuadro sabemos perfectamente que a muy breve plazo, dos terceras partes de la humanidad serán innecesarias para producir los bienes de consumo. Por tanto el trabajo ya no servirá como puerta de acceso a la posibilidad de satisfacer las necesidades. Nosotros seremos los jueces y jurados que decidiremos que pasará con gran parte de nuestra especie.

En esencia todo es muy simple. El temor nos hace diferenciarnos, enfrentarnos y competir. Los paisajes imaginarios que eso estimula nos hacen perseguir zanahorias inexistentes y correr hacia lugar ninguno. Cada tanto tiempo hacemos una buena guerra de sangría para descargar sistemas acumulados de tensión.

Con ello sacrificamos buena parte de las nuevas generaciones, aliviando la competencia. Y en breves momentos destruimos lo que nos llevó décadas o siglos construir. Es así como vivimos girando en círculos de violencia recurrente mientras soñamos caminar hacia la felicidad.

La solución es obvia. Dejar de soñar tonterías, comprender que la tecnología es la vía evolutiva que posibilita mejorar nuestra calidad de vida. Comenzar a sumar y multiplicar, a complementarnos solidariamente haciéndonos más liviana y llevadera la vida. En lugar de restar y dividir, convirtiendo la vida en un infierno en nombre de no sé que dioses y demonios.

La propuesta bolivariana es clara y precisa al respecto, tanto como desarrollo endógeno nacional como el ALBA para el desarrollo complementario de asimetrías entre los países. En menos de dos años se ha demostrado totalmente viable y crecientemente aceptada por pueblos y gobiernos sin la menor imposición ni chantaje.

Justamente por eso es que se desata crecientemente la represión sin reparar en gastos ni barbarie. Porque nos estamos dando cuanta que no necesitamos que nadie nos diga que caminos seguir, estamos revolucionando la historia al complementarnos en lugar de competir para convertirnos en el ego o nación más grande, orgullosa y poderosa de la Tierra.

La integración resulta el mayor de los peligros para las fuerzas retrógradas que nos quieren separados y le llaman a eso libertad. Cada ego haciendo lo que se le da la gana a costa del bienestar ajeno. Paren la oreja, escuchen los gritos y presten atención.

El nombre de Dios y del diablo, la pobreza, la libertad y la democracia restallan en el aire mientras se construyen aceleradamente muros, vallas, cárceles, campos de concentración y tortura por todo el mundo y se masacra innecesariamente pueblos inocentes.

Los dignos y autonombrados representantes de todas estas sagradas entidades, hacen rimbombantes y vacíos discursos cantinflescos ante las cámaras, mientras se dan las manos sonrientes por detrás al apagarlas. Están contentos, están haciendo buenos negocios mientras nosotros seguimos estupidizados ante las pantallas de nuestras TV.

Yo quisiera dejar unas preguntas resonando es sus oídos. ¿Es tan difícil aceptar que ya no hace más falta sufrir? ¿Es tan difícil comprender que ya hay suficiente para todos y no hace falta competir por todas y cada cosa?

¿Es tan difícil comprender que el ser humano por su solo nacimiento en un mundo evolucionado tecnológicamente, por ser el legítimo heredero de esa historia tiene derecho a disponer de todo lo necesario sin excusas ni postergaciones de ningún tipo?

¿Es tan difícil comprender que es innecesario y no puede hacernos felices, seguir transfiriendo sufrimiento y violencia a las siguientes generaciones, vengarnos sádicamente en ellos de lo que a nosotros nos tocó vivir?

¿Nos resulta tan difícil comprender que ni dioses ni demonios ni todas las razones del mundo son suficiente excusa para negar lo necesario a otro ser humano? ¿Nos resulta tan difícil comprender que esa misma dureza de corazón que no se conmueve ante el sufrimiento ajeno es la que lo eterniza en nuestros humanos paisajes?

michelbalivo@yahoo.com.ar





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Michel Balivo


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