La relación que faltaba (a Julio Mosquera)

Julio Mosquera hoy, citando un "trabajo de Lakoff sobre el discurso político" muestra cómo es de fino el uso del lenguaje en política, para producir los efectos deseados, más allá de su función básica de comunicar a través de las palabras y conceptos, digamos que de la gramática y los conceptos. El ejemplo es el de invitar a no pensar en un elefante, inmediatamente todos pensamos en un elefante. Lo mismo pasa cuando Maduro insiste en que su gobierno no es una dictadura, al instante lo imaginamos vestido con la guerrera de Pinochet.

Así recordamos que ha pasado con otras afirmaciones las cuales han servido de publicidad inversa: a los llamados corruptos sin juicios y a los corrutos confesos: "no lo vuelvas a decir porque no te lo voy a creer"; con sus "confesiones" reiteradas sobre su condición humilde y de obrero: ¡nadie es capaz de imaginarse un obrero tan arrogante y con tantos guardaespaldas!, abrazando a empresarios, extendiendo la mano a Lorenzo Mendoza y acusando de traidores a los trabajadores que protestan por sus reivindicaciones; igual pasa con su discurso sobre la paz, ¿La paz de quién?, todos sabemos que en nuestras familias no existe "paz", ¿De cuál paz habla el presidente?, con hambre no hay paz; igual con lo del "pueblo empoderado", inmediatamente especulamos en nuestra mente en cómo es que estamos empoderados, de qué estamos empoderados; igual con el mentado "programa de recuperación y prosperidad económica", etc. .

Es muy cierto lo dicho por Mosquera, el discurso de Maduro es el de reiterar sobre una condición del país pero mediante el juicio de los conceptos contrarios. Insiste en decirle al país lo que está pasando en el país, justo como si "el país" estuviera fuera y no supiera lo que está pasando dentro. El efecto es inverso, todos sabemos lo que pasa en Venezuela, no necesitamos intérpretes de lo que sufirmos a diario, que nos hablen del "placer que hay en el dolor".

Sin embargo, respecto al pedazo que se refiere a la democracia, la libertad, la paz; para saber que no es cierto, no necesitamos imaginarnos lo contrario, ¡con el descaro es suficiente, con el cinismo basta!. Es decir, lo que confirma la condición dictatorial y fascista que crece cada día es precisamente el abuso de ese discurso; no es que no sepan lo que hacen (sí lo saben y así lo creo), sino porque no les importa lo que hacen; esa es la relación que falta: mentira-poder

Es el caso de los sobrinos de Cilia Flores. Ellos saben que de eso no se habla, ni bien ni mal; periodista del Estadoque hable del asunto debe tomar "la decisión personal" de retirarse del canal, antes de que lo pongan preso. Ellos saben que hay temas de los cuales nunca jamás se habla. O sea, que saben el efecto publicitario que tiene declarar en favor o en contra de algo o de alguien (es conocido el caso de la heroína en Venezuela. Los narcos dijeron a los consumidores, "no tienen que ir tan lejos a buscar heroína, ¡ya está en el país!, fíjense, lean las noticias, agarraron los primeros traficantes"). Con los sobrinos nadie se mete, porque es la esposa del presidente, y éste acaba de llamar a una cruzada contra la corrupción, la honestidad y etc, etc.., ¡Demasiado!

El tema es que ellos si saben y deben estar asesorados al respecto, pero, por la razón que sea (por saber de más o por ignorantes) no les importa; se saben fuertes y actúan con descaro: son reiterativos hasta el cansancio repitiendosus verdades, sus contradicciones y simplezas, como Joseph Goebbels, mentira-poder; les importa poco las contradicciones, creen en su poder y la autoridad que se deriva de él, en el "poder autoritario" y eso es suficiente para que nadie se las recuerde o se las señales con precisión: sí Maduro dice que Delcy Rodríguez es una autoridad en política exterior y en honestidad ¿Quién dice lo contrario? ¡Nadie! Así "pensemos lo contrario", como dice el profesor Lakoff. …Pero, igual, hay que cuidarse de sus juicios, ¡por supuesto! ¿Quién es capaz de decir lo contrario? (todo sabemos lo que pasó con Eulogio Del Pino y con Nelson Martínez, uno muerto y otro "prevenido") ¡Delcy sabe en el fondo, a pesar de los halagos, que nadie es indispensable!, ¡son asuntos del poder!, y si se debe y se puede, se hace cualquier "sacrificio". Es decir, no hay aplauso que le impida a Maduro poner preso a un ministro, así sea el ministro de la defensa, si la "patria lo reclama", y ya todos sabemos dónde está la patria ahora, quién tiene la bolita.

Aquí hay que hacerle un homenaje a Nietzsche, quién fue el primero en advertir sobre los valores del mundo moderno y de sus ídolos, cuando el discurso se despliega con todas sus verdades: patria, democracia, libertad, igualdad, civilización, progreso, tolerancia, etc., hay que entenderlas a la inversa, es su "transvaloración". Lo mismo pasa con Maduro, cuando afirma algo hay que pensar en su contrario, es un "acto fallido", es impudicia, descaro, cinismo. Cuándo Maduro halaga a alguien lo raya, lo parte en pedacitos, de forma casi irreparable, de ahí la infinita fidelidad "escrapulosa" de Mario Silva a Maduro, a Diosdado…, el miedo que tiene de que lo metan en una mazmorra y se olviden de él.



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Marcos Luna


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