José Vicente Rangel: "Actitud de Iván Duque… buscaría encubrir la grave situación en Colombia" ¿Y la de Maduro?

Si con Chávez dimos un paso al frente en favor de la verdad, con maduro retrocedimos cuatro. Podemos decir que Maduro y su gobierno han sido unos mentirosos; lo más probable, desde mucho antes de morir Chávez. Llevan consigo la disposición a la mentira. Pero el daño verdadero lo hicieron cuando sujetaron íntegramente la opinión pública a la mentira. Los medios del Estado, los cuales han debido conservar una conducta revolucionaria, obligándose a los debates políticos y críticos en favor de la verdad, fueron degradados a simples "agencias de publicidad" y a medios distractores de esa verdad. Con la excusa de equilibrar la información sesgada de la derecha ellos también tuercen la suya, o la esconden, en razón a la emergencia de ser un país acosado por la derecha. En esta "guerra" de informaciones nada decentes, la primera víctima ha sido la verdad. El gobierno terminó de entregar el país a la "restauración", mediante el uso de la mentira y la distracción, ¡tal y como mienten y distraen los medios de la derecha, no hay ninguna diferencia! Y lo hizo frente a nuestras narices, y lo hace frente a todos, al tiempo que "anima" a un ambiente de guerra junto a sus colegas contrarios suramericanos.

Hoy hay un titular en la prensa que dice: "José Vicente Rangel: Actitud de Iván Duque contra Venezuela buscaría encubrir la grave situación interna que atraviesa Colombia". Así empieza el encantamiento de la mentira, con las noticias más mediáticas. José Vicente Rangel tiene la perspicacia de notar el juego de distracción de Duque para que su gente voltee la mirada a los problemas migratorios y políticos de Venezuela, al ambiente de guerra que se respira hoy en nuestro país, y olvidarse de sus propias desgracias, pero el periodista no dice nada más, como si Maduro mantuviera una política interior coherente con ese ambiente de "defensa nacional", "patriótico". Y no es así: la observación de José Vicente también es válida a la vez para Maduro y su gente, quien se contradice cuando denuncia las amenazas que vienen de Colombia al tiempo que (a lo interno) somete el país a políticas de corte neoliberal, despiadadas y crueles, y a una creciente presión y represión sobre quienes protestan y lo adversan. En JV muere la verdad cuando acentúa un hecho para ocultar otro, un hecho hasta ahora, puramente mediático, y oculta un resto de sucesos reales e impúdicos.

Sin embargo JV, a propósito de la muerte de Nelson Martínez, ex ministro del gobierno de Maduro, no ha dicho nada, este otrora adalid de los derechos humanos, como tampoco lo ha hecho Eleazar Díaz Rangel en su columna semanal, ni siquiera en sus "Breves". Y este es un hecho de relevancia, notorio, si consideramos que fueron conocidas y denunciadas las circunstancias mediáticas y políticas en las cuales el ex ministro fue puesto preso, su conexión con otros los gerentes presos de la industria petrolera y todas las denuncias hechas por Rafael Ramírez de violaciones, persecuciones y la privatización de PDVSA. Un caso de violación de los derechos humanos que se le escapa a JVR y a EDR.

Es un caso real pero complicado, no nada más mediático, la caída de la producción petrolera después de la muerte de Chávez y la salida de la dirección de la industria de Rafael Ramírez y su equipo principal de gerentes. La crisis provocada por el desacierto que significó abandonar el plan político y económico de Chávez y sustituirlo por políticas francamente torpes, neoliberales, insistentemente, de manera reiterativa, a pesar del franco fracaso que ellas han significado para el país y para toda la población, es un suceso muy real y dramático, pero, como nos hemos acostumbrado a vivir en este estado de escases y angustia, no resulta tan mediático e impactante como la guerra, que nos distrae del hambre.

No faltará quien defienda el hecho de que si se hubiesen aplicados las verdaderas recetas del FMI o lo que manda la lógica del mercado, ya se hubiera controlado la hiperinflación y todos estaríamos felices. Pero esa es otra mentira, serían felices algunos grandes empresarios y muchos oportunistas, pero el país más necesitado estaría igual que hoy o peor; nuestra principal industria estaría privatizada y el Arco Minero seguiría en manos de los capitalistas del mundo; las protestas se multiplicarían y la represión también, implantándose la misma dictadura de derecha de siempre.

Esta realidad se oculta, colocando delante un conflicto bélico casi que inminente, sin embargo sigue siendo una guerra de declaraciones, de bravuconadas, para Duque y para Maduro. Lo más terrible de todo esto es que, por cualquier estupidez, cometida por cualquiera de los dos, esta "ladradera" pudiera desembocar en una verdadera guerra con tiros, bombas, sangre, odios y muertos, donde los caídos estarían en el mismo lado de siempre, el de los pendejos, que morirán en nombre de la "Patria", la patria de unos cuantos ricos y de sus consabidos oportunistas.

Y aquí volvemos a la contradicción. Tratar de levantar la moral nacional de una población que pasa trabajo y necesidades, en franco conflicto con el gobierno y sus políticas. Icluidas las comunidades indígenas. Esa "tesis" del "fraccionamiento de país", por intereses extraños y colonialistas los cuales manipulan a nuestros indígenas se cae por su propio peso, desde que el mismo momrnto que el gobierno entrega 110 mil kilómetros cuadrados a trasnacionales en el Arco Minero… ¿Qué diferencia puede haber en que nuestras reservas naturales sean explotadas por los pemones "manipulados" a que sean asoladas por empresas como Barrick Gold, Gold Reserve, o los chinos, etc., algunas de ellas con verdaderos "prontuarios" de muerte?

Mientras el gobierno atienda a los canadienses, gringos, chinos y turcos dándoles todo y de todo en el Arco y se desentienda de los "pueblos originarios", tendrán a este pueblo "explotando" o trabajando las tierras sagradas de la manera que sea y como puedan; no va ser las peticiones hipócritas y pedantes de una periodista tonta las que les impidan hacer minería. ¡Eso solo lo puede evitar el gobierno!, pero ¡Claro! ¡sin acribillarlos o lanzarlos de sus territorios originales!, más bien protegiéndolos y atendiendo todas sus necesidades de forma racional, inteligente, humana, ¡socialista!.

El problema no está en que Maduro y su gobierno mientan (o sean mentirosos), son las consecuencias que acarrean ellas a la sociedad. El problema está en que ellos, después de la muerte de Chávez, han hecho de la mentira una forma cotidiana de vida y un estado de "falsa consciencia" sostenido y colectiva, de alienación, sin sumarle a esto el silencio que guarda el gobierno frente a la crítica y a las voces de protestas y rechazo a sus políticas desesperadas e improvisadas, otra forma de mentir.



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Marcos Luna


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