La carne de Maduro

El presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, fue invitado por un chef turco, que hasta hace tres días la mayoría de los habitantes de la patria de Bolívar no conocíamos pero que al instante estábamos dispuestos a discutir con quien quisiera los detalles mas íntimos de la historia del personaje en cuestión, a degustar una parrilla preparada en su honor.

No es la parrilla argentina que conocemos, ni tampoco la criolla, con morcilla y chorizo carupanero; no, esta no lleva bollitos de maíz, ni guasacaca, ni yuca, ni pico e gallo; ni mucho menos ensalada rallada de repollo con zanahoria y mayonesa.

No que va, esta es una vaina deliciosamente exquisita, según cuentan los conocedores de las artes culinarias; tan exquisita es la vaina que un Venezolano común y corriente debería vender como mínimo un riñón para comprar tan delicioso majar; a pesar de esto me da la ligera impresión de que más de un nacional como que ha comido ahí o en alguno de los restaurantes del tipo en cuestión.

El punto es que se armó las de san Quintín porque el presidente comió parrilla en Turquía, miles de mezquinas opiniones y criticas salieron a diestra y siniestra; que bolas tiene Maduro, comiendo carne cuando aquí desde que Macri llegó a Argentina no hubo manera de continuar trayendo carne para Mercal (porque los ganaderos de aquí como que se están comiendo sus vacas con todo y cuero o, por lo que parece, no queda ni una vaquita en nuestra patria).

Que bolas tiene Mauro, que sabiendo que desde que Temer se adueñó de Brasil desapareció la posibilidad de traer aquellos gigantescos pollos brasileños que parecían enrazados con patos o avestruces, va a salir degustando un muslo con cuadril y todo (porque aquí los avícolas hasta las plumas están tragándose ¿O será que ya no queda un pollito en el país?)

Y eso que en el video no se ve como comieron de entrada huevos de codorniz con salsa rosada y seguramente un huevo de gallina sancochado con su puntico de sal, sabiendo que aquí hay que dejar de pagar el alquiler para comerse un huevo (o como dirían Capriles y Charlie Mata: cada día es más difícil meterse un huevo en este país).

Un escándalo mediático que nos hizo ver, una vez más, que somos lo que leemos y lo que nos mandan vía redes sociales, la juventud escandalizada ante la opulencia de la escena donde se ve por lo menos medio kilo de carne para dos personas o quizás un poco más, mientras aquí las cajas clap (que es lo más barato y fácil de comprar) están repletas de lentejas…

Carne por cierto cortada de una manera extraña por un tipo que resultó ser el propio chef y dueño de la vaina, pero que tiene una pinta de depravado sexual o de asesino serial como mínimo (quien sabe qué tipo de carne comió nuestro presidente en el local en cuestión).

La oposición sin propuestas lanzó el ataque, pues para ser sinceros, no es momento para ver ese tipo de espectáculos; sabemos que los presidentes almuerzan y cenan todos los días y que los invitan en miles de sitios y que reciben regalos de todo tipo y esas cosas; pero se ve chocante una escena de tal proporción cuando mucha gente no tiene como comerse un pedazo de mortadela.

Pero de ahí a pretender hacer una tragedia de la carne de Maduro la vaina es otra; aquí en vez de arrecharse por la parrilla que comió el presidente con su señora esposa, valido es arrecharse con quienes nos niegan la carne a los venezolanos, quienes bloquean los ingresos de alimentos, y medicinas, quienes impiden la libre negociación de bienes y servicios que naturales o el estado quisieran hacer con nacionales de otros países.

Ante esto, la juventud está atrapada entre un gobierno que trata de hacer lo imposible para salir del atolladero (pero es el culpable de todos sus males) y una oposición que impide toda acción a favor del pueblo (pero que son la esperanza del cambio político que aspiran) ¿Por qué pasa eso? Porque son esclavos del facebook, twitter, whatsapp y las redes sociales que la mediática mundial maneja para alienar cerebros inmaduros o en procesos de formación.

"No piense, nosotros lo hacemos por usted" ese lema no es nuevo, es de los inicios de la televisión alienante, la que dejó de ser un espectáculo para traer a nuestras casa el "periodismo de opinión" que venía (y viene) de la mano de intereses económicos o políticos de grupos bien establecidos e interesados.

La juventud actual siente el frio (quizás no en el estomago sino en el alma que es igual de peligroso) sienten que al gobierno le falta calor humano para entenderlos y atenderlos, y ven como los ministros y altos representantes de gobierno andan gorditos y bien vestidos exigiendo sacrificio y paciencia, pero que la mayoría (no nos caigamos a embustes), la mayoría de ellos son ineficientes y hasta enemigos solapados del socialismo que intentó traernos el comandante Hugo Chávez.

La juventud actual siente hambre; tienen hambre de satisfacer sus ilusiones, cada día más lejanas e imposibles en el sistema económico que tenemos, donde sólo tienen sus necesidades "cubridas" al mejor estilo cuarto republicano los hijos de los jerarcas del gobierno y los hijos de los empresarios; eso no es mentira, las oportunidades escasean.

Muchos jóvenes se sienten fuera de lugar, muchos se angustian pensando que hice para merecer esto, muchos amando a su país se preguntan en momentos de angustia ¿Por qué no nací en un sitio más civilizado?

No podemos culparlos, debemos explicarles, pero para eso el único medio de comunicación que tenemos son las mismas redes sociales que les quitan la conciencia y le desdibujan la realidad.

Algunos aseguran que los presidentes no camina a su lado, o por lo menos no Maduro, pero como culparlos si algo de verdad hay en su queja.

Nosotros, los no jóvenes, vivimos lo mismo que ellos padecen y mas, sólo que como no teníamos la invasión de las redes sociales el gobierno como que se nos ponía tan lejano que no era un limitante de nuestras aspiraciones personales y nos poníamos los cojones apretados y enfrentábamos lo que fuera para lograr nuestros propósitos. No teníamos entre nuestro día a día a "este gobierno coño e su madre que no nos deja hacer.." ni entre nuestro pensamiento diario estaba " Presidente coño e tu madre!!" cada vez que nos dábamos un coñazo en una uña o no encontrábamos cupo en la universidad o trabajo…nuestra mente estaba en seguir pateando la calle, seguir resolviendo y triunfar en contra de un sistema que era una barrera dura de traspasar y que no fue fácil medio conseguir algo.

Eso lo sabemos nosotros pero esta generación de hace treinta años para acá no tienen ni idea y no quieren mirar atrás, sólo "saben que" el presidente de la Republica no los deja vivir en paz y ser felices, eso les vendieron, eso asimilaron y ahí están encasillados.

Sienten que la carne que comió Maduro la deberíamos poder comer todos los venezolanos, yo también habría querido meterme las peas que se metió el difunto Jaime Lusinchi pero me enteré de esoósolo después que dejó el gobierno y la maquinaria periodística le quitó el manto de la inmunidad presidencial; o los banquetes que se metía Carlos Andrés Pérez tanto aquí en el país como en sus múltiples viajes (en la época donde el hambre y el desempleo tenían cifras que están fuera del alcance de la imaginación de los jóvenes de hoy)

Para que todos podamos comernos la carne que comió Maduro y tomarnos los whiskys que tomó Lusinchi y disfrutar de los banquetes que disfrutó CAP y que disfrutan Lorenzo Mendoza, María Corina, Ledezma, Julio Borges y tantos y tantos; para eso no basta una acción de gobierno, para eso hace falta voluntad de superación conjunta, que los empresarios y el gobierno caminen al mismo paso y en la misma dirección y que los treinta y pico de millones de venezolanos dejemos de jodernos los unos a los otros.

Y que la juventud se embraguete, estudie, se supere y ponga su empeño en trabajar para ayudar resolver los peos que tenemos y no escaparse del país hasta que los que quedamos aquí (sus padres y abuelos) resolvamos lo que los motivo a irse y entonces puedan regresar a la casa limpia y arregladita, o quedarse aquí quejándose de que el presidente coño e su madre no los deja ser…



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Oscar Jiménez


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