De la violencia y la esperanza

"La historia demuestra que los sueños reformistas se pagan caros." La frase es de Ted Grant, el marxista inglés, referida al talante conciliatorio con los ricos y poderos del reformismo, en momentos de crisis, cuando se ven amenazados los "sueños reformistas" por la violencia reaccionaria, la conspiración, la "guerra sin cuartel". En nuestro caso, hoy vivimos la etapa conciliadora y la respuesta fuerte y franca de la derecha con su conspiración. Mientras tanto el gobierno está entregando TODO: el Arco minero, la Faja del Orinoco, la soberanía sobre nuestra industria petrolera, nuestro territorio. Lo que es peor, el gobierno concede nuestra autoridad sobre los asuntos judiciales que nos competen, frente a las trasnacionales, fuera del marco de nuestras leyes, de nuestra Constitución, ante jueces extranjeros, llamados internacionales, algo a lo que se opuso tajantemente Hugo Chávez (Chávez ordenó el retiro de nuestro país del CIADI "Centro Internacional de Arreglos de Diferencias Relativas a Inversiones" así como de la OEA).

El gobierno se empeña en apartar de la lucha a los trabajadores y al pueblo chavista; quiere, en nombre de la paz, atar de manos a las masas hambrientas y explotadas, mientras acuerda con la burguesía el método más adecuado para sostenerse en su lado del poder sin apelar a la violencia, a la manipulación de las masas. En el medio de esta manipulación yace el fantasma de la guerra civil, una guerra que se daría sin una pisca de consciencia de clases, una guerra donde todos pierden y siempre ganan los capitalistas, sin motivaciones sociales reales, bandos enfrentados por líderes irresponsables, indiferenciados ideológicamente, manipulados mediante la propaganda, el chantaje y muchas mentiras.

La violencia es inevitable en una revolución, no porque ese sea un objetivo revolucionario, sino porque los ricos expropiadores no entregan el poder por las buenas, espontáneamente, porque mediante la violencia (su violencia) no permitirá jamás ser desplazada. No hay constitución y ley que los detenga.

Cita Ted Grant, en su prólogo al Estado y la Revolución: "Solón el Grande… dijo lo siguiente ´La ley es como una telaraña: los pequeños quedan atrapados, y los grandes la rompen a pedazos´". En nuestro caso "los pequeños" están representados por el gobierno reformista de Maduro el cual respeta la ley (y modifica la ley, solo para no tener que violarla), ha quedado atrapada en ella. Por el respeto a la ley burguesa el gobierno de Maduro se ha visto obligado con la gran propiedad privada, banqueros y terratenientes; ha devuelto confiscaciones a Polar, latifundios, quebrado a PDVSA y empresas socialistas, perdonado a banqueros y bancos, pagado indemnizaciones ilegítimas a Gold Reserve, cedido negocios a grandes consorcios extranjeros con prontuarios de depredadores y asesinos (Barrick Gold); también ha liberado a conspiradores de la derecha fascista, perdonado crímenes de lesa humanidad y de lesa revolución.

Pero los grandes, los grandes empresarios capitalistas, pueden contrabandear y esconder sus producciones, deciden todo respecto a sus negocios dentro y fuera de la ley, capturan la renta petrolera y la usan impunemente en contra del mismo gobierno reformista. El peso de la ley solo llega hasta miserables gerentuchos, mientras los grandes se sientan con Maduro para decirle a éste cómo se deben hacer las cosas.

Las masas dominadas por hambre y las necesidades ahora viven de la esperanza. El lado malo de la esperanza está en que desfasa al ser de su presente, lo distrae de su presente. El mito dice que la esperanza quedó dentro de la caja de Pandora, no cayó sobre los hombres, sin embargo era un mal, un mal que engaña, que distrae, que nos hace perder las perspectivas. El gobierno aguanta al chavismo y al pueblo en general, embobados, cambiándole soluciones por esperanzas vanas, promesas.

El lado bueno de la esperanza está en la lucha, en la acción sostenida para alcanzar objetivos, no se puede esperar nada de lo que no podemos conquistar por nuestro esfuerzo. Pero el gobierno mantiene esperanzados a todos sobre la base de una mentira, de una sombra, demagogia que promete lo mismo que el capitalismo con el cuento de la mano invisible del mercado, o sea, nada.

Se nos vienen tiempos azarosos y funestos para todos, para el país, para este gobierno pusilánime y torpe, para la masa confundida y profundamente herida. Del legado de Chávez solo queda nostalgia y muchos líderes amedrentados o comprados. La restauración espera por Maduro. Por eso decimos con Ted Grant "La historia demuestra que los sueños reformistas se pagan caros." Ojalá que el desenlace deje espacio para que el espíritu del Chávez marxista, bolivariano y socialista vuelva, sin complejos, más consciente y decidido que nunca. También la esperanza es lo último que se pierde.

29/08/2018



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Marcos Luna


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