¿La historia absolverá a la Constituyente?

La Constituyente es una institución para la discusión, la fundación de los asuntos del Estado, de la sociedad; es un parla-mento, un sitio para intercambiar palabras, ideas, un palabra-mento. No se concibe un parlamento sin discusión. Así ha sido desde lo profundo de la historia, desde el consejo de ancianos, desde el Senado Romano, la Convención de la Revolución Francesa, hasta la Constituyente de Chávez, la del 99. Los parlamentos se destacan por sus discursos históricos, sus polémicas, sus decisiones que cambian rumbos.

La constituyente de hoy, que reúne a medio millar de constituyentes escogidos, se supone, entre lo mejor de los afines al gobierno, tiene poder por encima de todos los poderes, esto le da una fuerza única en la sociedad, y simultáneamente significa un reto histórico, debe cambiar la vida de la sociedad, debe ser un momento de inflexión social, un alto en el camino, un repensar el rumbo, un recomenzar con nuevos objetivos y nuevos bríos, debe ser consciencia, guardián y escudo de la sociedad. Su actividad hasta ahora ha sido gris, justo es decirlo, sus discusiones no son memorables, sus decisiones favorecen a los capitalistas y a las exigencias tácticas del gobierno.

Son escasos los constituyentes que hablan, en las escasas plenarias, no se conoce la nueva Constitución que cocinan en escritorios escondidos. No se percibe la urgencia de sustituir la Constitución del 99, la de Chávez.
Los constituyentes estaban cómodos, aprobaban lo que "bajaba" de Miraflores, oían a los pocos oradores a los que les estaba permitido hablar, aplaudían, levantaban la mano, y hasta allí el compromiso. Pero la vida es caprichosa, a veces coloca a los hombres en posiciones históricas cuando no lo esperaban.

La calma duró poco, la crisis del país se profundiza por horas, no es posible callar, no es posible ignorarla. Algunos constituyentes reconocen la crisis y tímidamente escriben pidiendo soluciones. No obstante la Constituyente, la institución, está ajena al torbellino que acaece en la sociedad.

El gobierno ha tomado unas medidas económicas que según todos los entendidos, de todos los signos, le auguran un fracaso rotundo, sólo la estrecha cúpula las defienden. Las masas no tienen confianza, las colas se redoblaron, la confusión reina en Venezuela, el dólar sigue indócil, arisco. Este nuevo fracaso del gobierno nos sumiría en una verdadera hecatombe social. El peligro que corre esta sociedad es inédito en su historia.

Es así, la Constituyente vive un dilema, o sigue cómoda, tranquila en su función de apéndice del gobierno, sin actuar más que para aprobar, y de esta manera no ayudar nadie, ni al gobierno, ni al país. O allí adentro de la Constituyente aparecen las voces valientes que le hablen claro al país y al gobierno, pidan la palabra, la arrebatan si es preciso, rompan con la disciplina castrante, con la lealtad boba, y marquen un cambio de rumbo, se ponen al lado de una verdadera rectificación. En estos momentos la derecha externa se reacomoda, prepara un zarpazo, sus líderes lo anuncian con descaro. El fascismo asoma sus colmillos en el horizonte cercano. El tiempo de la Constituyente se agota, es el momento de decidir si pasa a la historia como la Constituyente boba, o la Historia la absolverá...



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Toby Valderrama Antonio Aponte

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