¿Quién acusa a Luis Martínez Rico?

En el régimen fascista la masa no piensa, se excita. Dice Hitler, en Mi Lucha "La mentalidad del pueblo no ha sido nunca otra cosa que la manifestación de lo que se ha hecho ingerir a la opinión pública". A todos se les ha hecho ingerir odio por la inteligencia, por lo que todos desconocen. No es lo complicado o complejo aquello que produce esa pasión por el presidente o por su gobierno, son ideas simples, fáciles de asimilar, entran directo a la sangre, como el odio.

El modelo más parecido de simpleza intelectual es el fanático, o el fanatismo, para ser más preciso. Y es que ahora ser fanático se entiende como "simpatizar con"; hablamos más bien de su acepción de "exaltado", de "irracional".

¿Quién de los que hoy escriben en contra de Rafael Ramírez lo conoce lo suficiente como para odiarlo? Creo que ninguno, pero igual se ensañan en su contra con odio, y el odio es el reverso del miedo, en casi todos los casos. El gobierno de Maduro ha desatado una campaña solapada, "sin querer queriendo", en contra de Rafael Ramírez desde antes de que escribiera su columna semanal, le tienen miedo (por denunciar la privatización de PDVSA, la incapacidad y la torpeza). Y ese miedo, transformado en acusaciones y calificaciones sin pruebas, sin una razón meditada para armar la calumnia, solo se sustenta en la reiteración, en repetir la mentira, o la duda sobre su honestidad, una y otra vez hasta que se haga un dogma, se trata del modelo goebbelsiano; y caemos de nuevo en el terreno del fascismo.

Diosdado Cabello alude al ex ministro sin atreverse a nombrarlo, su excusa es el desprecio que manifiesta hacia su persona. Maduro, tampoco lo hace: no lo nombran nunca, porque de nombrarlo deben acusarlo con pruebas concretas y esperar la defensa, sobre estas pruebas, de Ramírez, lo que jamás va suceder. Más fácil es decir que Ramírez conspira con los Estados Unidos, y así se evitan quedar expuestos; más efectivo es sembrar la duda sobre a honradez del señor, mintiendo de una forma exagerada, insólita. Porque así, como es de insólita la mentira, es mucho más fácil de creer, porque la masa cree en lo que desea creer sembrado como amor y odio en su corazón, eso que anda en el ambiente y que hunde en la porquería a todos por igual; no hay consuelo para nadie, o todos somos culpables o todos somos inocentes, es fácil creer en eso. Y aquí tocamos otro punto importante de las practicas fascistas para el control de las masas: ¡psicología de masas pues!, se trata de las grandes mentiras, de esas que enlodan a las persona honestas, que invierten los valores hasta confundirse el bien con el mal.

Es el caso de Luis Martínez Rico. Si de algo se lo puede acusar (nosotros lo conocimos un poco, unos años, como médico, jefe de Salud) es de ser demasiado leal al gobierno de Maduro y al partido de Maduro, de creer en el partido y en sus prácticas, y esto no es nada por lo cual se lo pueda llevar preso y secuestrarlo, por lo menos en este gobierno. A Luis Martínez, el médico que conocí, se lo quiere relacionar con el atentado al gobierno, no de cualquier cosa, de ser terrorista o cómplice de terroristas. Sin embargo si fuera por actos de corrupción habría mucha gente que no se ocuparía del delito o simplemente no se interesaría en la acusación, tuvo que ser por un motivo insólito, ¡digno de ser creído!, por lo "extraño" que es, "Tiene que ser verdad, porque ¡nadie va inventar una cosa como esa!", suele decir el "sentido común", en nuestra sociedad. Y más, si la acusación viene refrendada por la "inteligencia social", y por una de sus más conspicuas representantes.

Pareciera que se jodió Luis Martínez, cayó en desgracia de la comandante. Ese es el método fascista, no necesita juicio, no necesita pruebas, no necesita procedimientos ni respetar ninguna Constitución; se impone sobre todo "la gravedad del asunto".

Lo curioso es que hasta los intelectuales más sensibles a la injusticia, ¡claro!, cuando se trata de gente "claramente" victima, mundialmente reconocida como víctimas, hoy no son capaces de ocupar un espacio de sus reflexiones, en señalar o denunciar estos atropellos a los debidos procedimientos y derechos de todos los ciudadanos. Para ellos, por sobre el respeto a los derechos ciudadanos manda la gravedad de la acusación. Si lo hubiesen acusado a Luis de robarse la caja chica de su dirección en la gobernación o alcaldía de Mérida, quizás alguno de los intelectuales que todos conocemos ya hubiera publicado una nota de protesta. Pero se lo acusa de cómplice del atentado. Y ¡Zas!, ¡Cómplice de magnicidio! nuestros intelectuales pierden la sindéresis y se les sale el magallanero o caraquista, el "exaltado" que tienen por dentro. Hacen gala de erudita sapiencia respecto al tema de los atentados y magnicidios y se retiran a la chimenea, digo a las laptops a twitear, a provechar las nuevas tecnologías a favor de la cultura.

Hay un camarada revolucionario preso, acusado de cómplice en el despreciable atentado, que hoy comienza a parecerse al bolso de Mary Poppins. Hay que llamar la atención de todos sobre la vida de Luis Martínez Rico, porque creemos que no lo van a soltar tan fácilmente, pues quieren involucrar a todos los chavistas, los de temer y opositores a los planes del gobierno, con el ataque de los drones. El gobierno tiene mucho miedo de no pasar esta última prueba (el plan de recuperación económica), y muchos que nos oponemos a ella (a las privatización de PDVSA, a las inversiones extranjeras, a la entrega del Arco Minero, 110.000, km2) a este experimento capitalista "original", corremos el riesgo de ser igualmente arrestados sin otro motivo que no sea ser críticos y opositores a los disparates, acusados por la masa fanática, exaltada y dirigida por el más vil resentimiento.

¡Viva Chávez! ¡No al fascismo! ¡Que se respeta la Constitución de Chávez! ¡No al sacrificio de los pobres!



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Marcos Luna


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