Historia Viva

Violencia política 1964, 1976, 2018

Cuando el 25 de julio se conmemoran 42 años del asesinato de Jorge Rodríguez padre y 54 años de los asesinatos comprobados de Víctor Ramón Soto Rojas y Heriberto Cartagena, esas muertes que definimos como parte del cuadro de violencia política en los 60 y los 70 constituyen solo muestras de lo que ocurría en Venezuela durante los 40 años de Puntofijismo. Enamnuell Wallestein señala al referirse a la violencia del estado señala: "el instinto inicial es utilizar la fuerza del Estado para reprimir al grupo que se levante. Y es común que al principio esto funcione. Los estados cuentan, con mucho, con gran cantidad de fuerza a su disposición y rara vez son renuentes en utilizarla para mantener el orden del Estado.

Si aguzamos la crítica a esa hipótesis de Wallestein podemos señalar que en estos casos no se trato de "instinto inicial"porque en sus discursos y en la acción la alta dirigencia de AD y COPEY privilegiaba el lenguaje sistemático del exterminio a toda rebeldía. Quizás el instinto criminal del Comandante del Teatro de Operaciones de El Guapo el 27 de julio de 1964, el Teniente Coronel Víctor Molina Vargas, se puso a prueba cuando ordenó al Teniente Simón Tagliaferro de Lima (hoy General de División retirado) y al teniente Edgar Rainiero Pérez Figueroa llevar a Soto Rojas y a Cartagena hasta un lugar apartado de El Bachiller para fusilarlos y dejar limpia sus manos de un crimen. En 2013 el General Tagliaferro cumplió la orden de presentación ante la Fiscalía para defenderse, solo que no ha procedido el seguimiento del proceso penal iniciado ese año, extrañamente.

Igual en el caso de Jorge Rodríguez, con todos las evidencia recogidas, el expresidente Carlos Andrés Pérez se lavó las manos aduciendo que los criminales fueron tales y cuáles y que recibieron el respetivo castigo. En esos términos cínicos, sin asumir responsabilidades ni mucho menos pedir perdón a los familiares por los graves hechos de lesa humanidad que se repitieron miles de veces durante ese período, no eran actos de "instinto inicial"sino que se correspondían con un sistema de autoridad y fuerza desproporcional en la administración de la violencia mediante doctrinas, manuales y procedimientos predeterminados que eran políticas de un sistema de gobierno y no de"instintos"y tampoco fueron "renuentes en utilizarla para mantener el orden del Estado" como lo señala Wallerstein.

Si revisamos la historia en retrospectiva, Antonio Ledezma que es uno de los"redivivos"del Puntofijismo en Venezuela, no ha cambiado ese discurso primero de Betancourt luego de Leoni y al calco y práctica de Carlos Andrés Pérez. Ledezma y su grupo sigue en esa doctrina y sigue siendo un alto riesgo para el estado venezolano actual, ante la agresión multifactorial que cuenta con factores internos arteros que desde dentro del Estado pueden implotar la Revolución Bolivariana, mediante la corrupción, el clientelismo, la inactividad, descomposición ética y moral que resulta un puñal en el alma del pueblo venezolano, pero que tal y como esta advertido pueden ser neutralizados.



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Aldemaro Barrios


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