Un ser mortal con un exquisito toque mágico (XV)

Simón Bolívar, nuestro Libertador, era un poeta innato, tenía una extraordinaria capacidad literaria, y así lo demuestra con su prosa titulada, Mi delirio sobre el Chimborazo, un hombre con un toque mágico, un toque que el creador le regaló y que él supo muy bien aprovechar, sin mayor espaviento, y si con una hidalguía que bien quisiera tener para la época, y ahora mismo, el más brillante de nuestros escritores contemporáneos, nacionales o de cualquier parte del mundo. Para poder observar a fondo su profundidad poética, aquí se cita los 3 últimos fragmentos de aquel escrito, que con una extraordinaria riqueza expresiva se podría suponer es obra de un versado literato: "Sobrecogido de un sagrado terror. ¿Cómo, ¡Oh! tiempo, –respondí– no ha de desvanecerse el mísero mortal que ha subido tan alto? He pasado a todos los hombres en fortuna, porque me he elevado sobre la cabeza de todos. Yo domino el Universo con mis plantas, toco al Eterno con mis manos, siento las prisiones infernales bullir bajo mis pasos, estoy mirando de una guiñada los rutilantes astros, los soles infinitos, he visto sin asombro el espacio que encierra la materia; y en tu rostro leo la Historia de lo pasado y los libros del destino. Observa –me dijo–, aprende, conserva en tu mente lo que has visto, dibuja a los ojos de tus semejantes el cuadro del Universo físico, del Universo moral; no escondas los secretos que el cielo te ha revelado: di la verdad a los hombres. El fantasma desapareció. Absorto, yerto, por decirlo así, quedé exánime largo tiempo tendido sobre aquel inmenso diamante que me servía de lecho. Al fin, la tremenda voz de Colombia me grita: resucito, me siento, abro con mis propias manos mis pesados párpados, vuelvo a ser hombre, y escribo mi delirio" Ahora sigamos con el Discurso de Angostura, redactado por el genio, nuestro genio, paisano nuestro, nuestro Libertador Simón Bolívar.

"Debemos confesarlo: los más de los hombres desconocen sus verdaderos intereses, y constantemente procuran asaltarlo en las manos de sus depositarios: el individuo pugna contra la masa y la masa contra la autoridad, por tanto, es preciso que en todos los Gobiernos exista un cuerpo neutro que se ponga siempre de parte del ofendido, y desarme al ofensor. Los sucesores al Senado llaman la primera atención del Gobierno, que debe educarlo en un colegio especialmente destinado para instruir aquellos tutores y Legisladores futuros de la Patria. Aprenderían las artes, las ciencias, y las letras que adornan el espíritu de un hombre público: desde su infancia ellos sabrían a que carrera la Providencia los destinaba, y desde muy tiernos elevarían su alma a la dignidad que los espera. Es un oficio para cual se deben preparar los candidatos; y es un oficio que exige mucho saber y los medios proporcionados para adquirir su instrucción. Todo no se debe dejar al acaso y a la ventura en las elecciones, el pueblo se engaña más fácilmente que la naturaleza perfeccionada por el arte; y aunque es verdad que estos senadores no saldrían del seno de las virtudes, también es verdad que saldrían del seno de una educación ilustrada. Por otra parte los Libertadores de Venezuela son acreedores a ocupar siempre un alto rango en la República que les debe su existencia.

Creo que la posteridad vería con sentimiento anonadados los nombres ilustres de sus primeros bienhechores, digo más, es del interés público, es de la gratitud de Venezuela, es del honor Nacional conservar con gloria hasta la última posteridad una raza de hombres virtuosos, prudentes, y esforzados que superando todos los obstáculos, han fundado la República a costa de los más heroicos sacrificios. Y si el Pueblo de Venezuela no aplaude la elevación de sus bienhechores, es indigno de ser Libre, y no lo será jamás. Ningún estímulo podrá adulterar un cuerpo legislativo investido de los primeros honores, dependiente de sí mismo sin temer nada del Pueblo, ni esperar nada del Gobierno: que no tiene otro objeto que el de reprimir todo principio de mal, y propagar todo principio de bien; y que está altamente interesado en la existencia de una Sociedad en la cual participa de sus efectos funestos o favorables"



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José M. Ameliach N.


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